Lejos de limitarse a los libros de historia o a la literatura del siglo XIX, la sífilis es un desafío para la salud pública que se presenta en nuestros días con una fuerza estadística importante. España registró 11.500 casos en 2024, la cuarta parte de todos los diagnósticos de Europa, según los últimos datos publicados por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC).

“Es una idea errónea el pensar que es una enfermedad del pasado, es una infección que está completamente presente”, explica el doctor César Sotomayor, experto en infecciones de transmisión sexual (ITS). Esta percepción pública es uno de los primeros obstáculos, según el especialista, ya que genera una falsa sensación de seguridad, mientras que la infección, provocada por la bacteria Treponema pallidum, ya ha duplicado su incidencia en la última década.

La sífilis es apodada entre los médicos como “la gran imitadora”, un nombre que no es casual, ya que alude a la facilidad de confundir sus síntomas con los de otras patologías. “En algunas ocasiones se puede manifestar simplemente como una úlcera o tener manifestaciones muy graves como ictus, aneurismas a nivel del sistema cardiocirculatorio, puede tener afectación a nivel del riñón, es decir, las manifestaciones son muy variadas y dependen de la situación clínica”, detalla el doctor Sotomayor.