Todas las miradas se dirigen a la afilada silueta de Luis Díaz, dispuesto a comerse al mundo cuando viste la camiseta amarilla de su selección. Colombia se encomienda a un debutante en los mundiales que atraviesa una dulce madurez. Electrizante y desparpajado, simplemente Lucho, como todos lo conocen, aterriza en el Mundial de Norteamérica luego de sellar una temporada deslumbrante a punta de desbordes, gambetas y goles imposibles con el Bayern de Múnich, tanto en la Bundesliga como en la Champions. Las opciones de los cafeteros pasan por el escurridizo extremo con mentalidad de acero, que se ha forjado en la adversidad. En su tierra no olvidan que, cuando las cuentas parecían complicarse en las maratónicas eliminatorias sudamericanas, acudió oportuno al rescate: tumbó con sus goles a Brasil y le marcó un tanto maradoniano a la Argentina de Messi.El atacante de 29 años, el mayor damnificado de la traumática ausencia de Colombia en Qatar 2022, quiere consagrarse en su primera Copa del Mundo, luego de convertirse junto a Olise y Harry Kane en la sociedad más prolífica de todas las ligas europeas. El colombiano, con algo menos de cartel, es el segundo máximo anotador del equipo bávaro, después del inglés, y el segundo máximo asistidor, tras el francés. Su entrenador, Vincent Kompany, ha elogiado su “creatividad caótica”. En Múnich se acopló de inmediato, vendido hace un año por el Liverpool que acababa de ganar la Premier, y que ahora lamenta haberse desprendido de una pieza fundamental de aquel equipo campeón. Su fichaje, en torno a los 75 millones de euros, el tercer jugador más caro en la historia del Bayern, tan discutido en su momento, parece una ganga en perspectiva. En su antología de goles ya ocupa un lugar especial el que marcó en las semifinales de Champions en París, el último en la épica derrota 5-4 ante el PSG, con una carrera a toda velocidad, control, regate a Marquinhos y remate angulado que condensan algunas de sus cualidades. “¿Pero de dónde salieron estos extremos?”, se preguntaba perplejo Luis Enrique, el técnico rival.Crack, guajiro y con raíces wayuu, Lucho salió de Barrancas, un municipio a cien kilómetros de Riohacha, la capital del desértico departamento de La Guajira, una península inhóspita en el extremo norte de Colombia. Brilló en el Junior de Barranquilla, la gran ciudad del Caribe, antes de fichar en 2019 por el Porto, el club que ha servido de trampolín europeo para otros colombianos como Falcao, James Rodríguez o Juan Fernando Quintero. En Portugal explotó en apenas dos campañas y lo compró el Liverpool por 45 millones de euros. En su selección, irrumpió a la velocidad del rayo con una sensacional Copa América 2021, antes del naufragio en el camino a Qatar.De amarillo, Lucho derrocha sintonía con James, el capitán que se prepara para su tercer Mundial, su presumible último baile en las canchas norteamericanas. “Le he hecho saber que siempre ha sido mi ídolo”, contó Lucho, cinco años menor, en la Copa América 2024, en la que Colombia perdió la final con Argentina. En una celebración de entonces, le puso una corona imaginaria a James. El diez, fuera de los focos europeos, le devolvió el gesto cuando Lucho, indomable, dejó un puñado de rivales desparramados en el césped para marcarle a la albiceleste por las eliminatorias, un empate 1-1 que encaminó la anhelada clasificación. La sucesión real de Colombia ha sido fluida. Esa complicidad es la señal más prometedora para el equipo de Néstor Lorenzo, que comparte el Grupo K con Portugal, Uzbekistán y la República Democrática del Congo.A finales de 2023, cuando todavía militaba en Liverpool, el secuestro de su padre, Mane Díaz, conmocionó al país. El hijo no dejó de jugar, e incluso marcó un gol al Luton Town que celebró con una camiseta con el lema “libertad para papá”. La guerrilla del ELN lo liberó después de 12 días. Una semana después, Colombia derrotó 2-1 a Brasil gracias a dos certeros cabezazos de Lucho sobre el final de un partido que dedicó a su padre, quien libre y conmovido hasta las lágrimas se desvanecía fugazmente en las tribunas de tanta emoción. El Estadio Metropolitano de Barranquilla arropó con cariño al siete, que respondió con una energía inagotable. “Hemos pasado por momentos duros, pero la vida te hace fuerte y valiente”, sentenció Lucho nada más acabar el encuentro.
Colombia se encomienda a la creatividad caótica de Lucho Díaz
El extremo del Bayern de Múnich, tras un año de explosiva madurez, es la principal baza de su selección









