Cualquier empresa que se precie de serlo no puede resistirse a la introducir herramientas de IA. Como predican los popes del asunto, esta tecnología les ayudará a "ser más eficientes, aumentar la productividad y reducir los costes". Otro triángulo mágico. Sobre el papel, parece un win-win en toda regla. En esa tesitura, el encargado de IT reparte entre los trabajadores los tokens de IA, que son esos derechos de uso de las herramientas o las plataformas contratadas. Y, como es lógico, cada uno de esos tokens tiene un coste… Todo parece encauzado, pero al poco descubren que los empleados se están gastando más dinero en esos tokens que lo que cuestan sus propias nóminas… La situación, aunque paradójica, ya se ha producido en no pocas compañías, algunas de ellas destacadas tecnológicas.La propia Microsoft ha dado marcha atrás en su proyecto y ha terminado por prohibir a sus ingenieros el uso de IA, en su caso, de Claude Code. El consumo de esta herramienta estaba costando más que los profesionales que se suponía que iba a reemplazar… Un trabajador de Meta se pulió en un solo mes la friolera de 10.000 millones de tokens, con un coste cercano a los 43.000 euros. Para que nos hagamos una idea, hay que recordar que un token equivale a tres o cuatro caracteres, por lo que un centenar de tokens se evaporan en un párrafo de 75 palabras. En ese escenario, las empresas que lanzan estas tecnologías tienen las manos gastadas de tanto frotárselas. Y no esconden sus pronósticos y optimistas vaticinios sobre el imparable uso de estas herramientas.
El gasto alegre de tokens de las empresas comienza a ser más costoso que los salarios
Cualquier empresa que se precie de serlo no puede resistirse a la introducir herramientas de IA. Como predican los popes del asunto, esta tecnología les ayudará a "ser más eficientes, aumentar la productividad y reducir los costes". Otro triángulo mágico. Sobre el papel, parece un win-win en toda regla. En esa tesitura, el encargado de IT reparte entre los trabajadores los tokens de IA, que son esos derechos de uso de las herramientas o las plataformas contratadas. Y, como es lógico, cada uno de esos tokens tiene un coste… Todo parece encauzado, pero al poco descubren que los empleados se están gastando más dinero en esos tokens que lo que cuestan sus propias nóminas… La situación, aunque paradójica, ya se ha producido en no pocas compañías, algunas de ellas destacadas tecnológicas.











