Un grupo de hombres sobre un techo de chapa, cubriendo sus rostros con mantas y camisetas como trapos, mientras cargan lanzas improvisadas. Son presos que se amotinan en una cárcel en Buenos Aires, exigiendo que les permitan recibir visitas durante el confinamiento por covid.PublicidadEstas imágenes se ven al comienzo de Ulysses Plebeyo, el largometraje experimental que el escritor y cineasta argentino César González presentó en Madrid el pasado 24 de mayo, justo después de su paso por Barcelona, donde había proyectado su película Rancho Merlo Blues (2025).Aterrizó en la capital española cargando bajo el brazo un libro de segunda mano que le “costó mucho conseguir”, en el que Jean Paul Sartre reflexiona sobre la vida delictiva de San Genet, con quien César, dice, se siente algo identificado.En sus publicaciones autobiográficas El niño resentido (2023) y El rengo yeta (2025) narra su infancia en la villa (como llaman a un barrio de condiciones precarias) bonaerense Carlos Gardel y su paso por la cárcel durante su juventud, donde comenzó a escribir. Además de varios libros de poesía y ensayo, como La venganza del cordero atado (2010) y El Fetichismo de la marginalidad (2021), César González cuenta con una diversa filmografía, variando entre la ficción y el documental. En sus obras relata la vida de los barrios populares, una realidad argentina que no se suele exportar y que es, paradójicamente, la que atraviesa una gran parte del país.PublicidadSi bien muchas veces se lo da a conocer como el “ex pibe chorro (ladrón)”, él prefiere definirse por sus principales trabajos: cineasta, escritor y padre. Dice identificarse más como cineasta que como escritor. ¿Qué encuentra en el cine que en la literatura no?Amo la literatura, pero mi gran amor es el cine. No lo vivo como una dicotomía, sino que se retroalimentan: la literatura requiere de las imágenes, y el cine requiere de las palabras. Yo habito ambas. En la escuela había más que nada literatura y lengua, y el cine llega más tarde en mi vida, si bien está ese momento que cuento en El niño resentido de ver películas con mi mamá, que era algo que nos unía. Yo creo que esa fue la semilla embrionaria que se desarrolló después. En la cárcel empecé escribiendo, aunque algo filmé estando preso.¿Cómo describe su cine o su literatura?Mi cine ha tenido diferentes etapas, pero la más importante para mí son mis primeras películas, que abarcan el universo villero. Aunque tengo películas más del orden experimental que no transcurren en la villa, aquellas que hablan de la vida en los barrios populares son mi carta de presentación. Para que vean que existe otro cine sobre esos mundos que suelen ser representados de una forma monocorde y muy pobre, justamente, y de una manera muy perversa también. Creo que con mis películas villeras, por decirlo de alguna manera, aporté a contrarrestar esa visión estigmatizante, animalesca, caricaturesca y manierista.¿Por qué no hay tanta representación del universo villero en primera persona? Incluso si hay autores que buscan mostrar estas realidades con buenas intenciones, suele ser desde una posición hegemónica.Es verdad que mucha gente va con buenas intenciones. También hay gente que no, que va con morbo y con una cosa fetichista, como digo en mi libro El fetichismo de la marginalidad. No hay tantas películas en primera persona sobre los sectores populares en Argentina porque el cine es un arte carísimo, inaccesible. Sus herramientas más básicas requieren mucho dinero y una capacidad adquisitiva muy alta. Hasta la película más barata y amateur implica un condicionamiento técnico que no tienen las demás artes.PublicidadAún así, es una tendencia que se repite en artes más accesibles.El arte es un reflejo del mundo. Si en el mundo hay desigualdad, y solo pueden acceder a ciertos bienes materiales unos pocos que haciendo muy poco tienen mucho, mientras las mayorías tienen que hacer mucho para tener poco, entonces no va a ser diferente en el arte. Y porque hay que tener tiempo. Que a una persona que está hiper explotada laboralmente y trabaja un montón de horas al día le quede tiempo para escribir, para pensar, para algo lúdico… es muy complicado, casi imposible.¿Se siente escuchado cuando busca concienciar sobre estas realidades?Sí. Me siento un afortunado de haber nacido en Argentina. Es una sociedad que, después de todo lo que he vivido en mi adolescencia, y con todo el estigma que pesa sobre un individuo que estuvo en la cárcel, no solo me dieron la oportunidad, sino que también me escuchan. Aceptan mis planteos, mis debates y dilemas. Estoy muy agradecido con la sociedad argentina en ese sentido."Que a una persona que está hiper explotada le quede tiempo para escribir es casi imposible"Ya que menciona El fetichismo de la marginalidad, ¿cómo se responde a esa fetichización?Hay que tratar de hacer obras como se pueda, con lo que se pueda, si bien lo ideal sería contar con los recursos necesarios para hacer películas como corresponde. Hay que contrarrestar muchas producciones que han distorsionado la realidad de los sectores populares, y eso no lo van a hacer cuatro películas o dos libros de César González. Son muchos