El principio de acuerdo alcanzado entre EE.UU. e Irán está previsto que sea firmado el próximo viernes en Ginebra. Faltan cuatro días, durante los cuales cualquier chispa puede hacer saltar por los aires ese frágil memorando de entendimiento que debe garantizar 60 días de tregua y la reapertura inmediata del estrecho de Ormuz. Y a nadie se le escapa que la mayor amenaza para hacerlo descarrilar es Israel y su primer ministro, Beniamin Netanyahu.Israel no ha participado en las negociaciones y no se siente concernido por el acuerdo. Netanyahu ha dejado de alinearse con EE.UU., pese a ser muy consciente de que es su principal apoyo y valedor. El memorando entre Trump y los ayatolás incluye Líbano y exige el cese de los combates tanto por el Estado israelí como por Hizbulah. Pero Netanyahu no lo ha firmado e insiste en que su objetivo irrenunciable es acabar con Hizbulah en el sur del país de los cedros como única manera de garantizar la seguridad de la población que vive en el norte de Israel. No piensa cambiar sus planes, que también incluían al comienzo de la guerra acabar con el régimen de los ayatolás en Irán, cosa que tampoco ha logrado. No acepta que el principio de acuerdo limite la libertad israelí de acción militar, aunque resulta evidente que su estrategia de emplear la fuerza para doblegar la región a su voluntad –de la que ha hecho su bandera ante las próximas elecciones generales– ha fracasado.El Gobierno israelí ya avanzó ayer que mantendrá sus tropas en Líbano “sin límite de tiempo” y no las retirará “pese a las presiones existentes y las que aún vendrán”, según su ministro de Defensa, Israel Katz. El titular de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, fue también muy claro al señalar: “No somos socios de este acuerdo, que no garantiza nuestra seguridad y no nos vincula de ninguna manera”. Los dos son exponentes del ala más radical del Ejecutivo, pero sus palabras son un desafío en toda regla a Trump. Estamos ante un evidente enfrentamiento entre los intereses de EE.UU. y las prioridades de seguridad de Israel.Las tropas israelíes seguirán la guerra en Líbano pese al acuerdo entre EE.UU. e IránTrump lleva ya un tiempo descalificando a Netanyahu, a quien creía su mejor aliado pese a que le metió en la guerra y del que ahora declara que “no tiene ni una puta brizna de criterio”, tras decir días atrás que el premier israelí estaba “jodidamente loco” y que “estarías en la cárcel si no fuera por mí”. Trump se ha hartado de Israel y no solo lo ha ignorado, sino que, de hecho, ha decidido por él sin consultarle ni advertirle.Trump ha cerrado un acuerdo cuyos detalles aún se desconocen, que puede saltar por los aires en cualquier momento y que evidencia su sonoro fracaso en la gestión de esta guerra. No ha logrado ninguno de sus objetivos: no ha acabado con el régimen de los ayatolás, no ha eliminado el programa nuclear iraní ni ha podido poner fin a la Guardia Revolucionaria y sus arsenales. Se atribuye como gran triunfo la reapertura de Ormuz, un estrecho crucial que ya estaba abierto ante de que él empezara la guerra. Trump no ha hecho más que volver a la casilla de salida. Además, recordemos que lo acordado entre las partes es una carta de intenciones, una declaración de principios para negociar, pero no un acuerdo oficial de paz.Para lograrlo están previstos 60 días en los que se debatirá lo realmente importante: el futuro del programa nuclear iraní y de su uranio enriquecido, así como qué pasará con su arsenal balístico y con las sanciones económicas que llevan años asfixiando a la economía persa. Cualquier pacto que no mejore el acuerdo que firmó Obama en el 2015 supondrá un fracaso político de Trump. A partir del viernes habrá por delante dos meses durante los cuales, como decíamos, cualquier incidente puede dinamitar la tregua y reactivar la guerra.Trump y Netanyahu evidencian su alejamiento al defender objetivos y prioridades distintosIrán sale reforzado porque resistir y sobrevivir era vencer, y no solo ha resistido, sino que ha jugado la carta del cierre de Ormuz como arma estratégica que ha hecho tambalear la economía mundial. Ha demostrado también que sigue disponiendo de capacidad militar para responder a los ataques de EE.UU. y de Israel y para movilizar a sus proxis en la región, desde Hizbulah hasta los hutíes, para hacer pinza sobre Israel. Irán vive una nueva fase del conflicto en que la república teocrática parece estar dejando paso a un régimen nacionalista con gran presencia militar.Trump y Netanyahu creían que una victoria sobre Irán serviría para reconfigurar Oriente Medio. Su juicio fue erróneo y han perdido el control de las consecuencias. La región se está transformando, pero no como ellos esperaban: Irán no ha sido derrotado, el riesgo ahora es una crisis de desgaste permanente y prolongada, y la relación entre ambos se ha deteriorado gravemente al tener objetivos y prioridades distintos.