M�s all� de las pol�ticas, la burocracia y la fr�a econom�a, desde sus or�genes y con cimas brillantes como el Renacimiento y la Ilustraci�n, Europa comparte una cultura com�n. Una historia, una literatura, una m�sica, un arte, una arquitectura y una ciencia que forman el cimiento de lo que somos y de lo que deber�amos aspirar a ser. Invitamos a 13 de los mejores escritores del continente a explicar qu� significa para ellos ese sustrato cultural com�n que llamamos Europa.ENRIQUE VILA-MATAS, Espa�aHubo un tiempo en el que Europa se extend�a ante m� como una conversaci�n infinita. Hasta que un d�a entrev� su m�s turbadora se�a de identidad. George Steiner ni se despein� al se�alarla: Europa siempre ha cre�do que perecer�. Basta que demos hoy una vuelta por ella para comprenderlo: supervivencia de los odios �tnicos, patrioterismo nacionalista, retorno del antisemitismo, uniformizaci�n cultural que, a consecuencia de la globalizaci�n, lo ti�e todo de mediocridad. Y no ser� porque Flaubert no lo advirtiera cuando escribi� en 1876: �Llegar� un tiempo en que todo el mundo se habr� convertido en un hombre de negocios y en un imb�cil (para entonces, gracias a Dios, ya habr� muerto). Peor lo pasar�n nuestros sobrinos. Las generaciones futuras ser�n de una tremenda estupidez y groser�a�.Concluida la Segunda Guerra Mundial, se reconstruy� la Europa desaparecida f�sicamente pero muy poco, o nada, el �mbito espiritual y cultural en el que hab�a nacido, como si no interesara volver a forjar el hogar y la civilizaci�n europea. Y as� nos va, y as� nos vemos. Europa teme y cree ahora m�s que nunca que desaparecer�. Es posible que estemos horrendamente solos. Y que, como alguien dijo, todos somos Hamlet, el final protestante.THEODOR KALLIFATIDES, Suecia / GreciaEn 1943 mi pueblo en Grecia fue bombardeado por �ltima vez por aviones brit�nicos. El nazismo estaba perdiendo la guerra, y as� fue. Un momento de alegr�a, pero al mismo tiempo comenz� la guerra contra el comunismo estalinista, no con armas, sino con la cultura. De alguna manera fue decisivo para Europa. Francia tom� la delantera. Par�s se convirti� en el centro mundial de toda la vida cultural relevante. Nuevos fil�sofos, nuevos pintores y escultores, nuevos compositores. En mi escuela conjug�bamos el verbo �amar� con gran entusiasmo porque nuestra profesora era joven y guapa. La era francesa no dur� mucho. La literatura y la m�sica de EEUU, novedosas y m�s vibrantes, se impusieron, especialmente entre los j�venes. Lentamente, se form� en Europa una nueva �lite, educada en universidades estadounidenses y devota del nuevo dios: el d�lar.Y as� ha continuado. Los l�deres de la nueva Europa est�n m�s o menos americanizados. Viejos sue�os mueren, pero no siempre. El sue�o nazi de dominaci�n mundial ha sido reemplazado por el capitalismo y el mercado. Si algo distingue a la nueva �lite es precisamente la ausencia total de intereses culturales. Para ellos, la historia del mundo ha terminado con la dominaci�n del capital. Eso es lo que quieren, eso es lo que buscan y son capaces de forjar cualquier alianza para lograrlo.Europa seg�n la mitolog�a tiene ojos hermosos grandes y si quiere sobrevivir debe usar esos ojos para ver a la bestia que crece d�a a d�a y que, tarde o temprano, conducir� a lo que m�s se debe evitar: una nueva guerra mundial. Hasta ahora, parece que solo Espa�a resiste. El resto de Europa est� gastando m�s dinero que nunca en rearme. Un d�a negro llegar� la guerra que significar� el fin violento del mundo tal como lo conocemos. Mis nietos no leer�n a Homero, quien escribi� que la guerra