Antoni Plasència, director general de Investigación e Innovación del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya, ha clausurado Summit Salud reivindicando el poder de la tecnología: “La IA tiene que ser una de las grandes palancas de transformación del sistema de salud. No puede ser más de lo mismo pero con más dinero, las oportunidades disruptivas deben ayudarnos a generar un sistema de salud que innove, que genere conocimiento y confianza, que probablemente es el factor que necesita el mundo actual”.“Confianza” es, según Plasència, la palabra clave ante un reto tecnológico que avanza a velocidad de vértigo. “Sin la confianza de los profesionales la IA no se adoptará, sin la confianza de los pacientes será percibida como una amenaza, sin la confianza social la IA puede convertirse en recelo. Y la confianza no se decreta, se construye con transparencia, participación, resultados contrastados y capacidad de explicar bien qué hacemos y por qué lo hacemos”.Plasencia ha afirmado que la IA ha dejado de ser una promesa para convertirse en un actor estructural del sistema de salud. “No es una moda sectorial –ha manifestado- sino una herramienta transversal que atraviesa todo el sistema de cabo a rabo. Y por eso no puede abordarse solo como una cuestión tecnológica: es una cuestión clínica, científica, organizativa, regulatoria, ética, económica y, finalmente, democrática”.El director general ha destacado que, como innovación disruptiva, la IA genera desarrollo económico. “Pero a la vez, según como se haga, también genera desigualdades”, ha matizado. “La pregunta no es si queremos IA en salud porque la IA ya está aquí. La pregunta es cómo queremos incorporarla, con qué garantías, con qué gobernanza, con qué objetivos y al servicio de quién”.En este sentido, Plasència defiende una IA “segura, evaluable, interoperable, transparente, respetuosa co los derechos de las personas y orientada a reducir las desigualdades”. “Que el conocimiento y los sistemas públicos de nuestro país estén al servicio de generar una prosperidad compartida”, ha proclamado.Asimismo, ha subrayado la necesidad de avanzar con precaución, de intentar igualar el ritmo acelerado de la tecnología con el de la asistencia y la investigación. A su juicio, es necesario delimitar “qué evidencia necesitamos antes de implantar la IA, cómo medimos su impacto, cómo garantizamos la supervisión humana, cómo evitamos el sesgo, cómo delimitamos la responsabilidad cínica e institucional”.Según Plasència, la IA no puede sustituir el criterio profesional, sino ampliar su capacidad, y los actores públicos no pueden ser compradores pasivos de esta tecnología: “Se está poniendo de manifiesto una tensión de fondo importante. Estamos entrando en la medicina del siglo XXI pero a menudo con marcos regulatorios y modelos de financiación propios del siglo XX”.En este sentido, Plasència ha adquirido un triple compromiso institucional: apoyo a la investigación y al conocimiento, adopción responsable de todo aquello que aporte valor y asegurar una gobernanza democrática y que la IA esté sometida al servicio de las personas. “Y esto a toda velocidad”.
“Sin la confianza de los pacientes la IA será percibida como una amenaza”
El director general afirma que esta tecnologia debe ser palanca de transformación del sistema de salud







