Josep FitaBarcelona 16/06/2026 16:01 Actualizado a 16/06/2026 18:13 De la misma manera que los profesionales sanitarios en la práctica clínica, los científicos también usan la IA en sus investigaciones. La quinta mesa redonda del congreso Summit Salud, organizado por La Vanguardia, dio buena muestra de ello. En el debate afloró una idea: cuidado con la lA, porque comete errores. De ahí que haya que tener un espíritu crítico con ella.La primera ponente en intervenir fue Núria López Bigas, responsable del laboratorio de genómica biomédica del IRB Barcelona. Ella usa IA para sus investigaciones en cáncer, y puso tres ejemplos de cómo la utiliza.Para empezar, diseñando algoritmos de aprendizaje automático (machine learning) para buscar el conjunto de propiedades de mutaciones (que son las que generan la patología) que hay en cada gen y diferenciar entre las que producen el cáncer y las que no. “Es un clásico problema de clasificación, y el sistema funciona muy bien”, admitió.Para hacer estos algoritmos, esta investigadora aprendió en su día a escribir código, a programar. Pues bien, ahora esto ha cambiado. Y es que la IA puede escribirlo. “Lo hace muy bien y muy rápido”. Gracias al tiempo que se ahorra, puede centrarse más –aseguró- en las preguntas biológicas.Núria López Bigas, durante una de sus intervenciones LV / Andreu EstebanTambién usa la IA a modo de cocientífico. Es decir, más allá de contestar preguntas en un chat, esta tecnología tiene muchas más capacidades. Y son de tal nivel que la utiliza como ayudante en el diseño de experimentos e incluso para generar hipótesis o refinarlas.Si esta investigadora usa la inteligencia artificial para estudiar el cáncer, Albert Ros, investigador del ISGlobal, lo hace para escudriñar la enfermedad de Chagas, una patología causada por un parásito tropical que afecta a más de seis millones de personas en el mundo y que cada año mata a 10.000 individuos.Para ello, trabaja con AlphaFold, un algoritmo desarrollado por Google y que es capaz de predecir la estructura de una proteína -que es lo marca su función, en palabras de Ros- solamente con la secuencia, “que es fácil de saber”.En julio del 2021, se liberó AlphaFold 2. Y no solo eso, sino que desbloquearon toda una base de datos de estructuras de proteínas, y entre ellas estaba la causante de la enfermedad de Chagas. “Nosotros la analizamos y conseguimos encontrar dos compuestos que, in vitro, funcionan bien”.Albert Ros, investigador del ISGlobal LV / Andreu EstebanAl final, la IA sirve, como recordó el tercero de los ponentes, Alfonso Valencia, director del departamento de ciencias de la vida del Barcelona Supercomputing Center, para reducir el tiempo entre el desarrollo de un algoritmo y su aplicación biológica, “algo que se ha reducido muchísimo en los últimos años”.No obstante, lanzó una advertencia: La IA es un gran avance, pero puede cometer errores. Y como seguirá cometiéndolos, hay que tener capacidad crítica –avisó- para evaluarla. “Cuando se trata de diagnósticos de personas, es complejo. Incluso para un profesional”, arguyó.Alfonso Valencia, en un momento del debate LV / Andreu EstebanCada uno de los ponentes expuso un reto pendiente. Valencia pidió una simplificación de la burocracia para llevar la IA a la práctica. “En EE.UU. se reduce, pero aquí no. Y eso es un freno a la cadena de desarrollo”. También reclamó más inversión en investigación, en todos los ámbitos.Por su parte, Albert Ros reclamó más herramientas en abierto, y Núria López Bigas un mayor acceso a los datos clínicos de pacientes. Licenciado en Periodismo por la UAB, trabaja en La Vanguardia desde el 2010. Actualmente, en la sección de Sociedad, donde escribe sobre salud, ciencia o educación. Antes había trabajado en la Cadena Ser y COM Ràdio. jfita@lavanguardia.es