es la fuente de todas las l�grimas y Europa, con sus hermosos ojos, quedar� completamente ciega. Espero estar equivocado.Para saber m�sLIUDMILA UL�STKAYA, RusiaEn 2014 visit� Salzburgo para participar en un festival cuyo tema era el centenario de la Primera Guerra Mundial y las lecciones que a�n no hemos aprendido. Durante el acto de inauguraci�n, dos magn�ficos actores le�an un di�logo de Los �ltimos d�as de la humanidad, la extra�a obra de 800 p�ginas de Karl Kraus escrita entre 1915 y 1919. Me pregunt�: ��Qu� ha ocurrido en el mundo para que tenga que recordarse de nuevo una profec�a de hace 100 a�os?�.Escuch� los discursos de los dirigentes austr�acos: el gobernador de Salzburgo, el ministro de Cultura y el presidente de la rep�blica. Sorprendentemente, me conmovieron profundamente. Era una sensaci�n completamente incomprensible para una ciudadana rusa. Hablaban personas cultas y educadas cuyos discursos se parec�an m�s a las conferencias de profesores universitarios que a las intervenciones de los funcionarios de partido a las que los rusos estamos acostumbrados desde la cuna.Hablaron de la relaci�n entre cultura y pol�tica y suscitaron reflexiones sobre una posible destrucci�n del mundo. Compararon dos momentos hist�ricos: los a�os anteriores a la guerra a comienzos del siglo XX y los primeros a�os del siglo XXI. Todos regresaban una y otra vez a la misma cuesti�n: el entusiasmo popular, la aceptaci�n de la guerra por parte de los intelectuales europeos o las escasas voces de protesta. Pero lo m�s importante era la inquietante semejanza en el auge sin precedentes de los sentimientos nacionalistas, la explotaci�n del concepto de patriotismo y el respaldo a los sentimientos de exclusividad y superioridad nacional."Europa teme y cree ahora m�s que nunca que desaparecer�. Es posible que estemos horrendamente solos"Enrique Vila-MatasVerg�enza e impotencia. Viviendo en Rusia percibo estos sentimientos con especial intensidad. No participo en pol�tica, pero digo lo que pienso cuando me lo preguntan. Por ello me acusan de odiar a mi pa�s y resulta in�til justificarse. No hay odio en m�; s�lo verg�enza e impotencia. Hoy mi pa�s ha declarado la guerra a la cultura, a los valores del humanismo, a la idea de las libertades individuales y de los derechos humanos. Mi pa�s padece la enfermedad de la ignorancia agresiva, del nacionalismo y de los delirios imperiales. La cultura ha sufrido una dura derrota en Rusia. Nosotros, las personas de cultura, no podemos cambiar la pol�tica suicida de nuestro Estado. La comunidad intelectual est� dividida. Una vez m�s, como a comienzos del siglo pasado, una minor�a se opone a la guerra mientras mi pa�s empuja cada d�a al mundo hacia una nueva guerra. Nuestro militarismo afil� sus garras en Chechenia y Georgia y ahora se entrena en Ucrania.�Adi�s, Europa! Me temo que nunca podremos integrarnos en la familia europea de naciones. Nuestra gran cultura -Tolst�i y Ch�jov, Chaikovski y Shostak�vich, pintores, artistas, fil�sofos y cient�ficos- no ha sido capaz de detener las pol�ticas de los fan�ticos religiosos, las ideas comunistas de ayer ni las pol�ticas de los necios codiciosos de hoy. Durante 300 a�os, nosotros, las personas de la cultura, encontramos fuerza e inspiraci�n en las mismas fuentes que todos los europeos: Dante, Bach, Beethoven y Shakespeare. No hemos perdido la esperanza. Sin embargo, hoy la peque�a parte de la cultura rusa a la que pertenezco, s�lo podemos decir una cosa: ��Adi�s, Europa!