El acuerdo de principios alcanzado entre Estados Unidos e Irán descansa sobre dos pilares de seguridad inmediata: el mantenimiento de un alto al fuego y la reapertura del Estrecho de Ormuz, arteria vital del comercio energético global. Sobre esta base, ambas partes se han otorgado un plazo de dos meses para negociar las cuestiones técnicas del Memorándum de Entendimiento (MoU), un instrumento jurídico-diplomático de naturaleza pre-vinculante que establece principios y parámetros generales sin comprometer aún obligaciones definitivas de fondo. Su valor estratégico reside en unas primeras medidas de construcción de confianza, orientadas a reducir la hostilidad inmediata y crear las condiciones mínimas para que un proceso de mayor profundidad pueda sostenerse.
En este contexto, la ausencia de Israel es un elemento de enorme significación analítica, pues Tel Aviv ha actuado hasta ahora como un spoiler clásico, es decir, un actor que percibe que la paz amenaza sus intereses y que utiliza todos los medios disponibles, desde la presión política hasta la acción militar, para sabotear el proceso. Washington optó conscientemente por una estrategia de sobrepaso a ese actor, asumiendo el coste político de la fractura con su aliado estratégico, pero Israel puede volver a ejercer ese papel perturbador en cualquier momento de los próximos dos meses, especialmente si percibe que los contenidos del acuerdo comprometen de manera irreversible su seguridad regional.













