Irene Roggero sabe que las redes sociales no explican por sí solas la muerte de su hija Rossella. La niña se suicidó con 12 años en enero de 2024. “Y todavía no sabemos por qué”, cuenta por teléfono a La Vanguardia. Lo que ella y su marido sí saben es que “todo fue rapidísimo, en seis meses la perdimos y no había dado señales ni a nosotros ni a la psicóloga que la seguía”.Pero su madre está convencida de que las plataformas desempeñaron un papel en un proceso que se desarrolló con una rapidez devastadora. Por eso ha decidido enfrentarse a gigantes tecnológicos como Meta y TikTok en los tribunales, reclamando que suspendan los perfiles de usuarios cuya edad no haya sido verificada de forma efectiva hasta que existan mecanismos realmente eficaces para proteger a los menores.La batalla judicial podría empezar a aclararse a partir del próximo otoño. Los abogados de las grandes tecnológicas, después de reivindicar los esfuerzos realizados para proteger a los menores, han pedido tiempo al Tribunal de Milán para estudiar la documentación presentada por la familia y por las asociaciones que respaldan la iniciativa.Irene Roggero sostiene un móvil que muestra una imagen de su hija REUTERS/Claudia GrecoREUTERSTras la muerte de su hija, Irene y su marido se lanzaron a buscar respuestas. En el teléfono y el ordenador de Rossella encontraron contenidos que les inquietaron. “Elementos que reforzaban sus pulsiones pesimistas y depresivas. Ella no estaba manipulada, tenía sus propias ideas y por eso no creo en la instigación, pero sí creo que desempeñaron un papel, hicieron más fácil este proceso”.“Rossella buscaba tristeza y el algoritmo le devolvía más tristeza, hasta encerrarla en una jaula emocional”La madre vuelve una y otra vez a la misma idea. No tuvieron tiempo de reaccionar. “Rossella dormía por la noche, comía con normalidad, no perdía peso, veía a sus amigos”. Sin embargo, durante aquellos seis meses fue construyendo un pensamiento que acabó llevándola al suicidio sin aislarse del mundo exterior.Y, sin embargo, existía otro mundo. En el móvil, los padres encontraron reels e imágenes “de lluvia, de rostros desgarrados y de paisajes solitarios y desolados”, fruto de búsquedas realizadas por la propia adolescente. Había dibujos de jóvenes rotos, paisajes melancólicos, contenidos relacionados con la tristeza y la desesperanza. “Y el algoritmo seguía proponiéndoselos”, explica Irene. Cada nueva búsqueda parecía alimentar la siguiente, encerrándola poco a poco en una especie de jaula emocional.Roggero Ugues enseña un libro ilustrado sobre la exposición de los adolescentes a las redes sociales. REUTERS/Claudia GrecoREUTERSLa madre insiste en que la demanda contra las grandes plataformas no nació a raíz de la muerte de Rossella. El movimiento de padres Moige y los abogados del despacho Ambrosio & Commodo de Turín, que impulsan la iniciativa, ya trabajaban en este ámbito. “Nosotros no habríamos tenido ni la lucidez ni la energía para enfrentarnos solos a gigantes tecnológicos después de una tragedia así. Nuestra mente estaba ocupada por la desesperación, el sentimiento de culpa y todas las preguntas sin respuesta”.El abogado Stefano Bertone resume así las principales peticiones de la demanda: “Primero: bloquear todas las cuentas de menores de 16 años y verificar de forma efectiva la edad de todos los usuarios. Segundo: abolir los métodos coercitivos que generan dependencia psicológica, como el 'scroll' infinito de vídeos. Tercero: impulsar campañas informativas en las escuelas sobre los riesgos de las redes sociales”.Desde la muerte de Rossella, el debate público ha evolucionado. Algunos países han comenzado a actuar. Australia ha aprobado algunas de las medidas más restrictivas del mundo contra el acceso de los menores a las redes sociales. España ha abierto también el debate sobre la verificación de la edad. Y recientemente el primer ministro británico, Keir Starmer, ha planteado nuevas restricciones para los menores de 16 años. “El Gobierno de Pedro Sánchez ha tenido valor. Ahora hay que seguir adelante y espero que surjan iniciativas judiciales de este tipo también en España”, concluye el abogado.La conversación con Irene regresa inevitablemente a aquellos seis meses y a aquella velocidad con la que, según su madre, Rossella cayó en el abismo. “No hay tiempo”, dice. “Se está produciendo una tormenta perfecta y hay muchos chicos a los que hay que salvar deprisa”. Los controles parentales no bastaron. Su hija utilizaba una cuenta secreta de Instagram y también TikTok sin que ella lo supiera. “Conseguía eludirlos. Descubrimos todo cuando ya era demasiado tarde”. Pero quizá todavía se pueda salvar a alguien más.