�.MIRCEA CARTARESCU, Ruman�aEl pueblo rumano quiere mucho a Europa porque, a diferencia de otros estados que nacieron europeos, Ruman�a ha tenido que luchar para serlo. Los rumanos so�amos con Europa durante 200 a�os. Me siento muy cercano a mi comunidad y a la lengua rumana, pero tambi�n muy ligado a la identidad europea. Europa es mi segunda patria, es un elemento esencial en mi identidad, as� pues, creo en una patria nacional y en una patria supranacional. Creo profundamente en el concepto de Europa, en una Europa unida y en su n�cleo, que es un n�cleo cultural.Rimbaud, Cervantes, Kafka, Unamuno, Goethe, Thomas Mann... a mis escritores no los busqu� en un mapa, los encontr� en las estanter�as de la biblioteca de mi pueblo, colocados el uno detr�s del otro, sin ninguna frontera entre ellos. M�s que ning�n otro lugar, Europa representa la cultura. Su columna vertebral est� hecha de libros, cuadros, canciones..., unidos todos ellos bajo el esfuerzo filos�fico de entenderse a s� misma. La literatura tiene mucho que decir sobre Europa, quiz�s no tendr� las respuestas, pero plantea las buenas preguntas. Y, puesto que yo soy un artista, considero que Europa es, por encima de todo, un concepto cultural; despu�s viene la Europa econ�mica y pol�tica. El continente se encuentra en su momento m�s dram�tico desde la Segunda Guerra Mundial, una situaci�n muy dif�cil a todos los niveles. Los rumanos estamos muy asustados, tenemos una larga frontera con Ucrania, que est� tan cerca que podemos o�r c�mo estallan las bombas. Pero adem�s de Putin est�n la desigualdad, las crisis, el nacionalismo... Jam�s Europa ha estado en una situaci�n tan complicada y merece ser defendida.Lo que me preocupa es que en estas circunstancias muchos pa�ses y muchas personas se convierten en euroesc�pticos, como si la culpa de los problemas fuera de Europa. El �ltimo de los refugios cuando la educaci�n y la cultura fallan es el nacionalismo y como creo en el mundo libre, me provoca mucha tristeza que sean precisamente los pa�ses del Este los que manifiestan con especial virulencia esta tendencia. Yo, por el contrario, sigo creyendo en sus valores, que son los de la democracia, la tolerancia, la generosidad, el amor por el arte y el conocimiento. Sigo creyendo en el valor cultural de este continente y creo que su herencia cultural debe seguir. Las ideolog�as pueden ser diferentes, pero en el arte siempre encontraremos un inconsciente colectivo europeo. Como dice Donald -Tusk, no Trump-: �Unidos permaneceremos, separados desapareceremos�. �ste es el valor que tendr�a que orientar la Europa del futuro. Permanecer juntos es la �nica forma de afrontar los terribles desaf�os econ�micos, pol�ticos e ideol�gicos de este mundo demente. Mi Europa no tiene muros o telones de acero, no tiene fronteras, vive en mis genes, mi mente y mi coraz�n.DACIA MARAINI, ItaliaEuropa es mi amiga, Europa es mi familia. Europa me acoge y me nutre. Europa, en su dif�cil pero vital proceso de unificaci�n tras siglos de conflictos internos, me llena de satisfacci�n porque ha brindado 80 a�os de paz, porque ha legitimado la libre circulaci�n de bienes y personas (Schengen), porque ha establecido la estabilidad econ�mica (el euro), porque ha creado un sistema vital de intercambio y aprendizaje para los j�venes (Erasmus). Sin embargo, muchos critican a la Europa actual porque la consideran ineficiente, d�bil y, al mismo tiempo, que impone demasiadas normas restrictivas. Al condenar a Europa se condena la democracia, otro de los valiosos logros alcanzados tras siglos de monarqu�as absolutistas, totalitarismo, nacionalismo y presiones colonialistas.De un conjunto de pa�ses enemigos que se han aniquilado mutuamente