El argentino Javier Milei lo llama ‘la casta’, y el norteamericano Donald Trump la nombra ‘el pantano’. Como en el resto del continente, los candidatos presidenciales en Colombia que dicen representar al pueblo en una lucha contra las élites son quienes definen la cara del poder. En esta elección, quien más ondea esa bandera es Abelardo de la Espriella, el candidato de ultraderecha que nunca ha tenido un cargo público y está cerca de ganar la Presidencia el próximo domingo, con un discurso en el que dice representar a “los nunca” contra “los de siempre”. “Yo no vine a hacer la política de siempre, vine a cambiar la política para siempre”, repite. Lo sigue en intención de voto el senador de izquierdas Iván Cepeda, quien promete una “revolución ética” junto a los sindicalistas, el movimiento indígena y los jóvenes. Son quienes su padrino político, el presidente Gustavo Petro, llamó en su victoriosa campaña de 2022 como "los nadies“. Cepeda ha hecho un esfuerzo por excluir de su campaña a quienes representan la ”política de siempre" en el petrismo ―Armando Benedetti o Roy Barreras― y más bien resaltar su personalidad académica, la del filósofo, por encima de la política, la del senador petrista.El auge de los candidatos antipolíticos en Colombia fue evidente hace cuatro años. En las presidenciales del 2022, los colombianos eligieron para la segunda vuelta a dos candidatos que representaban un cambio frente a los partidos tradicionales: Gustavo Petro, quien sería el primer presidente de izquierda en décadas y quien dice representar al pueblo frente a la oligarquía; y Rodolfo Hernández, quien se identificaba como un ingeniero con la bandera anticorrupción contra “la politiquería”. Ganó Petro, quien durante sus casi cuatro años en el Ejecutivo ha repetido que no puede gobernar, pues las élites frenan sus reformas sociales.Este año, además, una candidata se hundió precisamente por creer que podía hacer campaña con los políticos de su lado y reivindicando la carrera política. La senadora Paloma Valencia, del uribismo, le apostó a una opción con la que sugería poder sumar entre distintos. A su tarima se subieron exalcaldes, exministros, exsenadores, caras de los partidos tradicionales y, sobre todo, el expresidente Álvaro Uribe, su padrino político. Valencia, que aparecía en el tarjetón para la primera vuelta con los logos de distintos partidos, quedó en tercer lugar, con un escaso 7% de los votos. El rechazo a los políticos “de siempre” está ligado a la desconfianza que los colombianos le tienen a los partidos políticos. De acuerdo a la última encuesta Invamer que mide la favorabilidad de distintas instituciones, son la institución más desprestigiada del Estado: solo 26% de los encuestados dicen tener una opinión favorable, frente a 65% desfavorable. Al Congreso y al sistema judicial les va mejor. De acuerdo a otra encuesta del 2023, el Latinobarómetro, solo 15% de los encuestados dice tener simpatía por un partido político. De la Espriella, quien ahora tiene el respaldo de varios partidos y de sus líderes, no aparece en tarima ni en fotos con ellos: sean liberales, conservadores, uribistas o de Cambio Radical. Ni siquiera ha publicado una foto con Uribe, el expresidente que, tras encabezar la derecha por dos décadas, hoy representa un viejo establecimiento. El penalista le declara su admiración, pero no su eterna lealtad.Juan Carlos Rodríguez Raga, profesor de Ciencia Política en la Universidad de los Andes, ha explicado a El PAÍS que los colombianos en los últimos tiempos no suelen estar muy polarizados en temas particulares de política pública, sino en otro aspecto: “creen más bien que la pelea es con ‘los de arriba’, contra las élites”. Un estudio publicado en 2023, con tres académicos más, entrevistó a varios grupos focales, de distintos estratos y edades, y concluyó que los colombianos sobre todo coinciden en que la “cancha está inclinada” hacia un lado.“Más allá de las divisiones y la heterogeneidad de opiniones, el rasgo principal de las posiciones en las diferentes agendas es un sentimiento antiélites y de abandono del Estado, transversal a todas las clases y orientaciones políticas”, dice el estudio. “La idea que sobrevuela es que todo está armado —la estructura impositiva, el funcionamiento de las ayudas sociales, la corrupción, el clientelismo— para el beneficio de las élites. La percepción de cancha inclinada lleva a la rabia y la desesperanza; percibimos una sensación de hartazgo con ‘los mismos de siempre“.Es un cambio radical del siglo XX, cuando los partidos Conservador y Liberal no solo dominaron la Presidencia, sino que la identificación con uno de ellos era el rasgo principal de la cultura política. Los ciudadanos se identificaban con sus propuestas, desde el rol de la religión en la educación hasta la importancia de una reforma agraria. También era difícil, por el diseño institucional y acuerdos entre las élites, que nuevos partidos pequeños emergieran. Los políticos antipolíticos empezaron a tomar fuerza desde 1988, cuando se permitió la elección popular de los alcaldes. Un ícono de ese movimiento fue Antanas Mockus, un matemático y exrector de la Universidad Nacional que ganó la alcaldía de Bogotá en 1996 sin venir de los partidos tradicionales y era más reconocido por sus performances en el espacio público ―como bajarse los pantalones ante un público que no lo escuchaba, para llamar su atención―. Para algunos era de centroderecha, para otros liberal, pero sobre todo representaba un cambio frente a “los de siempre”. Otro caso es el del también matemático Sergio Fajardo, quien ganó la alcaldía de Medellín en 2003. También venía de ser profesor universitario y su discurso anticorrupción en 2018 estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta presidencial. Incluso la victoria de Álvaro Uribe fue una señal de la tendencia hacia la antipolítica. Si bien llegó a la Presidencia en 2002 aupado sobre todo por un discurso de mano dura contra las guerrillas, le ayudó haberse separado del Partido Liberal y mostrarse como una opción nueva frente a los dos partidos tradicionales. Como De la Espriella, lo avaló un partido minúsculo, Primero Colombia, tan pequeño como Salvación Nacional, que avala ahora al ultra. Aunque multimillonario y ostentoso de esa riqueza, el penalista ha sido más efectivo que Cepeda en repetir hasta el cansancio que él no representa a la élite de siempre. Cepeda, con un perfil más austero, ha visto difícil convencer a los votantes de que él no representa a un nuevo establecimiento, el del petrismo. El próximo domingo, en solo cinco días, los colombianos elegirán entre el candidato que representa a “los nadie” o a “los nunca”.
De la antipolítica al antiestablecimiento: las emociones que mueven al votante colombiano
La elección presidencial se inclina en favor de quien apele a ‘los nadie’, también apodados ‘los nunca’. Es un relato que debilitó a los partidos políticos y que viene ganando fuerza desde los años noventa








