Luis Díaz llegó al Mundial con una responsabilidad que hace unos años parecía pertenecerle solo a James Rodríguez.
Colombia volvió a una Copa del Mundo después de ocho años y lo hizo con una generación que todavía mira a James como símbolo, pero que ya encontró en “Lucho” a su futbolista más determinante.
En el Estadio Ciudad de México, en una noche llena de amarillo en las tribunas, Díaz dio una asistencia, marcó el gol que encaminó la victoria de 1-3 sobre Uzbekistán y protagonizó el regreso colombiano en una actuación que mezcló desequilibrio y definición.
Colombia ganó el primer tiempo antes de que rodara la pelota. El himno retumbó en el Azteca como una declaración de presencia, después de una caminata que ya había pintado de amarillo los alrededores.
Desde la tribuna bajó el grito de “vamos, vamos Colombia, esta noche tenemos que ganar” y por momentos pareció que el debut mundialista se jugaba en Bogotá, no en la Ciudad de México.