durante siglos, Europa ha llegado a un sistema de coexistencia pac�fica y creativa. Quiz�s tambi�n gracias a los grandes libros, la gran m�sica y el gran arte de los numerosos pa�ses europeos que crearon lazos e intercambios antes de la �ltima decisi�n pol�tica y econ�mica... Creo que las diferencias deben preservarse y defenderse, pero tambi�n creo en la existencia de valores que se pueden compartir, como la paz, el respeto a los dem�s, la prohibici�n de cualquier uso de la violencia, tanto privada como p�blica, la condena de todo abuso, toda explotaci�n, toda intimidaci�n...Y dado que actualmente se denigra abiertamente la palabra democracia, quiero aclarar qu� entiendo por ella. Cuando las instituciones de un pa�s son independientes y aut�nomas, libres para criticar a otras instituciones, podemos hablar de democracia. Sin embargo, cuando todas las instituciones est�n gobernadas, dirigidas y decididas por un �nico l�der y sus seguidores, nos encontramos ante un r�gimen dictatorial. Pero, �cu�l es la alternativa a la democracia hoy para quienes la critican? �Qu� posible gobierno futuro proponen te�ricos como Peter Thiel y Ren� Girard? Una tecnocracia de multimillonarios que controlar� todos los medios de comunicaci�n. Una privatizaci�n del conocimiento y la comunicaci�n globales que, sin duda, conducir�a a decisiones r�pidas, pero que privar�a a los ciudadanos de toda libertad. Si usted cree que esta es la alternativa, no estamos de acuerdo. No creo que podamos hablar de una alternativa cre�ble a la democracia, a pesar de todas sus dificultades y fragilidades. Por eso apoyo a Europa por sus valores de libertad y democracia, de los que debemos estar orgullosos.GUEORGUI GOSPOD�NOV, BulgariaHace alg�n tiempo, Elon Musk afirm� que la empat�a es el punto d�bil de Europa. Los pol�ticos, incluidos los europeos, se sumaron de inmediato y les gust� mucho esta frase. La empat�a no es el tal�n de Aquiles de Europa. La empat�a es el escudo de Aquiles. �Recuerdan el Canto XVIII de la Il�ada, el de la forja del escudo? Hay de todo en �l: celebraciones, veranos e inviernos, campos y ciudades, hombres, mujeres, ni�os, la vida entera. Porque el escudo de la empat�a est� del lado de la vida y de lo humano. Siempre contra aquellos que atacan con los dardos untados de odio, que intentan amputar lo humano del hombre para que sea m�s f�cil de manipular. Contra aquellos que, a trav�s del lenguaje, reducen el sentido y estrechan las dimensiones del mundo. Ellos lo saben: uno de los rasgos m�s humanos -la capacidad de sentir compasi�n por el otro- es de los m�s dif�ciles de ser uncidos por la ideolog�a. Y por eso atacan la empat�a de Europa. No en �ltimo lugar, porque esa cualidad es absolutamente inexplicable e inalcanzable para ellos. Estar�a bien que hoy Europa volviera a los inagotables recursos de la cultura, la filosof�a, la literatura, las artes, que abriera sus dep�sitos y recordara de nuevo todo ese conocimiento secular acerca del hombre, que es a la vez ethos y escudo frente a la barbarie de los nuevos dictadores, populistas y traficantes de nacionalismo. Estos yacimientos de cultura son m�s perdurables que todos los de petr�leo y gas natural en torno a los cuales hoy se libran guerras.En este sentido, nuestra responsabilidad no es solo con el presente, es una responsabilidad hist�rica que se despliega hacia atr�s en el tiempo. Tras cada cat�strofe humana que hemos permitido que ocurra hemos podido o�r los gritos de los que nos precedieron: fil�sofos, poetas, narradores de historias... Nuestro escudo ha sido forjado por ellos. En realidad, la