años de otros autores hablando por nosotros, adueñándose de la representación de los sectores populares. Es una clase que tiene el privilegio naturalizado de ser los que dan voz a los que no tienen voz. "Darle voz a los que no tienen voz", me parece abominable. ¿Cómo que no tenemos voz? Es muy distinto decir "vamos a darle el canal de expresión a los que no solemos escuchar". ¿Y quién da a quién? Te ayudan, te dan visibilidad, bajan a territorio. Bajan. Además, uno tiene que portarse bien y ser ejemplar, no drogarse, no tomar alcohol, no hacer nada de lo que hacen todos ellos. ¿Lo ve como hipocresía?Claro. Y donde hay hipocresía no va a haber ningún cambio profundo. Por eso las cosas parecen inmutables, porque están cubiertas con un manto de hipocresía muy duro.Si el acceso a los medios de producción está limitado, ¿qué posibilidad de transformación queda?Para encontrar las respuestas, primero habría que descifrar, describir y profundizar bien en el problema. A la vez, soy realista, en el sentido de que nunca habrá una hegemonía de los sectores populares en el cine, porque eso significaría que el mundo cambió. Significaría que la lucha de clases tuvo otro resultado, que ganó la clase trabajadora. No va a pasar. Siempre van a ser micro-victorias. Primero tiene que haber cambios estructurales en la base material de la sociedad para que haya cambios en el orden de lo simbólico y de lo artístico. Que la gente primero coma, tenga un techo, un trabajo digno, lo mínimo indispensable."Nunca habrá una hegemonía de los sectores populares en el cine porque eso significaría que el mundo cambió"Pero mientras tanto, discursos como el de Milei calan en la sociedad, incluso en los sectores populares.Lo de Milei caló en todos lados. Lo de que los pobres votan mal es una gran porquería que sale de la boca de mucha gente. Me encantaría que, en vez de preguntarle a un pobre por qué vota como vota, le preguntaran por qué la clase media vota como vota. Siempre estamos obligados a hablar de la pobreza, de nada más. ¿Y por qué? Si estamos integrados al territorio nacional. Mi DNI dice "República Argentina", no dice "República Villera". A un villero nadie va a preguntarle sobre geopolítica, sobre economía, ni sobre filosofía o astrología. Tiene que hablar de la pobreza. En cambio, la clase media puede hablar del infinito, de lo que quiera. Seguimos en el feudalismo en ese sentido, porque es como un derecho natural y divino que tiene la clase media a hablar de lo que sea, a la creatividad, y a la experimentación. El pobre no puede experimentar. Tiene que ser literal y tener un discurso sólido, sin fisura. Ahí no puede haber error. Yo no puedo equivocarme.¿Ve que el empobrecimiento de las clases medias genera una mayor identificación o empatía con los sectores más pobres?Yo veo que en Argentina se está empezando a aceptar que todos lo estamos pasando mal. La clase media, que es la clase de la movilidad social ascendente, está descendiendo. El de Milei es un gobierno de movilidad social descendente: que todos sean pobres. Igualmente, los vectores con los que se analiza la economía son propios de la clase media. El dólar estable, ¿a quién le importa? A la clase media, que es la que puede comprar dólares para ahorrar. El pobre no, porque cobra el sueldo y ya tiene que pagar deuda, comprar la comida, y listo. "Fue muy traumática la inflación". ¿Para quién? Para la clase media. "El covid fue muy traumático". ¿Piensas que en los barrios populares, donde ya había hacinamiento, donde la gente duerme como puede en un espacio reducido, había distancia social? Se universalizan los problemas de la humanidad desde la óptica de la clase media. PublicidadAún así, las cifras oficiales muestran que Milei bajó la pobreza. ¿No ve que eso se materialice en las condiciones de vida?Se percibe claramente que no. La Ciudad de Buenos Aires se está volviendo una ciudad espectral. Parece una película de terror, llena de zombies. Llena de gente rota, que está cayendo ahora del sistema, homeless nuevos, familias durmiendo en la calle. Vas a tirar la bolsa de basura al bote y hay alguien durmiendo dentro. No se puede naturalizar eso. Es una tragedia. Pero me obligo a ser optimista, porque amo mi país, por mi hija. Tengo tanta gente sufriendo demasiado, y el sufrimiento material acarrea un sufrimiento mental. Hay una crisis de salud mental muy grande en Argentina. No hay acceso a los medicamentos, la salud está quebrada, la educación está quebrada. Parecemos un país devastado por alguna catástrofe natural o por una guerra. Mientras tanto, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, sale a exhibir un "mega operativo" policial en barrios pobres. Eso está pensado. Los estudios con focus groups le muestran que así mantiene el voto sólido de un sector. Milei no cayó del cielo, es un fiel reflejo de un sector de la sociedad argentina. Es una mímesis muy honesta de una parte del país. Es ese nivel de odio y desprecio hacia los sectores populares, esa pulsión nazi de que los débiles se mueran y que queden los más fuertes. Jorge Macri también es otra expresión espantosa de ese darwinismo social. Él juega a ser más nazi que Milei. Y