Nacida por entregas en la revista Hora Cero semanal, la historieta El Eternauta (1957-1959), con dibujos de un joven pero ya experimentado Solano López, conoció el éxito en todos los formatos posibles: revista y álbum, blanco y negro y color, ediciones baratas y otras cuidadas. También le tocó convertirse en botín político, no a causa de sus cualidades artísticas sino del trágico vínculo de su guionista, Héctor Germán Oesterheld, con Montoneros. Por obediencia ideológica, aun quienes nunca en su vida la habían leído afirmaban que era una obra maestra. Un límpido y tardío prólogo del guionista, y aquella frase del “héroe colectivo”, invitaban a leer la obra como alegoría. La insistencia en lo del “héroe colectivo” era un poco absurda, porque en todas las distopías el héroe es colectivo, con excepción de Soy leyenda, de Richard Matheson, cuyo tema es la soledad del héroe.Martín Hadis no se acerca a la historieta por ningún apremio político sino por interés en la ciencia ficción. Ya se había ocupado antes de los dos protagonistas de este libro. Había dedicado un volumen a los ancestros de Borges (Literatos y excéntricos), había estudiado su lápida en el cementerio de Ginebra (Siete guerreros nortumbrios) y fue editor de conferencias de Borges y de un volumen que recoge los recuerdos de su madre, Leonor Acevedo. En cuanto a Oesterheld, Hadis publicó en colaboración con Mariano Chinelli Más allá de Gelo, valiosa antología de los cuentos del guionista.El propósito de este libro es audaz: vincular a Borges con El Eternauta. Recuerdo una sola mención al género de la historieta en la obra de Borges, y es una vaga alusión al Krazy Kat de George Herriman en una crítica de cine. Hadis busca “hermanar” a Borges y a Oesterheld a través de las coincidencias: un colegio en común (el Manuel Belgrano, que los dos frecuentaron brevemente), un antepasado que se pierde en el fondo de los tiempos, cierto lazo familiar con la ciudad de San Nicolás. Hadis suma las lecturas comunes a su colección de coincidencias: Homero, H. G. Wells, Daniel Defoe y H. P. Lovecraft, que gravitaron, afirma el autor, en la construcción de El Eternauta.El especialista en ciencia ficción Pablo Capanna había señalado con agudeza dos influencias fundamentales en la aventura de Juan Salvo: el clásico Amos de títeres, de Robert Heinlein, y una olvidada fantasía del periodista argentino Ignacio Covarrubias, “Saturnino Fernández, héroe”, publicada en la revista Más allá en 1955. En sus páginas, una nevada venenosa caía sobre Buenos Aires. Uno de los descubrimientos de Hadis: Oesterheld y Borges se conocieron en 1967, en los encuentros de la recién inaugurada Sociedad Argentina de ciencia ficción. A partir de ese momento, según el autor, el guionista comenzó a visitar a Borges. Se veían en la Biblioteca Nacional. El libro recoge el testimonio del médico rosarino Fernando de la Riestra, sobrino de Oesterheld. A fines de los 60 era un adolescente que leía con entusiasmo a Borges y visitaba a menudo la casa de Beccar donde vivía la familia de su tío. Al ver el interés del joven lector, Oesterheld lo llevó a conocer a Borges, en compañía de sus hijas.La hipótesis sobre la influencia que habría recibido Borges de Oesterheld es lo más discutible del libro. Hadis cree hallar esa impronta en el guión de la película Invasión (Hugo Santiago, 1969), y en los cuentos “Ulrica”, “El otro” y “Utopía de un hombre que está cansado”. Con respecto a Invasión, Hadis asegura que Oesterheld le enseñó a Borges a escribir una historia de ciencia ficción. La única prueba es el testimonio de Elsa Sánchez, la viuda de Oesterheld: “Lo que pasaba es que Borges quería hacer una novela de ciencia ficción y no le salía como a él. Entonces Borges lo tenía a Héctor de profesor”.Hadis vincula con ingenio “Utopía de un hombre que está cansado” con el comienzo de El Eternauta: en los dos se cruzan hombres de tiempos diferentes. En cambio la supuesta influencia de Oesterheld en “Ulrica” y “El otro” no convence. En “El otro”, un Borges de 70 años se encuentra a su otro yo de 20, un muchacho ingenuo y todavía conmovido por la Revolución Rusa. (Volvería al tema del doble “transtemporal” en “Veinticinco de agosto, 1983”). Pero si se busca un origen para “El otro”, es mucho más razonable pensar en el cuento “Dos imágenes en un estanque”, de Giovanni Papini, a quien Borges leyó, editó y prologó.Testimonio central en el libro es el del escritor y guionista Alfredo J. Grassi, que recuerda la colaboración de Borges con Columba. La editorial de El Tony, D’Artagnan e Intervalo tenía una colección de divulgación, Esquemas, en la que Borges publicó un volumen dedicado al Martín Fierro, un panorama de la literatura inglesa y otro de la norteamericana. De Grassi, Hadis recibe esta revelación: Borges frecuentaba la editorial, participaba de las comidas de camaradería y hasta llegó a publicar historietas en sus revistas. El guionista no confía en el hallazgo de esas páginas: “Lamentablemente no tengo la menor idea de cuáles historietas hizo; al respecto, en la editorial mantenían un secreto absoluto”.Hadis inaugura así un tema original. El testimonio de Grassi podría impulsar la búsqueda de esas conjeturales historietas de Borges, perdidas entre los cientos de páginas que publicaba Columba cada año. Además de los guionistas profesionales (entre ellos Robin Wood, Grassi, Ray Collins), en Columba colaboraron en distintas épocas escritores cuya obra principal estaba fuera de la historieta, como Roger Pla, Osvaldo Lamborghini, Eugenio Mandrini y Eduardo Belgrano Rawson.Aunque por entonces no se conocían, Borges y Oesterheld podrían haber estado muy cerca durante los años 50: los dos aborrecían el peronismo. Pero la década del 70 los encontró en veredas opuestas. Oesterheld se unió a Montoneros. Borges, siempre antiperonista, recibía puntuales amenazas de muerte. Meses antes del golpe, Oesterheld ya estaba en la clandestinidad y dictaba algunos de sus guiones desde teléfonos públicos.Una vez, en la Feria del Libro, le pregunté a Solano López si recordaba la última vez que había visto a Oesterheld. Respondió que había sido en el otoño o el invierno de 1976: “Fue en el tren Mitre. Íbamos parados, charlando, hasta que subió al vagón un conocido mío que trabajaba en un ente oficial. Entonces Oesterheld dejó de hablarme, se hizo anónimo, se disolvió entre la gente”.Borges y El Eternauta. El origen secreto de la gran odisea espacial argentina, Martín Hadis. Claridad, 332 págs.
Oesterheld y Borges: conjeturas sobre un cruce de géneros
Una investigación de Martín Hadis presenta testimonios y aventura hipótesis alrededor de la relación entre el guionista Héctor G. Oesterheld y el autor de El Aleph.