empat�a se revelar� como el punto m�s fuerte de Europa. Porque hay que ganar la batalla m�s importante: la batalla contra la deshumanizaci�n.GON�ALO M. TAVERES, PortugalMe interesa pensar en el CI de Europa, la inteligencia europea, pero tambi�n en su EQ, ese Cociente Emocional. En otras palabras: �sigue Europa movi�ndose por lo que deber�a moverse? En Europa, �los europeos se emocionan con los programas de telerrealidad o con lo que est� ocurriendo en Oriente Medio y otros lugares? �Cu�nta empat�a hay en Europa por los terribles acontecimientos y asesinatos que est�n ocurriendo? Aqu� va una pregunta importante: �cu�nta empat�a se produce en las f�bricas de opini�n de Europa? Tambi�n podemos pensar en el cociente �tico. �Cu�l es la cantidad de �tica por metro cuadrado en Europa? �Podemos pensar en la producci�n de democracia y libertad como algo que depende de la inversi�n? Imagina que un continente puede producir bienestar, libertad y empat�a del mismo modo que produce otras materias primas...Europa sigue siendo un continente admirable en varios aspectos. Hay pensamiento, emoci�n y democracia en altas concentraciones. Eso es cierto, pero el ox�geno pol�tico producido en Europa por la cantidad de humanos juntos tambi�n est� lleno de sustancias peligrosas: una especie de CO2 de extrema derecha, por ejemplo. Pero en esencia, de momento, podemos respirar democr�ticamente bien. S�, el ox�geno no es completamente puro, pero quiz�s esta pureza solo pueda ser emitida por los �ngeles en el para�so. Por supuesto, todos querr�amos m�s en cada uno de estos aspectos. Querer m�s forma parte del ser humano individual y de la comunidad, pero Europa est� ah� con su producci�n de leyes que contin�an respetando m�nimamente a los seres humanos, a las minor�as, e incluso, en el l�mite, a quienes cometen delitos -la ausencia de la pena de muerte es algo de lo que deber�amos estar orgullosos-. Pero sigue existiendo pobreza, y eso me parece inaceptable. Creo que est� claro: la pobreza dinamita la democracia, excluye a los ciudadanos de la libre participaci�n p�blica. Con altos niveles de pobreza, los niveles de democracia son bajos. No creo que la democracia sea solo eso de votar cada cuatro a�os, de eso de las libertades b�sicas, de libertad de prensa, etc. Por supuesto, es indispensable, pero �de qu� sirve para una persona pobre, para una persona sin hogar, tener libertad de expresi�n? La pobreza debe asumirse como enemiga de Europa.Por supuesto, sabemos que existen peligros externos: con la invasi�n de Ucrania resurge la pesadilla de una nueva guerra en Europa y en varios pa�ses ha comenzado una carrera armament�stica. No debemos ignorar este miedo ni las precauciones que hay que tomar, pero dir�a que el enemigo interno de Europa es la pobreza, la exclusi�n social. Es su mayor fracaso porque solo depende de s� misma, de sus gobiernos, de sus medidas, de sus inversiones. A pesar de todo, Europa sigue ah�, en el centro de las libertades y con una empat�a que cada vez falta m�s en gran parte del mundo. Minima Moralia, escribi� Adorno, y esa empat�a m�nima es la que debe exigirse a los europeos hoy."Nuestra gran cultura no ha sido capaz de detener las pol�ticas de los fan�ticos religiosos, las ideas comunistas de ayer ni las pol�ticas de los necios codiciosos de hoy"Liudmila Ul�stkayaJONATHAN COE, Reino Unido (Inglaterra)Gran Breta�a se convirti� en miembro de las Comunidades Europeas en enero de 1973, cuando yo ten�a 11 a�os. Nunca cuestion� nuestra pertenencia a la familia de pa�ses europeos hasta 2016, cuando se pidi� al pueblo brit�nico que votara sobre si