Pablo Gil, economista y analista financiero, ha lanzado una advertencia sobre el ahorro en España: muchas personas aseguran que no pueden guardar dinero, pero, en realidad, el problema está en cómo organizan sus gastos. Este debate sobre las finanzas personales suele girar en torno a los bajos salarios, la inflación, el precio de la vivienda o el aumento del coste de la vida. Son factores reales y condicionan la capacidad económica de muchos hogares. Sin embargo, Pablo Gil introduce un matiz importante: no todas las personas que dicen no poder ahorrar están en la misma situación. El economista diferencia entre quienes realmente no llegan a final de mes y quienes sí tendrían margen, pero no aplican un orden correcto en sus finanzas personales. En el pódcast ‘Morir de éxito’, Gil fue claro: “Hay gente que no puede, hay gente que de verdad te das cuenta que no llega, porque es que materialmente con lo que gana y las cargas sociales que tiene, no llega. Pero hay un segmento muy grande del no puedo, que dice 'no puedo', no, es que lo haces mal, es que no te organizas y el problema es que gastas lo que tienes porque decides ahorrar después de haber gastado”. El error de ahorrar solo lo que sobra La idea central de Pablo Gil es sencilla, pero afecta a una parte importante de la economía doméstica: muchas personas colocan el ahorro al final del proceso, cuando ya han consumido, pagado y gastado en ocio, tecnología, ropa o pequeños caprichos. Para el analista, ese orden explica por qué hay familias con ingresos suficientes que, aun así, viven sin margen. “El problema es que gastas lo que tienes porque decides ahorrar después de haber gastado. No detraes el ahorro primero y después gastas lo que te queda”, explica. Ese cambio de enfoque es uno de los consejos más repetidos por los expertos en finanzas personales: tratar el ahorro como un gasto fijo más, no como una cantidad residual. En otras palabras, apartar una parte del ingreso al principio del mes y construir el resto del presupuesto con lo que queda disponible. El economista también pone el foco en una cuestión incómoda: la facilidad con la que algunos gastos se presentan como inevitables cuando, en realidad, responden a decisiones de consumo. Pablo Gil puso el ejemplo más cercano, el de una de sus hijas: “Me acuerdo una vez muy enfadada con la política, el gobierno, ‘es que tú no entiendes porque claro, tú ganas mucho más’, me estás soltando un rollo y tienes en la mano un iPhone que vale mil pavos. Digo, bájate ya de este cuento de no puedo, cómprate un móvil de 250 que los hay que están muy bien y ya tienes 750 ahorrados para, por ejemplo, invertirlos”. La reflexión no se limita al teléfono móvil. Gil plantea que muchas decisiones cotidianas, tomadas de forma automática, acaban reduciendo la capacidad de ahorro: comprar siempre productos de marca, renovar dispositivos antes de tiempo o asumir que ciertos caprichos forman parte de un nivel de vida irrenunciable. “Tú puedes comprarte ropa más barata y cosas que no son de marca. A lo mejor descubres que eres igual de feliz sin tener esos caprichos de última moda y has cumplido con el objetivo número uno, que es vivir más desahogado, tener un ahorro determinado, algo que te permita un colchón de emergencia por si surge un problema y no tener que llamarnos para pedirnos dinero”, reflexiona. Pablo Gil, economista y analista financiero, ha lanzado una advertencia sobre el ahorro en España: muchas personas aseguran que no pueden guardar dinero, pero, en realidad, el problema está en cómo organizan sus gastos.
Pablo Gil, economista: "En España hay un segmento muy grande que sí puede ahorrar pero lo hace hace mal"
Pablo Gil, economista y analista financiero, ha lanzado una advertencia sobre el ahorro en España: muchas personas aseguran que no pueden guardar dinero, pero, en realidad,








