15 de junio, 2026 - 06h00He visto espantado que durante el Campeonato Mundial de Fútbol, se están usado perros robot para vigilar los estadios en los que se realizan los partidos del torneo. En seguida la extraña visión me llevó a las páginas de la novela Fahrenheit 451, del gran escritor americano Ray Bradbury, publicada en 1953, en la que juega un importante papel lo que denomina “el sabueso mecánico”. Este relato describe un mundo en el que los libros están prohibidos, los que se encontraban eran quemados por los bomberos, que contaban con el apoyo de un horrible can mecánico que “dormía sin dormir, vivía sin vivir ” en la perrera del cuartel del benemérito cuerpo. Al igual que los canoides mecánicos desplegados en los escenarios mundialistas, el del cuento contaba con distintos tipos de sensores, pero además estaba provisto de varios instrumentos para atacar y dañar a las personas que se resistan a la higiénica labor de los hombres de la casaca roja. Los que hemos visto en Norteamérica del 2026 no son agresivos, sino que se limitan a la mera vigilancia, pero con la tecnología disponible en la actualidad ya estarán perfeccionando mortíferos juguetes que, a sus habilidades de detección e identificación, añadirán posibilidades para someter, herir y aun matar “enemigos”.Asombra la creatividad del escritor nacido en 1920, en el estado de Illinois, que se anticipó para retratar con fidelidad al peligroso autómata con forma de perro. Pero, en cambio, sus bomberos dedicados a erradicar los libros en ese mundo del futuro resultan toscos y un poco cómicos para su propósito. Por cierto, Bradbury, quien nos dejó recién en 2012, tenía una fina veta humorística, a la que recurrió intencionadamente para crear estos inquisidores, pero la bibliofobia de los jerarcas mundiales en el siglo XXI ha encontrado herramientas mucho más sutiles para exterminar esos odiosos objetos de papel y cartón manchados de tinta.Los enemigos del libro han recurrido a la forma más poderosa del poder, la capacidad de persuadir a los otros, para hacer creer que leer libros, salvo que sean textos para estudiantes, es un esfuerzo inútil, anticuado y antisocial. Si ese no es tu trabajo remunerado o remunerativo, no tienen sentido. Pero bueno, si mismo te gusta e insistes, aquí tienes entretenidísimos textos vacíos de sentido, con los que podrás dedicar tus horas de descanso a lecturas livianas, divertidas e intrascendentes. Y no hagas trampa, no te estoy diciendo que puedes leer libros electrónicos y que deseches los libros de papel, unos y otros para el tema son lo mismo.Entre esas lúgubres profecías que llamamos distopías, las más famosas son 1984 de George Orwell y Un mundo feliz de Aldous Huxley. Creíamos que eran fábulas, pero comparen la situación geopolítica actual con la que expone la primera obra citada: un mundo dividido en tres potencias, una esencialmente americana, una eurasiática y una asiática oriental. Y a la segunda citada con la deriva que quiere tomar Occidente, con gente influyente a nivel de la Casa Blanca y otros espacios de alto poder, que proponen entregar al poder absoluto a eficientes corporaciones con CEO vitalicios. La modesta distopía de Bradbury, enfocada en aspectos más cotidianos, ahora nos aparece también atrozmente cercana. (O)