El G7 ya no es lo que era, pero lo intenta. En la edición de este año en Evian (Francia), Emmanuel Macron ha intentado centrar la agenda en Ucrania, y todos los demás se han centrado en el acuerdo (de folio y medio) de Donald Trump con Irán. El lunes, distintas ramas de la Comisión Europea fueron cancelando sus eventos de prensa, sabiendo que iban a ser preguntados por el memorándum, del que todavía apenas se conocen detalles, a la espera de generar un mensaje unificado en el G7. Este martes, todavía no lo hay, más allá de celebrar el cese de las hostilidades. Al igual que con el inicio de la guerra, de la que no fueron informados, el resto del G7 sin EEUU solo puede observar cómo la "victoria" de Trump –una derrota estratégica– tiene múltiples consecuencias también para el resto del mundo. Entre ellas, la de acabar financiando el nuevo poder militar iraní. Hay poca información sobre el acuerdo. Según la Casa Blanca, los detalles de ese folio y medio se publicarán en las próximas 24 horas, antes del encuentro previsto para este viernes en Suiza. Y en esa letra pequeña de la reapertura del estrecho de Ormuz, así como el levantamiento de sanciones sobre Irán que se ofrece a cambio, es donde estará el diablo. Trump defendió que el estrecho estará "completamente" "abierto y sin peajes" el viernes. Pero en un acuerdo en el que ambas partes quieren quedar como victoriosas, hay mucho de semántica. Irán confirma que no cobrarán peajes, pero que se abrirá "en sus términos". El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmaeil Baghaei, lo llamó "tasas" por los servicios que prestará Irán en la ruta abierta, que será la designada por Teherán. TE PUEDE INTERESAR Desde el punto de vista legal, existe una distinción entre peaje y tasa. El primero, que implica un pago directo por un paso inocente de un estrecho internacional marítimo clave, cuenta con importantes restricciones legales según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. "Pero sí pueden cobrar tasas por servicios", explica Ali Ahmadi, experto en política económica y de sanciones del Geneva Centre for Security Policy (GCSP). Esas tasas serían cargos relacionados con los "servicios prestados", que pueden ir desde la protección medioambiental a la seguridad de la navegación, administración marítima, respuesta de emergencias o gestión del tráfico. TE PUEDE INTERESAR No debería pillar a nadie por sorpresa. Irán lleva meses preparando el terreno para esas tasas, y su Parlamento ha comenzado a aprobar el marco legal al respecto. Ya desde el pasado mayo, se comenzó una elegante estrategia para un memorándum de coordinación con Omán, en la orilla sur del estrecho, presentándolo como tasas necesarias para proteger la integridad medioambiental de una de las vías navegables con mayor tráfico del mundo. "No está claro cómo sería la estructura de dichas tarifas. Es posible, como algunos han sugerido, que Irán haya aceptado no hacerlo durante el período de negociación de 60 días, pero no tendremos certeza sin ver antes la versión final del texto", añade Ahmadi. Pero, al menos con los datos que tenemos, esa reapertura del estrecho "bajo las disposiciones iraníes" es ya un cierto reconocimiento tácito de la legitimidad iraní sobre el control del tráfico del estrecho: durante los últimos tres meses, Teherán ya ha establecido un corredor específico para aquellos que se atrevían a cruzar, que obligaba a pasar entre dos islas iraníes y en permanente contacto con las autoridades marítimas locales. Generando en el escenario futuro nuevas tasas, estas de gestión de tráfico o de seguridad, por ejemplo. "Por supuesto, los iraníes recurrirán a este tipo de juegos de palabras. Cualquier intercambio de dinero que antes no existiera será utilizado por Irán para reivindicar una victoria en la guerra", apunta por su parte John Callaghan, profesor asociado de Relaciones Internacionales del New England College. ¿Y a qué va a dedicar Teherán cada dólar? Antes de la guerra, más de 140 buques cruzaban diariamente el estrecho. No hay, por supuesto, ninguna estimación de cuánto podrían alcanzar esas tasas, pero es un dinero extra que engrosará las arcas de Teherán. Y hay cierto consenso entre los expertos en que ese nuevo flujo de financiación irá a lo que les ha permitido sobrevivir en esta guerra: su capacidad militar disuasoria