dese�bamos seguir formando parte de ella. Durante la campa�a del refer�ndum se minti� repetidamente a los votantes sobre los beneficios de abandonar la UE. Diez a�os despu�s, la mayor�a de nosotros lamenta la decisi�n y desea reincorporarse: parad�jicamente, ahora tenemos un mayor sentido de nuestra identidad europea que antes del Brexit. Como muchos otros, siento que una parte fundamental de mi identidad se vio vulnerada por nuestra salida de la UE, pero culturalmente me siento m�s conectado con el resto de Europa que nunca (sobre todo, porque hoy Estados Unidos no puede considerarse nuestro aliado).Lo que m�s me conecta con la tradici�n literaria europea es su vena de iron�a, de autocr�tica y de dudas existenciales: se encuentra en una de las primeras novelas europeas, y a�n una de las m�s grandes, El Quijote, y posteriormente en Swift, Voltaire, Sterne, Flaubert, Flann O'Brien, Calvino y muchos otros. La grandeza de la cultura europea reside en esta capacidad de autoan�lisis y de radical ambig�edad. Desafortunadamente, en la actualidad muchos votantes europeos, como hicimos los brit�nicos en 2016, buscan certezas sencillas. Espero que no tengan que arrepentirse.IIDA TURPEINEN, FinlandiaVivimos tiempos turbulentos, y eso se refleja tambi�n en la Uni�n Europea, ya que los desaf�os globales que plantean el panorama econ�mico actual, el cambio clim�tico, la sexta extinci�n y la cambiante din�mica geopol�tica ponen en entredicho nuestros modos de vivir y de pensar. Europa es un espacio cultural diverso y variado. Esta riqueza reside en ello, pero tambi�n implica que en el centro de un proyecto como la Uni�n Europea se encuentran la gesti�n y negociaci�n de la diversidad y las diferencias. Como finlandesa, reconozco el sesgo cultural y econ�mico en la UE, especialmente en c�mo el llamado �Norte frugal� presenta a veces a naciones del Sur como Italia, Grecia y Espa�a como menos responsables fiscalmente, un discurso que se hizo m�s evidente durante la crisis de la deuda de la eurozona. Sin embargo, mi formaci�n es humanista y tiendo a pensar en Europa en t�rminos culturales. El Renacimiento, la Ilustraci�n, el Humanismo y la filosof�a cl�sica tuvieron profundas ra�ces en el Sur y, para m�, los pa�ses mediterr�neos, y sus culturas constituyen el n�cleo de la identidad cultural e hist�rica de Europa.Esta cuesti�n toca la esencia misma de la identidad de la Uni�n Europea y su trayectoria hist�rica, en particular la transici�n de un continente asolado por guerras de conquista a uno que abraz� la idea de una paz duradera. La invasi�n rusa de Ucrania ha puesto en tela de juicio esta narrativa de maneras que tienen profundas implicaciones para el futuro de Europa, pero creo firmemente que Europa debe seguir priorizando la diplomacia y la paz.Y ah� es clave la literatura. Si bien siempre he tendido a ver con cautela la representaci�n de la literatura como una herramienta utilizable con fines pol�ticos, al mismo tiempo creo que tiene la capacidad de fomentar la comprensi�n, la empat�a y un sentido de identidad compartida, aspectos fundamentales para crear un sentimiento europeo de unidad. Creo que la literatura y el arte pueden desempe�ar un papel crucial en la b�squeda de la paz. Como poderoso ant�doto contra la deshumanizaci�n, precursora de la guerra, la empat�a nos exige comprender la vida interior de los dem�s. La literatura sobresale en esta tarea ofreci�ndonos comprensi�n de las emociones, motivaciones y experiencias ajenas, cultivando as� esa tan necesaria hoy en d�a capacidad de empat�a.SLAVENKA DRAKULIC, CroaciaEn Europa del Este la imaginaci�n