Convidado para asistir a la cumbre del G7 en Evian, ciudad del este de Francia, Lula da Silva se reunió con su colega Emmanuel Macron. Este diálogo, que se extendió por 40 minutos, ocurre en uno de los momentos más complicados en lo que atañe al comercio exterior. La administración Trump sacudió, una semana atrás, al gobierno petista al aplicar un sobre arancel de 25% sobre los bienes producidos en Brasil que son exportados a Estados Unidos. El líder brasileño aspira a mantener una conversación con el jefe de la Casa Blanca, pero hasta el momento no hay ninguna reunión programada. Lula le agradeció a Macrón por el convite a participar de la nueva cita del G7. Recordó que su primera participación en esa cita de las grandes potencias occidentales fue en 2003, también en los Alpes Franceses. Pero en esta oportunidad son otras las exigencias: faltan 3 meses y medio para las presidenciales, donde el mandatario brasileño deberá confrontar con el senador Flavio Bolsonaro. En ese contexto Lula atraviesa hoy un momento de declive de su relación “armoniosa” con Donald Trump. Lula da Silva deberá enfrentar a Flavio Bolsonaro en las presidenciales Según el jefe de Estado brasileño, su presencia en Evian es una muestra del ejercicio de la diplomacia multilateral: “Brasil regresa a este importante espacio de diálogo, portando la voz del Sur Global y reafirmando su compromiso con la paz, la defensa del multilateralismo, el desarrollo sostenible y la construcción de un mundo más justo", escribió en su cuenta de la plataforma X. Pero en verdad, a la misión brasileña la empuja ahora una urgencia geopolítica: la de sortear el bloqueo comercial impuesto por Washington. Es que a los sobre aranceles, el gobierno americano dio un paso sin precedentes al designar al Primer Comando de la Capital y al Comando Rojo como Organizaciones Terroristas Extranjeras (OTE).