Colombia se encomienda a un debutante en el Mundial que atraviesa una dulce madurez. Electrizante y desparpajado, Luis Díaz, simplemente Lucho, como todos lo conocen, aterriza en el Mundial de Norteamérica después de sellar una temporada deslumbrante con el Bayern de Múnich, tanto en la Bundesliga como en la Champions. Las opciones de los cafeteros pasan por el escurridizo extremo con una mentalidad de acero forjada en la adversidad. En su tierra no olvidan que, cuando las cuentas parecían complicarse en las eliminatorias sudamericanas, acudió oportuno al rescate: tumbó con sus goles a Brasil y le marcó un tanto maradoniano a la Argentina de Messi.El atacante de 29 años, el mayor damnificado de la traumática ausencia de Colombia en Qatar 2022, quiere consagrarse en su primera Copa del Mundo, después de convertirse junto con Olise y Harry Kane en la sociedad más prolífica de todas las ligas europeas. El colombiano, con algo menos de cartel, es el segundo máximo anotador del equipo bávaro, después del inglés, y el segundo máximo asistente, tras el francés. Su entrenador, Vincent Kompany, ha elogiado su “creatividad caótica”.Crack, y con raíces guajiras, Lucho salió de Barrancas, un municipio a 100 kilómetros de Riohacha, la capital del departamento de La Guajira, una península inhóspita en el extremo norte de Colombia. Brilló en el Junior de Barranquilla, antes de fichar en 2019 por el Porto, club que ha servido de trampolín europeo para otros colombianos como Falcao, James o Quintero. En Portugal explotó y lo fichó el Liverpool por 45 millones de euros. En su selección, irrumpió con una sensacional Copa América 2021.A finales de 2023, cuando todavía militaba en Liverpool, el secuestro de su padre, Mane Díaz, conmocionó al país. El hijo no dejó de jugar, e incluso marcó un gol al Luton Town que celebró con una camiseta con el lema “libertad para papá”. La guerrilla del ELN lo liberó tras 12 días de cautiverio. Una semana después, Colombia derrotó 2-1 a Brasil gracias a dos certeros cabezazos de Lucho sobre el final de un partido que dedicó a su padre, quien libre y conmovido hasta las lágrimas se desvanecía fugazmente en las tribunas de tanta emoción. “Hemos pasado por momentos duros, pero la vida te hace fuerte y valiente”, sentenció Lucho nada más acabar el encuentro.