La respuesta de mi chatbot fue esotérica, casi borgesiana: “La inteligencia artificial no es ni amiga ni enemiga de la región en sí misma, sino que refleja y multiplica lo que ve”. A simple vista le faltó contexto, pero no razón. Si se dan las condiciones adecuadas, la inteligencia artificial (IA) puede salvar millones de vidas con aplicaciones médicas oportunas, mejorar el futuro de millones de latinoamericanos en las aulas y las oficinas, e incluso alimentar mejor a toda la región con usos más sabios de la tierra. Mientras que en Estados Unidos se discute cómo potenciar aún más la inteligencia artificial y dorar la píldora de su poder disruptivo a los millones de ciudadanos que la ven con creciente desconfianza, América Latina se enfrenta a esa pregunta básica pero no menos esencial: ¿puede esta tecnología convertirse en amiga o enemiga de su desarrollo? En el lenguaje frío pero estimable de los tecnócratas del desarrollo, podemos afirmar que la inteligencia artificial representa para América Latina un avance tecnológico de tal magnitud que permitiría a la región saltarse etapas enteras de desarrollo de infraestructura física que a las naciones avanzadas les tomó décadas establecer. Ejemplos de este potencial impacto empiezan a asomar en áreas críticas como la salud y la educación, donde la IA ha mostrado su capacidad para transformar estos servicios esenciales pero deficientes en Latinoamérica. En salud, varios países han expandido el tamaño y la calidad de sus redes de sanidad pública a través de la telemedicina con IA y el uso de aplicaciones móviles, en vez de instrumentos complejos y costosos.En educación, la IA hace las veces de asistente académico en escuelas con gran número de estudiantes por docente, mejorando así las oportunidades de aprendizaje para todos. En agricultura se ha aumentado el rendimiento de los cultivos con menos agua, lo cual beneficia al consumidor y al medio ambiente.No obstante, si América Latina aspira a que la inteligencia artificial se convierta en un sustento fundamental de su progreso regional —y no en su adversario— es imperativo que la región resuelva varias cuestiones pendientes en su agenda de desarrollo.Tras dedicar varios años al análisis de las dinámicas de desarrollo regional desde organismos multilaterales, y más recientemente con un enfoque en la IA, he observado una tendencia recurrente: América Latina suele integrarse tardíamente a las revoluciones industriales, limitándose a ser proveedora de materias primas o consumidora de innovaciones externas.Con la inteligencia artificial el riesgo es similar, pero a una velocidad exponencial. Si la región no toma el control de su destino digital, es posible que la IA —lejos de ser ese motor de profunda transformación—, acabe siendo una sofisticada herramienta más de subordinación tecnológica.¿Qué hacer?Primero, abordar las limitaciones de talento e infraestructura. América Latina es la segunda región más joven del mundo, pero arrastra deudas históricas en calidad educativa e inversión en investigación y desarrollo. El acceso a internet de banda ancha es limitado y, según el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial, la región carece de infraestructura adecuada de supercomputación, vital para el funcionamiento de la IA.El segundo gran obstáculo a enfrentar es el empleo y la productividad. En una región donde la informalidad laboral supera el 50% en varios países, el reto no es solo sustituir tareas, sino cómo integrar la IA para elevar la productividad de millones de trabajadores independientes y PYMES que hoy operan al margen del sistema formal. El tercer escollo es cultural e identitario. Si las instituciones y empresas regionales se rigen por algoritmos que no entienden la idiosincrasia, modismos, historia o realidades lingüísticas latinoamericanas, en la práctica se estaría tercerizando su autonomía cultural regional. La necesidad de una soberanía algorítmica regional en español y portugués es clave. Finalmente, está el rompecabezas de la gobernanza. Los gobiernos latinoamericanos deben mantener un delicado equilibrio regulatorio: ¿cómo diseñar marcos éticos y normativos que protejan la privacidad de los ciudadanos y la integridad democrática, sin asfixiar la innovación local ni ahuyentar el capital de riesgo que tanto necesitan los emprendedores?Resulta claro que esta transformación vertiginosa no se dará por inercia ni por el simple impulso del mercado.Hace falta una visión de Estado capaz de reconocer que la tecnología no es un sector aislado de la economía, sino el cimiento sobre el cual se edificará todo desarrollo futuro. Exige una colaboración público-privada sin precedentes, donde las universidades locales, el ecosistema emprendedor y los gobiernos coordinen esfuerzos para retener el talento técnico que hoy, con demasiada frecuencia, emigra hacia el Norte Global.En conclusión, y retomando la pregunta que dio origen a este artículo, la respuesta más precisa parece ser: la inteligencia artificial se convertirá en una aliada estratégica para la región y en un motor de bienestar para millones de sus habitantes solo si nuestra capacidad de respuesta está a la altura del desafío.El objetivo de esta columna es, precisamente, fomentar este diálogo esencial. No desde una simple admiración por la tecnología, sino a través de la reflexión crítica y el análisis profundo que exige el desarrollo de América Latina. Les invito a formar parte de esta conversación.
Pregunta para mi chatbot: ¿es la inteligencia artificial aliada o enemiga de Latinoamérica?
La IA se convertirá en un motor de bienestar para millones de latinoamericanos solo si hay una colaboración público-privada sin precedentes y los gobiernos coordinen esfuerzos para retener el talento técnico









