El cineasta mexicano lleva a Bilbao ‘Carne y arena’, su instalación de realidad virtual sobre la inmigración en la que trabajó con 500 inmigrantes y con la que obtuvo un Oscar
Cuando Alejandro González Iñárritu (Ciudad de México, 62 años) estrenó en 2017 Carne y arena, la batalla de Estados Unidos contra el drama de la inmigración, se libraba medio a escondidas. Ante todo, en la frontera del desierto al sur del país, con la bofetada constante del viento en la cara, la vigilancia silenciosa de las patrullas, los helicópteros, los cactus y los matojos o la marca entre fría y ardiente de la arena en los pies. Hoy la represión contra esa perfectamente comprensible aspiración a una vi...
da mejor, se ejerce a golpes, empujones y a tiros por el cuerpo camuflado de los miembros del ICE, retransmitida en directo desde las ciudades donde operan a las puertas de las casas, en el transporte público, a la salida del trabajo o en la puerta de los colegios.
La monstruosidad armada con rifles ha pasado de controlar movimientos entre las guaridas de los alacranes contra millones de inocentes a quienes tilda de criminales, a montar un frente en mitad de la normalidad de las aceras en las ciudades estadounidenses. “Sí, estamos peor”, comenta Iñárritu. “Entre otras cosas, por esto...”. Y señala a su teléfono como si dentro de él se escondiera un dragón.






