Trump ha cruzado su Rubicón. Esta madrugada, el presidente de EEUU anunciaba, ya sí que sí, un memorándum de entendimiento con Irán que prolonga, durante los próximos 60 días, el cese de las hostilidades. A diferencia de anteriores ocasiones, en las que Trump anunciaba a bombo y platillo un acuerdo que pronto quedaba en agua de borrajas, por primera vez desde la frágil tregua inicial entre ambos países se celebra a la vista una reapertura concreta del estrecho de Ormuz y el levantamiento de parte de las sanciones contra el país persa. Fuera del acuerdo quedan, sin embargo, las espinosas cuestiones de siempre: el programa nuclear y de misiles iraní e Israel. El contenido íntegro del memorándum, cuya firma está prevista para este viernes en Ginebra por representantes de ambos países, aún se desconoce. Y, como viene siendo habitual, las versiones que filtran tanto Washington como Teherán están teñidas de un triunfalismo que hace parecer casi contrarias las conclusiones. Sin embargo, hay ciertas claves a las que sí podemos llegar con lo que se conoce por el momento del texto y de las circunstancias que han traído al mundo hasta aquí. La primera es que el memorándum intenta solventar los problemas que la propia guerra generó (cesar combates, reabrir el estrecho y levantar el bloqueo), al tiempo que su mera existencia reconoce un nuevo statu quo en la región. El Rubicón de Trump El memorándum acordado está muy lejos de parecerse a la "rendición incondicional" que Trump demandaba al inicio de la Operación Furia Épica el pasado 28 de febrero. Desde entonces, el Irán de los ayatolás ha demostrado no solo su capacidad de supervivencia bajo la masiva campaña de bombardeos, sino también un poder que hasta ahora no se había atrevido a usar, que era su capacidad de desestabilización mundial tanto con el cierre de Ormuz como con la campaña de ataques a los aliados del Golfo. Es por eso que las prioridades y objetivos de Trump han tenido que reorganizarse. "El presidente Trump ha cruzado el Rubicón. Desde su perspectiva, lograr un acuerdo con Irán y poner fin al actual ciclo de escalada no era simplemente una opción, sino un claro objetivo estratégico", explica Daniel Citrinowitcz, investigador del Instituto Nacional de Estudios de Seguridad de Tel Aviv. Con este nuevo prisma y con la presión de la cuenta atrás para el fin de las reservas globales de crudo, que los expertos fechaban a finales de junio-principios de julio, además del estratosférico coste del despliegue militar en Irán y sobre todo, la comprensión en Washington de que no hay bombas suficientes para conseguir doblegar a Teherán, Trump necesitaba dar carpetazo al "fracaso estratégico de primer orden" de la ofensiva y centrarse en la opción menos mala con Irán. Es decir: en la práctica, este memorándum de entendimiento reduce las consecuencias directas de la Operación Furia Épica, y nos coloca en una posición similar al 27 de febrero, antes de que se lanzara el primer misil sobre Teherán. Con la excepción de que Irán no solo asegura su supervivencia, sino que obtiene una capacidad disruptiva con la que no contaba al inicio de la guerra. Para ellos, este memorándum es un doble éxito, incluso si tiene que ceder —todavía no ha quedado claro— su plan de control de Ormuz mediante el cobro de cuantiosas tasas a los buques que lo crucen. "El acuerdo con Irán está completo. ¡Felicidades a todos! Autorizo la reapertura de Ormuz sin peajes y el desbloqueo naval de EEUU. Barcos del mundo, encendí los motores. ¡Que fluya el petróleo!", dijo el presidente de EEUU, Donald Trump, en su cuenta de Truth Social. Reapertura del estrecho de Ormuz Empujadas por el tesón de Trump, las negociaciones del memorándum de entendimiento avanzaron a gran velocidad durante la última semana, ante la molestia del tercero en discordia, Israel. Tel Aviv, que habría sido apartado del proceso, ve como una derrota cualquier acercamiento a Irán, y utilizó entonces una carta habitual en este conflicto: dado que públicamente Teherán supedita siempre un acuerdo definitivo a un alto el fuego en Líbano, Tel Aviv lanzó el domingo un ataque tan extraordinario sobre Beirut que, bajo el prisma de Benjamín Netanyahu, forzaría a Irán a dar nuevamente al traste con las negociaciones. Sucedió exactamente lo contrario. Qatar lanzó un frenético esfuerzo de última hora para ultimar los detalles de la negociación, e incorporar una concesión iraní para que no respondiera al ataque israelí. Irán accedió a posponer el ataque, previsto para alrededor de las 23:00 hora de Tel Aviv, para dar una oportunidad a los esfuerzos de Qatar y Trump, que en una interesante reconstrucción de los hechos, el Ynet describe como "titánicos". Gracias a esa concesión de Teherán, apunta el diario israelí, Trump decidió incluso "recompensar significativamente a Irán". Y esa recompensa se ve ahora en el acuerdo alcanzado. A diferencia de anteriores ocasiones y pactos que fracasaron, en los que se acordó una reapertura de Ormuz "gradualmente", en este caso el estrecho se reabrirá "inmediatamente", y será a cambio de la suspensión de sanciones contra la industria petrolera iraní (sanciones que datan de antes de la guerra) y la descongelación de parte de los millonarios activos iraníes en bancos internacionales. EEUU retirará su propio bloqueo e Irán comenzará inmediatamente con la limpieza de las minas colocadas en la ruta. En este punto cambian ligeramente las versiones de EEUU e Irán. La agencia de noticias Mehr, ligada a la Guardia Revolucionaria, ha publicado los 14 puntos del acuerdo e incluyen que "la reapertura del estrecho de Ormuz" se hará "bajo las disposiciones