primero sobre el tráfico del estrecho, y segundo, sobre sus pudientes vecinos del Golfo. "No necesariamente armas como misiles balísticos o incluso armas nucleares", elucubra Yassamine Mather, analista política y académica iraní, sino algo mucho "mucho más poderoso" y barato. Es decir, la producción de drones, y en cantidad. TE PUEDE INTERESAR "Existe un temor muy real a que cualquier dinero desbloqueado o entregado a Irán se utilice, sobre todo, para reconstruir su arsenal militar", admite Callaghan. Ahmadi coincide: "Estoy seguro de que Irán destinará parte de los recursos a reconstruir sus capacidades defensivas, incluidos misiles y drones, que son fundamentales para restablecer su capacidad de disuasión tras la guerra". En el acuerdo preliminar hay otras disposiciones económicas, aunque no han quedado del todo claras. Además de levantar sanciones existentes sobre la industria petrolera iraní, EEUU desbloquearía 12.000 millones de dólares de los fondos congelados iraníes en bancos extranjeros. En una fase muy posterior, la interpretación iraní habla de "centenares de miles de millones" de dólares en un fondo de reconstrucción "pagado por "EEUU y sus aliados". "Irán afronta importantes desafíos económicos y daños derivados de la guerra, y considera que tiene derecho a algún tipo de compensación", explica Ali Ahmadi. "Si se logra un acuerdo nuclear definitivo y el país puede retomar una actividad económica normal con el resto del mundo, fuera de la sombra de las sanciones, es probable que no insista en cobrar a los barcos que atraviesen el estrecho", opina. TE PUEDE INTERESAR Tras la firma del acuerdo nuclear de tiempos de la Administración Obama, Irán destinó la mayoría de los fondos liberados a las prioridades económicas. "Es posible que la gran mayoría de los fondos se destinen a eso", argumenta el experto. Sin embargo, la situación en 2026 es completamente distinta. El nuevo Irán es un país que ha sufrido los estragos de una guerra a gran escala y ha sobrevivido. Se trata de un Irán que, según algunos analistas, ha salido más radicalizado tras los asesinatos de muchos de sus líderes. La propia elección de Mojtaba Jamenei implicaba que Irán "se ha convertido aún más en una dictadura de un pequeño grupo de personas con un trasfondo combinado religioso, militar y de seguridad", sostenía Nathan J. Brown, experto en políticas islámicas del Carnegie Endowment. TE PUEDE INTERESAR El reagrupamiento del poder en Teherán se ha desplazado también hacia las fuerzas armadas. "En Teherán está ganando fuerza la tesis de que la llamada paciencia estratégica de Irán no ha sido una fortaleza, sino uno de los factores que han contribuido a la actual guerra (...) Irán necesita ser mucho más contundente, más escalatorio y más imprevisible como actor para volver a crear una disuasión", advertía Ellie Geranmayeh, subdirectora del programa para Oriente Medio y Norte de África del think tank European Council on Foreign Relations (ECFR). Al final, "la prioridad de cualquier país es poder defenderse, y la prosperidad no es posible sin seguridad", concluye Ahmadi. El precedente que pagamos todos La actitud de Donald Trump en el encuentro del G-7 está siendo triunfalista. Los aliados han celebrado el pacto provisional, pero con ciertas dudas sobre su implementación. Ahora bien, cualquier crítica no se ha hecho pública: los enfrentamientos entre Trump y los mandatarios europeos por temas como la guerra de Ucrania o las amenazas a Groenlandia han dejado una profunda huella, hasta el punto de que muchos se preguntan si pueden dialogar con él. Mucho menos poner en duda el ansiado acuerdo de paz preliminar que busca dar a EEUU una opción de desvincularse de una campaña militar infructuosa. Hay que ser realistas. Aunque las consecuencias, especialmente si se acaban aplicando esas tasas en Ormuz, van a terminar pagándolas todos los países del G7. Todos esos países beben de esos más de 140 buques diarios que cruzan por Ormuz. Pero lo grave es el precedente: la normalización gradual del acceso monetizado. En abril, el ministro de Finanzas de Indonesia "bromeó" con coordinar peajes en el estrecho de Malaca, lo que provocó el enfado regional inmediato. Rusia ya ha normalizado los cargos por servicios en la Ruta Marítima del Norte, bajo la justificación de escoltas rompehielos y apoyo a la navegación.