Hasta hace tres meses, en la Casa Rosada se discutía cómo fortalecer a Manuel Adorni. Hoy, en cambio, todo gira en torno a quién podría reemplazarlo si la presión judicial y política continúa escalando. La diferencia entre una conversación y la otra ayuda a medir hasta qué punto el caso llegó a una zona de máxima tensión para el Gobierno. Nadie habla de una salida inminente ni mucho menos de una decisión tomada. Javier Milei sigue sosteniéndolo. Pero el hecho mismo de que haya comenzado una silenciosa danza de candidatos a sucederlo revela que la figura del jefe de Gabinete se transformó en un asunto que la Casa Rosada siente que ya no puede administrar indefinidamente.

El nombre que aparece primero en casi todas las conversaciones es el de Pablo Quirno. El canciller reúne varias de las características que el oficialismo considera imprescindibles para el cargo. Tiene perfil técnico, buena relación con los distintos ministerios y, sobre todo, un vínculo fluido con Karina Milei. En Balcarce 50 destacan además su bajo perfil y una cualidad que hoy se volvió especialmente valiosa: no arrastra controversias propias que amenacen con consumir la agenda política del Gobierno.

Sandra Pettovello es otra dirigente que aparece recurrentemente en la danza de nombres. Sin embargo, quienes la conocen descartan que tenga intenciones de abandonar el Ministerio de Capital Humano. La funcionaria conserva un vínculo privilegiado con Milei y mantiene un margen de autonomía poco habitual dentro del gabinete. Pero la Jefatura de Gabinete implica otra dinámica: una subordinación cotidiana mucho más intensa respecto de la hermana del Presidente, la figura que concentra buena parte del poder político del oficialismo. Y Pettovello no parece dispuesta a resignar el lugar que construyó para pasar a administrar el día a día de la secretaria general.