La cumbre del G7 que se celebra desde este lunes en París es otra prueba para el multilateralismo. Francia, Estados Unidos, Alemania, Canadá, Italia, Japón y el Reino Unido se sientan en la misma mesa con un protagonista claro, Donald Trump, que acudirá a la reunión en medio de las súplicas sobre todo de los europeos para que cese la guerra contra Irán y además retome las conversaciones entre Ucrania y Rusia. Tal es la urgencia que el presidente galo, Emmanuel Macron, como anfitrión del cónclave, ha invitado tanto a Volodimir Zelenski como a los países del Golfo.Los líderes de las principales potencias se ven esta semana en la capital francesa con el escenario global marcado por los conflictos, pero también con Trump dejando más cerca que nunca el acuerdo con Teherán, que, dijo, presumiblemente se firmará en Europa. Durante un acto telemático de apoyo a un candidato republicano a gobernador en Georgia el presidente estadounidense confirmó el pacto, pero sin dar detalles y sin que llegase la misma tesis desde la república islámica. "Acabamos de alcanzar un gran acuerdo para resolver el conflicto con Irán. Ahora queda pendiente la formalización, lo cual debería completarse en los próximos días, y probablemente se lleve a cabo una firma, tal vez, en Europa", resumió, alegando además que el pacto podría firmarse ya este fin de semana, pero sin la necesidad de que estuviera presente el propio inquilino de la Casa Blanca.Oriente Medio marca una parte de la agenda. Un acuerdo rebajaría mucho las tensiones en general, en todo el mundo, y ese será uno de los llamamientos que se haga en la cumbre y sobre todo Francia y el Reino Unido quieren poner el foco con los aliados árabes en una misión conjunta que permita la reapertura total del estrecho de Ormuz, algo que también tendrá que supervisar Estados Unidos. Ninguno de los otros países del G7, asumen fuentes diplomáticas, tienen mucho que decir para poner fin al conflicto; la pelota está en el tejado de Washington y de Teherán, con la mediación todavía de Pakistán y con el resto mirando fijamente para poner coto a las crisis comercial y sobre todo energética.Esa 'tranquilidad' en Oriente Medio se ha convertido en una obsesión para Alemania y Francia porque quieren tener a Trump de su lado y centrado en frenar la evolución de China. De hecho, en este sentido París se ha mostrado especialmente firme a la hora de instar a la Unión Europea a reforzar su arsenal de medidas de defensa comercial para proteger a su industria frente a la avalancha de importaciones del gigante asiático, sobre todo en lo que se refiere a las tecnologías, los materiales raros y los componentes para el desarrollo de automóviles.El otro tema clave es Ucrania y ahí todos esperan, de nuevo, los movimientos de Donald Trump. Ya han pasado más de tres meses desde los últimos contactos entre Kiev y Moscú en Ginebra y Volodimir Zelenski reclama más implicación de EEUU y un sitio en la mesa para Europa a la vez que celebra los avances de los suyos sobre el terreno. La realidad es que Washington se ha desconectado de ese proceso de paz y Putin sigue sin tener prisa. Mientras, los europeos buscan la manera de poner un mediador en escena... de momento sin acuerdo para ello y con Moscú sin ver a Europa como un interlocutor válido. La conclusión, asumen todos, es que solo los estadounidenses pueden reactivar el diálogo, que a ojos de la UE tiene que ser "directo" entre rusos y ucranianos.Zelenski estará en el encuentro a la vez que se inician, por otra parte, las negociaciones de adhesión de su país a la UE. Tal como confirmó la comisaria europea de Ampliación, Marta Kos, el primer paso tendrá que ver con cuestiones de Estado de derecho y leyes fundamentales como las que atañen a las minorías étnicas. "El Estado de derecho es uno de los pasos más importantes. Es donde todo comienza y termina", dijo Kos. Según la comisaria, aprobar el examen en esta materia es una prueba de que el país candidato se toma en serio sus aspiraciones de integración en la UE. No obstante, los recelos con Ucrania siguen estando, sobre todo en lo que tiene que ver con su estado de guerra ahora mismo y con temas como la lucha contra la corrupción; el camino, eso sí, se ha despejado algo más tras caerse el veto perenne de la Hungría de Viktor Orbán a cualquier avance.La cumbre también tiene como objetivo, en general, limar asperezas con Estados Unidos. Por ejemplo, en el caso de Canadá ya no se habla tanto de la idea de Trump de convertirlo en el "estado 51" de EEUU, pero es un hecho que el Gobierno de Mark Carney ha decidido acercarse mucho a Europa, como demuestra que el suyo se ha convertido en el primer país de fuera de la UE que va a participar en el fondo comunitario de defensa. Pasa algo parecido con el distanciamiento que han tenido de Washington tanto Alemania como Francia, pero sobre todo el Reino Unido, con críticas crecientes de la Casa Blanca al Ejecutivo de Keir Starmer.Por otro lado, Emmanuel Macron insistirá en su ofensiva diplomática que busca posicionar a Francia a la vanguardia de la regulación tecnológica y la inclusión geopolítica. En el ámbito digital, el líder galo ha convocado a figuras clave como Sam Altman, director de OpenAI, para impulsar iniciativas que contemplan la prohibición del uso de redes sociales para menores de 15 o 16 años. Al mismo tiempo, con el fin de evitar que el foro de potencias industrializadas sea visto como un bloque cerrado, el mandatario ha extendido invitaciones a sus homólogos de Brasil, Corea del Sur, India y Kenia, promoviendo un diálogo que integre las perspectivas de los países emergentes.El mundo tiene casi que reconstruirse y la cumbre del G7 en París se presenta como otra buena oportunidad para ello. Donald Trump fue duda hasta última hora en la reunión, pero se ha convertido en un clavo ardiendo para el resto de potencias y aliados -aunque ahora ya no lo sean tanto- de Estados Unidos: solo Washington puede frenar, o ayudar a ello, las dos grandes guerras en marcha en Oriente Medio y en Ucrania. No hay muchas más opciones.