Donald Trump fue galardonado por la FIFA con el primer premio de la Paz de la institución. Era diciembre de 2025, y faltaban casi tres meses para que iniciara una guerra en Irán de la mano de Israel, el 28 de febrero pasado. Y mientras la guerra sigue abierta, con un alto el fuego agonizante y con anuncios de un inminente acuerdo difundidos por parte del presidente de Estados Unidos, los futbolistas de la selección iraní de fútbol están siendo víctimas de las disputas geopolíticas de Donald Trump.
Durante muchas semanas ha existido la duda de si Irán podría asistir al Mundial de fútbol, que se disputa en EEUU, Canadá y México, pero el alto el fuego firmado el pasado 8 de abril recuperó la posibilidad de que pudiera jugar en EEUU. Y, finalmente, la Administración Trump abrió la mano, pero con una condición: la sede de la delegación iraní no podía estar en EEUU.
Como consecuencia de ello, la selección de Irán está instalada en Tijuana, desde donde viajará a Los Ángeles y Seattle. Según las primeras informaciones, ese desplazamiento tendría que hacerse el día de partido. Así lo había afirmado el embajador de Irán en México, Abolfazl Pasandideh, quien dijo que el equipo iraní tendría que entrar y salir de EEUU el mismo día del partido, lo que desató dudas sobre la logística y alarmas sobre cómo esos desplazamientos afectarían al rendimiento del equipo.
















