Actualizado a las 20:27h.
España se estrena en el Mundial con aroma a azufre. Chasco para empezar en un debut sin brillo y juego insípido en el que faltaron las virtudes de otras veces. El remate, la profundidad, la claridad, la tensión y alguna más... Cabo Verde defendió con una garra superlativa y convirtió a su portero Vozinha en héroe. Un desencanto inesperado que altera ese paraíso idílico de la selección y su ritmo de éxitos.
La ilusión de los españoles se junta en la céntrica manzana al aire libre convertida en Casa de España en Atlanta. Toldos rojos, decoración ibérica y una exposición de la historia de la selección en los Mundiales acompañan al entusiasmo de la caravana que se dirige con la luz del alba, ocho de la mañana, al estadio Mercedes Benz. Una joya de vanguardia con techo cerrado y retráctil en forma de pétalos y con aire acondicionado que produce un eco muy diferente al de los estadios europeos en el aullido de los hinchas.
En el bullicio que nutre el sentido americano del espectáculo americano se necesita el ruido. Y el espantoso estruendo no falta. A dos horas del comienzo del partido, música a todo trapo. A una hora, las alineaciones y demás aditamentos destrozando oídos. Y a quince minutos, concurso de gritos entre las dos aficiones con un medidor de decibelios.