iraníes". Esas "disposiciones iraníes" han levantado las alarmas entre los analistas, que apuntan a anteriores declaraciones en las que Irán se reservaba el derecho a cobrar tasas de paso en Ormuz, algo que iría en contra de las normas de navegación internacional. Sin embargo, teniendo en cuenta la vaguedad del acuerdo, esas disposiciones podrían referirse simplemente a ciertos controles de paso, para dejar a Teherán la opción de volver a cerrar el estrecho si el acuerdo termina descarrilando. Esta sería una gran concesión iraní, impensable antes de la guerra, pero positiva en el punto actual. "Durante este periodo pactado, EEUU levantará el bloqueo naval sobre Irán y, a cambio, Irán permitirá el paso de los buques de todos los países. Aceptaría la navegación internacional, aunque seguiría exigiendo que los barcos utilicen las rutas que designe. La diferencia es que no cobraría ninguna tarifa por ese servicio. Creo que esta podría ser una fórmula beneficiosa para ambas partes y que podría aplicarse, al menos, durante la vigencia del acuerdo marco mientras continúan las negociaciones", sostiene Ellie Geranmayeh, subdirectora del programa para Oriente Medio y Norte de África del think tank European Public Affairs (ECFR), a El Confidencial. El cabo suelto israelí Israel ha quedado fuera del acuerdo, según ha admitido el propio gobierno, y sigue siendo el gran cabo suelto del acuerdo. Tanto porque puede volver a hacerlo descarrilar (tanto la versión de Pakistán, el mediador, como la de EEUU y la de Irán incluyen el alto el fuego en Líbano) como porque el hecho de que hayan sido apartados redibuja las relaciones Washington-Tel Aviv. "Cuanto más se convenza Washington de que Israel actúa para frustrar el acuerdo o retrasar su implementación, mayor será la tensión con la administración. Para Trump, cualquiera que amenace el acuerdo también amenaza uno de los principales logros políticos que pretende atribuirse", sostiene Citrinowitcz. "Por lo tanto, los intentos israelíes de socavar la iniciativa diplomática no son simplemente una maniobra contra Irán; podrían convertirse rápidamente en una confrontación con la propia Casa Blanca. Cuanto más se perciba a Israel como un obstáculo para el acuerdo, mayor será la presión estadounidense, tanto sobre el gobierno israelí como sobre el primer ministro Netanyahu personalmente", añade. Es decir, el Rubicón de Trump, que ha dado un giro de 180 grados en sus objetivos estratégicos para abrazar la realidad de un nuevo Irán (que incluso pudiera entrar en los acuerdos de Abraham, que llegó a proponer —muy infundadamente— el mandatario) choca ahora directamente con los objetivos israelíes, y puede convertirse en un riesgo estratégico que Tel Aviv quizá no pueda permitirse ignorar. El problema vuelve a Netanyahu, y la confianza que tenga en su capacidad de tensar la cuerda. La cuestión nuclear La cuestión nuclear queda, de nuevo, postergada a nuevas negociaciones fuera del estado de guerra y dentro de 60 días. El memorándum de entendimiento publicado por Mehr incluye el compromiso iraní de no producir armas nucleares, algo a lo que Irán ya se había comprometido anteriormente. Pero deja fuera un máximo de enriquecimiento de uranio o desarme, "a la espera de un acuerdo definitivo". No incluye tampoco un calendario concreto para el acceso libre de los inspectores de la Organización Internacional Atómica (OIEA), que a pesar de todo se muestran optimistas, en declaraciones a El Confidencial. "Son horas importantes: lo primero es la verificación [del punto actual] y más tarde el acuerdo, que deberá ser completo", sostuvo el líder de la agencia, Rafael Grossi, en un encuentro pocas horas antes de que se anunciara el memorándum. El acuerdo definitivo se negociará en los próximos meses, pero será una negociación distinta: EEUU ha perdido cierta capacidad de negociación, ya que ya habría levantado parte de las sanciones para reabrir Ormuz. "Las negociaciones finales no comenzarán hasta que se libere la mitad de los fondos bloqueados a Irán, se suspendan las sanciones petroleras contra Irán y se levante el bloqueo naval. El acuerdo final solo abarcará el destino de los materiales enriquecidos y el enriquecimiento, el levantamiento de las sanciones y el plan de reconstrucción económica de Irán", recoge Mehr en sus puntos publicados. Hablaríamos de la liberación de 24.000 millones dólares de los fondos iraníes bloqueados, además de una cláusula que incluye un plan de reconstrucción de "EEUU y sus aliados" de "al menos" 300.000 millones de dólares. Fuentes estadounidenses a Reuters sostienen que "Irán obtendrá recompensas económicas cada vez que cumpla un set de demandas de EEUU". "Esto no es un acuerdo, es un alto el fuego y un compromiso para reabrir el estrecho de Ormuz", asegura Kylie Moore Gilbert, académica especializada en Oriente Medio que pasó 804 días en una prisión iraní. No es muy optimista: "Dudo mucho que se llegue a alcanzar algún día un acuerdo global. La rigidez ideológica, el desorden en el liderazgo y la percepción de victoria por parte de Irán, junto con la necesidad de desviar la atención de Trump y pasar página con la vista puesta en las elecciones de mitad de mandato, hacen que sea poco probable que veamos un JCPOA 2.0 [el anterior acuerdo nuclear] detallado y completo, ya que además tendría que percibirse de alguna manera como 'mejor' que la versión de [Barack] Obama para que le resultara apetecible a Trump". Es decir: este viernes tentativamente se va a firmar poner fin a la Operación Furia Épica. Pero la tensión en la región, con un Irán más empoderado que nunca, promete que la 'paz' no durará para siempre.