Un matrimonio venezolano, ambos en la treintena, se sienta hombro con hombro, pero casi no se mira. Ella, con semblante preocupado, manicura impecable y atuendo veraniego, habla con la voz entrecortada y se muestra visiblemente angustiada. �l —con pantal�n corto, una camiseta de Louis Vuitton y un tatuaje palillero de la serpiente vikinga Jormungandr— mira al infinito mientras reposa sus manos engrilletadas sobre el regazo y masajea sus mu�ecas para aliviar la irritaci�n de llevar las esposas colocadas durante toda la ma�ana. Cada uno de ellos se enfrenta a peticiones de 61 a�os de prisi�n por unos hechos ocurridos en un piso de Villaverde donde, seg�n la Fiscal�a, se explotaba sexualmente a mujeres venezolanas reci�n llegadas a Espa�a.La acusaci�n sostiene que los procesados formaban parte de una estructura que captaba mujeres en Venezuela, financiaba sus viajes hasta Madrid y las alojaba en una vivienda de Villaverde Bajo, donde deb�an ejercer la prostituci�n las 24 horas del d�a, los siete d�as de la semana, en condiciones de explotaci�n para saldar deudas que, seg�n varias testigos, oscilaban entre los 4.000 y los 6.500 euros. Las mujeres entregaban la mitad de lo que ganaban a la casa y con el resto deb�an afrontar la deuda, la comida y otros gastos.Durante el juicio, varias testigos protegidas declararon por videoconferencia. Una de ellas se neg� inicialmente a prestar declaraci�n si no pod�a utilizar un distorsionador de voz. �Tengo mucho miedo y exijo usar el distorsionador�, lleg� a decir ante la sala.Las declaraciones coincidieron en describir un piso saturado de mujeres. Una de las testigos asegur� que conviv�an entre 15 y 16 personas en una vivienda con dos habitaciones, sal�n, cocina, terraza y dos ba�os. �Dorm�a donde cayera la noche. No hab�a espacio para dormir. Llegu� a dormir hasta en el suelo de la terraza�, relat�.Seg�n las testigos, toda la actividad se coordinaba a trav�s de un grupo de WhatsApp llamado �Las Especialistas de San Isidro�. En �l estaban integradas las mujeres explotadas en el piso y, seg�n declararon varias de ellas, figuraban como administradores los dos acusados junto a otra mujer.A trav�s de ese chat se anunciaban clientes, horarios y normas internas. Tambi�n serv�a para gestionar peticiones de drogas o medicamentos. Una de las mujeres explic� que cuando un cliente solicitaba sustancias se utilizaban c�digos mediante emojis: �Fresa� para el tusi, un copo de nieve para la coca�na y la palabra �viagra� cuando se trataba de ese medicamento.Las mismas testigos afirmaron que exist�a un doble sistema de �multas�. Por un lado, la organizaci�n y las chicas llamaban �multa� a la deuda que contra�an con una tercera mujer que les financiaba el viaje de Maiquet�a a Barajas por cantidades que pod�an superar los 5.000 euros.Por otro, tambi�n se denominaba multa a las sanciones que presuntamente aplicaban los acusados cuando las mujeres en situaci�n de trata se negaban a cumplir sus �rdenes por estar enfermas, durante la menstruaci�n o por considerar que determinadas pr�cticas sexuales supon�an un riesgo para su salud.�Me obligaban a hacer sexo oral sin preservativo y si me negaba tambi�n me multaban�, declar� una de ellas.Uno de los aspectos m�s llamativos de la vista oral fueron las referencias al Tren de Aragua, la organizaci�n criminal nacida en Venezuela, desplegada por varios pa�ses del continente americano y que lucha por asentarse en Espa�a. Una de las testigos asegur� que la mujer acusada afirmaba tener v�nculos con ese grupo. �Dijo que ten�a contacto con el Tren de Aragua y que si hab�a un problema con ella lo iban a responder�, declar�. La misma mujer relat� que un d�a varios hombres encapuchados irrumpieron en el inmueble y agredieron al marido mientras le llamaban �sapo�. Despu�s, seg�n su versi�n, les retiraron los tel�fonos m�viles para comprobar si alguna de las residentes hab�a informado sobre lo ocurrido.Las declaraciones tambi�n situaron c�maras de videovigilancia en distintas zonas de la vivienda. Varias mujeres sostuvieron que la acusada las observaba a trav�s de ellas e incluso se dirig�a a las residentes aprovechando la megafon�a del sistema de vigilancia. �Siempre estaba pendiente de las c�maras o ve�a grabaciones repetidas�, se�al� una de las testigos. Otra afirm� que las conversaciones privadas pod�an ser escuchadas.Los acusados negaron los delitos. Ella asegur� que �nicamente se encargaba de la publicidad relacionada con el lupanar, sostuvo que el dinero recibido de las v�ctimas de trata correspond�a a pr�stamos personales y que durante el tiempo en que sucedieron algunos de los hechos se encontraba de viaje en Estados Unidos. Mientras tanto, el marido afirm� que trabajaba como conductor y que su funci�n consist�a b�sicamente en recoger a mujeres en el aeropuerto o trasladarlas a servicios externos por indicaci�n de otras personas. Ambos reconocieron el consumo de tusi, coca�na y marihuana para tratar de explicar la presencia de drogas.Sus defensas intentaron desacreditar los testimonios y cuestionaron especialmente la participaci�n directa de los procesados en algunos episodios relatados por las v�ctimas. Tambi�n solicitaron la nulidad de determinadas conversaciones de WhatsApp incorporadas a la causa al considerar que el acceso al tel�fono m�vil del marido se produjo de forma irregular, ya que los investigadores podr�an haber accedido al dispositivo al observar a hurtadillas el patr�n de desbloqueo mientras este buscaba el n�mero de su abogado.
Tusi, viagra y prostituci�n bajo amenazas en Villaverde: un matrimonio venezolano afronta 122 a�os de c�rcel por explotar sexualmente a mujeres de su pa�s
Un matrimonio venezolano, ambos en la treintena, se sienta hombro con hombro, pero casi no se mira. Ella, con semblante preocupado, manicura impecable y atuendo veraniego, habla...