y la memoria desempe�an un papel fundamental en la configuraci�n de su relaci�n con Europa Occidental. Divididas internamente entre los imperios otomano y austroh�ngaro mucho antes de la ocupaci�n sovi�tica tras la Segunda Guerra Mundial, Bulgaria, Rumania, Polonia, Checoslovaquia y Hungr�a estaban, sin embargo, unidas por un fuerte sentido de identidad y pertenencia a la misma cultura, valores y costumbres que la parte occidental del continente.Juntos, creamos la imagen de Europa como una t�a anciana y benevolente que nos esperaba con los brazos abiertos, dispuesta a colmarnos de lujos dif�ciles de conseguir: Coca-Cola, chocolate Toblerone, vaqueros y zapatillas Adidas. Durante d�cadas, so�amos con regresar a esa familia perdida. Nuestros mejores artistas, como el checo Milan Kundera, reforzaron nuestra creencia en este derecho a reivindicar una identidad occidental cuando, en 1984, escribi� su famoso ensayo La tragedia de Europa Central. Seg�n �l, existe una distinci�n entre pol�tica y cultura, y el espacio entre Rusia y Alemania (Praga, Viena y Budapest), definido no por fronteras sino por la cultura o el destino, hab�a sido durante mucho tiempo el coraz�n del arte y la cultura europeos. Cre� la noci�n de Europa Central porque, como �l mismo dec�a, �Rusia es otra civilizaci�n�.As�, incluso separada de Occidente -secuestrada, desplazada y adoctrinada-, esa Europa defendi� su identidad occidental. Su tragedia, escribi� Kundera, fue que, a los ojos de su amada t�a Europa, no era m�s que una parte del Imperio Sovi�tico y nada m�s. Casi 40 a�os despu�s de la ca�da del Muro de Berl�n, la realidad es que s�, ahora formamos parte de la familia, pero como un hijo adoptivo, no se nos quiere del mismo modo que a los dem�s. La separaci�n dur� demasiado. Si hoy estamos menos marginados culturalmente, somos m�s visibles y estamos m�s incluidos, la paradoja es que esto ocurre cuando la cultura misma est� perdiendo importancia en la defensa de los valores comunes. S�, ha habido avances, pero el sabor es amargo. Europa resulta ser como una mermelada de naranja agridulce.COLM T�IB�N, IrlandaMe encantan los lugares donde el Atl�ntico llega a Europa: Irlanda, Galicia, Portugal, Islandia, Noruega. Tambi�n los lugares donde el islam, antiguo y moderno, llega a Europa: Turqu�a, el sur de Espa�a, Sicilia. Me encanta la Europa de Bart�k, Bergman, Webern, un lugar donde hay espacio para la melancol�a oscura, la misantrop�a y la tristeza estacional. No amo la Uni�n Europea, sino que me gusta. La Uni�n Europea no nos pide que la amemos. Es laica y sensata y a menudo falla. Trabaja con la vaga idea de que existe algo como Europa, tal vez incluso una cultura europea. Una cultura que privilegia la autocr�tica, que cree tanto en la soledad como en la vida social, que parece ser m�s popular en nuestras grandes ciudades que en el campo. La Uni�n Europea que tambi�n se horroriza ante la sola idea de la pena capital, lo cual es m�s de lo que se puede decir de Estados Unidos y gran parte de Oriente Medio y China.La UE trabaja para dar a las personas las mismas oportunidades. En el peor de los casos, adolece de una especie de buena voluntad torpe. Gobierna sin poes�a y esto puede parecer malo, pero es bueno para la poes�a en s�, ya que se le otorga un espacio puro, su propia autonom�a. Pero la UE tambi�n gobierna sin grandilocuencia, y esto significa que podemos despreciar la de los aut�cratas cuando la vemos. �Cu�ntos v�tores para Europa? Tres, creo, son demasiados, demasiado ruidosos y jactanciosos. �Qu� tal dos y medio?ANDREW O'HAGAN, Reino Unido (Escocia)Al