En este rincón de Filipinas, el mar avanza un tramo y luego se erigen, de repente, columnas de caliza con la vegetación pegada a la piedra como una obstinación verde. El norte del archipiélago de Palawan tiene la cualidad de los mapas antiguos: parece hecho de accidentes, de recortes, de islas que no terminan de decidir qué son en realidad. La población del municipio actual de El Nido se formó en parte por migraciones desde las islas Cuyo y por asentamientos de comunidades tagbanua que consideraban ciertos enclaves como territorios espirituales. La orografía condicionó la forma de vivir y de orientarse en un territorio que es el resultado geológico de antiguos arrecifes coralinos elevados y erosionados durante millones de años. Ese proceso explica las paredes verticales, las lagunas interiores y los canales estrechos de la bahía de Bacuit. En este escenario se sitúan dos islas que condensan maneras distintas de entender el entorno. Lagen Island se recoge en una ensenada natural, abrazada por la selva. Pangulasian, frente a ella, se extiende en una playa larga abierta al horizonte. Ambas forman parte del área protegida El Nido Taytay, más de 90.000 hectáreas de tierra y mar bajo un régimen de gestión que limita accesos y regula actividades. La etimología es una lección de economía: el nido es el de las salanganas, los vencejos que pegan sus nidos comestibles en las grietas de la caliza, un producto que durante siglos atrajo a mercaderes y viajeros.Lagen Island, la isla colonizadaLagen Island se encuentra literalmente encajada entre paredes de roca y una laguna interior. La condición geográfica explica gran parte de su carácter. El Nido Resorts se inauguró a finales de los años noventa y fue uno de los primeros proyectos turísticos estructurados de la zona. Tras el cierre para su renovación, la isla permaneció un tiempo sin ocupación estable, lo que permitió la regeneración de vegetación secundaria, la consolidación de manglares en las orillas y el regreso visible de la fauna terrestre.Durante la estación seca, ofrece condiciones astronómicas singulares: su aislamiento y la ausencia de contaminación lumínica facilitan la observación de la franja central de la Vía Láctea, así como de constelaciones visibles desde latitudes ecuatoriales, como Orión, Escorpio o Sagitario, referencias tradicionales para la navegación en el sudeste asiático.En Bacuit Bay, muchos relatos tradicionales surgieron como explicación de fenómenos naturales. El más extendido en el ámbito filipino es el del Bakunawa, una serpiente marina asociada a los eclipses. En la antigua cosmovisión filipina, esta criatura subía del océano al cielo para tragarse la Luna, por lo que los antiguos pobladores hacían ruidos fuertes para asustarlo. Aunque no es exclusivo de Palawan, forma parte del imaginario compartido por comunidades insulares y refleja la importancia de la observación celeste en sociedades dependientes del mar.El denominado “cielo doble” por los locales tiene una explicación física clara: el cielo fragmentado que se observa desde el interior y su reflejo completo sobre la laguna en noches de mar en calma. En la tradición tagbanua, el universo se concibe en niveles superpuestos y Mangindusa ocupa el plano superior asociado al orden cósmico. Los pájaros parecen locos al atardecer, planeando sobre las cabañas de madera. En uno de los paseos por la isla, Gabriel Sadd, el naturalista del resort, se detiene frente a una pared y señala hacia una grieta alta donde se distinguen pequeños cuencos blanquecinos adheridos a la roca. Son los famosos nidos de salangana. Aclara que no son golondrinas, aunque a menudo se las nombre así, sino vencejos del género Aerodramus, capaces de construir su nido casi exclusivamente con saliva solidificada, que al contacto con el aire adquiere consistencia vítrea. Desde la dinastía Ming, entre los siglos XIV y XVII, esos nidos se convirtieron en un producto de lujo en la corte imperial china. Se limpiaban con meticulosidad, se hidrataban hasta volverse translúcidos y se cocían lentamente hasta formar una sopa gelatinosa, más apreciada por su simbolismo que por su sabor. Ese valor fue el que transformó estas paredes de caliza en recurso estratégico y abrió rutas comerciales que conectaron Bacuit con el mar de China Meridional. La extracción actualmente está regulada para no comprometer el ciclo reproductivo de las aves. Las salanganas necesitan varias puestas para garantizar la supervivencia de la colonia. Si el nido se retira antes de que el polluelo vuele, la población colapsa. Lagen pone el acento en la artesanía filipina y en un diseño que dialoga con los oficios. La tradición del tejido se convierte en hilo conductor del interiorismo. La estera tejida, el banig, aparece reinterpretada en patrones, tramas y detalles constructivos. Las cubiertas amplias, la ventilación cruzada y el uso de materiales naturales responden tanto a la herencia arquitectónica tropical como a criterios climáticos precisos. La sombra forma parte de esta infraestructura.Pangulasian, la isla del solA poca distancia en barco se encuentra Pangulasian, isla que se desarrolló en una fase posterior, ya bajo una planificación ambiental más estricta. Un ejemplo es el resord de El Nido: su arquitectura se organizó en villas independientes situadas junto a la playa o elevadas en el bosque, con una implantación que busca minimizar la alteración de la costa y preservar la vegetación tropical interior. La geografía de la isla es más baja y abierta. La playa se extiende sin interrupciones y la orientación permite seguir el recorrido de la luz desde el amanecer hasta el atardecer en distintos puntos. Para las poblaciones locales, el astro cumplía una función organizadora de la vida diaria: marcaba las horas de pesca y el calendario de los rituales ancestrales. Esa relación sigue siendo legible en la forma en que Pangulasian se conecta con el horizonte marino.La vida que rodea ambas islas está ampliamente documentada. Los arrecifes albergan corales duros y blandos, peces loro, meros, rayas y tortugas… Bacuit Bay forma parte del denominado Triángulo del Coral, una de las regiones con mayor biodiversidad marina del planeta. Pero la fragilidad del arrecife exige un control constante. La limitación del número de visitantes en enclaves como Big Lagoon o Small Lagoon responde a esa misma lógica de conservación.De los mamíferos visibles, además del pangolín malayo o el pavo real faisán de Palawan, el que se puede observar con más frecuencia es el macaco de cola larga, que en estas islas se mueve con descaro. Aparece cuando uno menos lo espera, entre la vegetación o junto a una fruta caída. El dugongo es, sin duda, el más esquivo. Es un herbívoro marino que pasta praderas de fanerógamas, y su parentesco remoto con la idea de sirena se ha extendido por culturas costeras del Índico y el Pacífico. También existen mitos de piedra. Entre comunidades indígenas de Palawan, la idea de espíritus asociados a elementos del paisaje, rocas, cuevas o agua forma parte de un animismo que fija límites y tabúes, una manera de decir que no todo se puede tomar. En Bacuit, con sus lagunas cerradas y sus entradas estrechas, esa visión resulta casi natural: hay lugares que parecen hechos para pedir permiso. “Tabi tabi po” es la frase en filipino para este fin.En Lagen domina la sensación de recogimiento, de selva que desciende hasta el agua. En Pangulasian, el horizonte y la luz marcan el ritmo. En tiempos de turismo acelerado, estas islas recuerdan que el verdadero privilegio no es la exclusividad, sino la posibilidad de entrar en un paisaje antiguo sin alterar su equilibrio.