Conviene resistir la tentación de pensar que el pacto entre Estados Unidos e Irán es el fin del conflicto. Su parte más intrincada son las sanciones y cómo levantarlas

Existe ya el esbozo de un memorándum de entendimiento entre Washington y Teherán que, si se confirman las noticias, se firmará esta misma semana. El estrecho de Ormuz volverá a abrirse y se desbloqueará una parte de los activos iraníes congelados. Ahora bien, conviene resistir la tentación de interpretar que este es el fin del conflicto. Que callen las armas es la parte más fácil; otra cosa es que el acuerdo que expresa el documento se respete, algo que depende, más que del problema que todos tenemos en mente, de otro al que pocos prestan atención.

La opinión general es que el aspecto más importante es la cuestión nuclear: las centrifugadoras, el enriquecimiento y los aproximadamente 400 kilos de uranio muy enriquecido que se cree que tiene hoy Irán. En realidad, esta es la parte más conocida del problema. Los límites al enriquecimiento, la eliminación o dilución de las reservas y la vuelta de los inspectores son terreno conocido, técnica y diplomáticamente, y desde 2015 se sabe, en líneas generales, cuál es la solución. Si el acuerdo fracasa, no será por eso.