digo nazi porque facho me queda corto: son ideas eugenésicas, de eliminación, con un gran componente racial.Poco se habla del racismo que hay en Argentina.El gran problema es que ni siquiera se asume racista. Muchos países, como Estados Unidos y Brasil, saben que son racistas, aunque el conflicto esté abierto. Saben que es un problema, mientras nosotros creemos que no. Y la verdad es que sí. Argentina debería ser una república plurinacional para la cantidad de pueblos originarios que han resistido generación tras generación. Porque el mestizaje es sinónimo de Argentina, así como de toda América.Publicidad¿Ve un futuro mejor?Con que venga un gobierno con un poco más de humanidad y de amor al país y a su pueblo, me conformo. Creo que Milei es un paréntesis en la historia, que la figura de Milei en sí va a pasar rápido, pero no lo otro. La fuerza motriz de donde se alimenta va a seguir existiendo, va a ir canalizándose de otra manera y corporizándose con nuevos nombres. Es como creer que va a desaparecer el odio o el racismo. Ojalá sí, pero no. Aunque por lo económico, por el nivel de desastre y locura que estamos viviendo, sí creo que vamos hacia un cambio de gobierno muy pronto.En Argentina se ha aprobado una reducción de la edad de imputabilidad de 16 a 14 años. Sectores progresistas critican que en verdad habría que tomar medidas socioeducativas. En El niño resentido, escribe que a algunos chicos "con suerte, se los llevan presos". ¿Qué opina de esta ley?Es un humo para saciar la pulsión nazi de un sector de la sociedad. La cantidad de jóvenes de entre 14 y 16 años que se involucran en delitos graves es irrisorio. No es cero, y hay casos de conmoción pública que han dolido mucho. Pero son niños. Que un niño de 14 años salga a robar o a lastimar a un semejante es un fracaso de toda la sociedad, pero no nos queremos hacer cargo. No sé si era bajar la edad de imputabilidad, pero se necesitaba una nueva ley. ¿No pueden ser ambas, también sacar un buen plan de educación a largo plazo? Debería ser básico darles herramientas sólidas a los chicos. Con lo difícil que es estudiar viviendo en una villa hacinado, mucha gente termina carreras universitarias, sin tener lugar casi para apoyar la carpeta, sin silencio. Necesitamos pensar estos temas sin caer en el progresismo vernáculo que cree que todos los chicos son víctimas del sistema, negando su subjetividad. Tampoco caer en la cosa tanática de "el que roba, que muera". Está quien quiere, para quedar bien con su conciencia, verlo solo como víctima, y quien necesita saciar ese odio creyendo que si matas a los pibes chorros (ladrones) el mundo va a ser apolíneo y bello. ​Hay que incorporar la subjetividad de esos chicos en el análisis sobre qué hacer con estos temas. Tenerlos en cuenta, escucharlos, o investigarlos y analizarlos bien. Hay que volver a la realidad."Que un niño salga a robar es un fracaso de toda la sociedad, pero no nos hacemos cargo"¿El arte es uno de esos medios para volver a la realidad?Totalmente. Una de las formas en la que entiendo el arte es para volver a la realidad y comprenderla mejor. Aunque se suelen separar, para mí el arte es la vida. Pero siempre después, primero está la sociedad. Todo el mundo se olvida de que sin la realidad no existiría el arte, creen en su autonomía. Es un debate histórico, que será perpetuo. Yo creo en la autonomía del arte, pero siempre con una y: no es vida o arte, sino vida y arte.Hablaba de los planes educativos y la movilidad social ascendente. ¿Cree en en la meritocracia? No es que no crea en la meritocracia, es que no me interesa. La solución progre es que tiene que haber igualdad de oportunidades. La línea de largada tiene que ser igual para todos, porque si vos salís con el auto que te regaló tu padre, obviamente vas a llegar más rápido. ¿Y si hay alguien que no quiere correr esa carrera? Estamos obligados siempre a correr la carrera de la meritocracia. Tal vez uno dice: "Che, no tengo ganas, que corran los demás, yo me quiero echar en el césped mientras los otros corren". Si existiera la meritocracia, los obreros podrían habitar por lo menos alguno de los cientos de departamentos que construyeron a lo largo de su vida. Los basureros, los trabajadores esenciales, tendrían que ser los de mejores salarios y de mejor estatus. Esa tendría que ser la aristocracia de una sociedad.PublicidadMilei toma sus políticas en nombre de una supuesta libertad. ¿Qué significa para usted la libertad?Nunca me interesó como tema, y eso que he vivido la privación de libertad. Pero la privación de esa libertad ya estaba cargada de un montón de privaciones cuando yo estaba fuera de la cárcel, viviendo en una villa. Es también como otra cárcel, privado de un montón de cosas. Como esa frase de Maradona: "Yo me crie en un barrio privado. Privado de agua, privado de luz, privado de infraestructuras importantes". Imagínate lo poco profunda que es la palabra que la agarra un gobierno de ultraderecha para hacer campaña. Esa libertad es un "aplastemos al otro". Yo creo en lo colectivo, en la planificación. Somos demasiados en el mundo, y si no nos ponemos de acuerdo y organizamos la sociedad, lo harán ellos.