crecer en Escocia, siempre me sent� parte de un vasto y creciente experimento europeo. Ninguno de los pa�ses que admiraba hab�a perdido su identidad por formar parte de Europa. Los espa�oles parec�an m�s espa�oles, los franceses m�s franceses y los alemanes m�s alemanes, pero estas fuertes identidades parec�an mantenerse sanamente en solidaridad. El mutualismo parec�a natural y enriquecedor. Quer�a que Gran Breta�a formara parte de eso, resistiendo cierta paranoia innata nuestra, cierta actitud defensiva insular ante la posibilidad de perdernos en climas m�s soleados con mejor caf� y buenas naranjas.Como sabemos, fue la paranoia la que triunf�, pero, si acaso, nuestro experimento de autodestrucci�n solo ha aumentado la conciencia de la fortaleza de la Uni�n Europea. Nuestros pol�ticos de derechas nos prometieron un mejor acuerdo, pero ahora vemos que nos han dejado de lado y que toda nuestra cultura parece aislada, temerosa, amarga y agresiva. Europa es una visi�n autosostenible de cooperaci�n con una larga memoria de la necesidad de equilibrarse mutuamente. Hay trabajo por hacer, pero cada una de las naciones miembro cuenta con el respaldo de sus vecinos, el respeto de sus socios y la fuerza combinada de sus intereses comunes. Espa�a -como demostr� hace poco con su gesti�n de las amenazas de Trump- puede hablar por s� misma, y m�s a�n porque cuenta con un vasto entramado cultural de bienestar a su alrededor. �Nadie es una isla�, escribi� el gran poeta John Donne. Y ese siempre ha sido el objetivo en un contexto global: tender puentes con los dem�s para protegernos y mejorar.Pero cuando uno quema sus puentes y da la espalda, solo habla consigo mismo. Y esa es la realidad actual de Gran Breta�a. Somos m�s d�biles solos, desconectados de nuestro contexto empresarial m�s amplio y de nuestra riqueza cultural, y la peque�ez que siempre temimos se ha convertido en nuestra condici�n inherente. Mientras luchamos por adaptarnos, al menos demos una lecci�n al resto de Europa. El contundente ejemplo de nuestro grave error podr�a resultar ser la mayor contribuci�n que jam�s hayamos hecho los brit�nicos a Europa.DANIEL KEHLMANN, AlemaniaCuando era joven, Europa era un campo de batalla. Fronteras, monedas, sospechas que se remontaban a siglos de guerras. Cruzar de un pa�s a otro implicaba papeles, preguntas, un cambio de moneda y, a menudo, un cambio de humor. Lo d�bamos por sentado, como quien da por sentada una herida que siempre ha estado ah�.Lo que cambi� no fue grandioso, fue pr�ctico, casi mon�tono. Se pod�a conducir de Berl�n a Madrid sin detenerse ante un control fronterizo. Un estudiante de Lisboa pod�a estudiar en Viena. Una joven m�sica pod�a tocar en ciudades que, una generaci�n antes, sus abuelos solo hab�an visto como lugares de guerra. Son peque�as cosas, y son las peque�as cosas las que hacen que un continente aprenda a confiar en s� mismo. Nunca he cre�do que Europa se mantenga unida por tratados o mercados. Estos importan, pero son el marco, no la imagen. Lo que mantiene unida a Europa es la t�cita suposici�n de que la persona al otro lado de una antigua frontera no es un enemigo. Esa suposici�n se pag� a un precio terrible, y se puede perder.Espa�a lo entendi� hace 40 a�os. Unirse fue elegir un futuro sobre un pasado, la apertura sobre el miedo. Esa decisi�n debe repetirse en cada generaci�n, por personas que nunca vieron las barreras y que tal vez desconozcan su precio. Europa no ha terminado. Es una promesa que seguimos renovando, porque la alternativa es algo que ya hemos visto y que la mayor�a, espero, no querr�amos volver a ver.