Los juguetes tal y como los entiende la sociedad de consumo que nos consume no existieron siempre. Como recuerda Walter Benjamin en el libro que recoge sus viejas intervenciones en la radio y que atiende al nombre de, precisamente, Juguetes, hasta el siglo XIX no existi� una industria especializada en tal cosa. Lo habitual hasta entonces era comprar mu�ecas de cera al fabricante de velas, animales de madera al tornero y soldados de plomo al calderero. Toy Story 5, la �ltima entrega de la saga m�s celebre, revolucionaria y divertida que ha dado la animaci�n, propone un mundo en el que el juguete, en el sentido tradicional que menciona el fil�sofo, se encuentra en peligro de extinci�n. Es decir, regresa al lugar no tan lejano de su improbable existencia. Dirigida por Andrew Stanton, y con el propio jefe de Pixar Pete Docter en la producci�n ejecutiva secundado por Lindsey Collins, la pel�cula no propone tanto una locura dist�pica, como la constataci�n de la m�s evidente realidad tecnol�gica. Las pantallas lo pueden todo.Digamos que la saga inagotable lo ha vuelto a hacer. Hasta la fecha, hab�amos visto a los juguetes manejarse como siervos de unos amos tir�nicos y caprichosos, pero garantes de vida: los juguetes s�lo ten�an sentido si eran jugados. No si eran sustituidos por otro (la 1) o coleccionados (la 2). Su verdadero drama era la llegada a la edad adulta de sus due�os (la 3). Toy Story 4, un paso m�s all�, propon�a su casi total independencia de los seres humanos. �Y ahora? Como si se tratara de torpes dinosaurios incapaces de adaptarse al meteorito digital, llega la m�s triste de las extinciones. O no. �Realmente la malvada tecnolog�a acabar� con todo, incluida la imaginaci�n infantil, como dicen los boomers agoreros? "Bueno", arranca a la vez que se agita en la silla Docter, "no tratamos de demonizar la tecnolog�a. Preferimos pensar que la tecnolog�a es como el fuego. Puedes usarlo para calentarte y sobrevivir al invierno m�s fr�o o, en efecto, puedes quemarte. Como todo depende de su uso". A su lado, Collins sube la apuesta: "Ser�a un contrasentido que precisamente Pixar, una empresa tan creativa como tecnol�gica, mantuviera ahora que la tecnolog�a es el mal. Pienso, por ejemplo, en el papel que jug� durante la pandemia. Ella fue la que nos salv�, gracias a ella pudimos mantenernos conectados. En Pixar estamos convencidos de que simplificar es el camino m�s directo para el aburrimiento. El personaje que en la nueva entrega toma el papel de villana, una tablet que atiende al nombre de Lilly, en verdad, no es tan mala. Ella hace todo con las mejores intenciones, igual que cualquier otro juguete. Lo que ocurre es que quiz� tiene alguna que otra idea equivocada".Para situarnos, lo que propone la nueva entrega de la saga iniciada hace ahora 31 a�os de la mano de John Lasseter es un nuevo regreso al borde del abismo. Siempre ha sido as�. En cada una de las entregas un nuevo peligro emerg�a en el pl�cido mundo de la infancia sin tiempo para amenazarlo todo. Ahora, ya se ha dicho, es una pantalla (Lillypad), con su encanto adictivo y ligeramente alienante, la que aparece en el mundo de Bonnie para amenazar el reinado indiscutible de Jessie, Buzz Lightyear, Rex y el resto de la banda. Woody, recu�rdese, ya est� casi retirado. Todo sucede tres d�cadas despu�s de que, en efecto, todo ocurriera por primera vez. Entonces, en 1995, un joven Docter ya estaba all� en calidad de guionista al lado del propio Lasseter y de Stanton. "La verdad es que todo ha cambiado mucho", recuerda el que hoy luce el cargo de director art�stico de Pixar.Y sigue: "Entonces, me acababa de casar y jam�s tuve la impresi�n de estar trabajando. �ramos un grupo de amigos que nos comport�bamos como si a�n sigui�ramos en la escuela. De hecho, por las ma�anas, cuando sal�a de casa, era eso lo que dec�a: 'Nos vemos luego, me voy al colegio'. Cuando se estren� la pel�cula, no daba cr�dito a que alguien se hubiera molestado en hacer vallas publicitarias con nuestra pel�cula. Y cuando le� las cr�ticas en las revistas de cine, la impresi�n que ten�a es que estaba so�ando. Ten�a 25 a�os y cuando alguien dice que el mundo de la animaci�n se revolucion� con Toy Story, mi impresi�n es que me est�n gastando una broma". Collins, por su parte, desembarc� en Pixar desde Disney con el tiempo justo para incorporarse al equipo de la segunda entrega de Woody. Con algo m�s de perspectiva, su diagn�stico es menos modesto: "Ciertas pel�culas son un cataclismo y cambian la historia y la narrativa del cine. Pulp Fiction, por ejemplo, es una. E.T. es otra. Y, sin duda, Toy Story cambi� tambi�n el rumbo de la conversaci�n y abri� un nuevo camino".La pel�cula que ahora nos ocupa y el debate, adem�s de pol�mica, a ella asociada llega a la cartelera con el ruido de la Inteligencia Artificial ya en nivel ensordecedor. Pixar parece tenerlo claro para desesperaci�n de negacionistas. "Lo curioso es que cuando estrenamos Toy Story en 1995, toda la promoci�n fue perseguida por un miedo similar. La gente preguntaba: �cu�nto tiempo pasar� hasta que todos los actores sean reemplazados? Y creo que eso es lo que suele pasar cuando algo es nuevo y no se comprende del todo: la gente asume lo peor. Y quiz�s con raz�n. Hay cosas aterradoras con la IA, pero tambi�n tiene un enorme potencial para expandir las capacidades de los artistas. Y eso es lo que me entusiasma. Parece un juguete genial, y desde luego no lo estamos abordando con los ojos vendados. Intentamos ser lo m�s abiertos posible a la realidad y parece que nos permitir� producir cosas que no has visto antes, y eso es lo que me entusiasma", comenta Docter. "Nuestra postura se ha mantenido pr�cticamente inalterada desde el principio: si la tecnolog�a puede ayudar a los creativos a hacer algo nunca visto o a plasmar en pantalla algo m�s de lo que hubi�ramos podido de otra manera, adelante. Somos una empresa tecnol�gica, pero siempre hemos tenido una marcada inclinaci�n hacia la creatividad", a�ade Collins para que Docter, de nuevo, concluya: "En general, no hay una directriz sobre el asunto en Pixar. Y no la hay porque hace tiempo que nos hemos prohibido establecer reglas sobre nada. Tenemos unas pautas no oficiales, pero contar historias es fundamentalmente subversivo. La filosof�a de Pixar frente a las normas es siempre pensar el modo de romperlas". Queda claro.Una y otro confiesan que no siempre son tan coherentes para prohibir a sus hijos aquello a lo que ellos no son capaces de renunciar. Hablan de su afici�n al m�vil. Una y otro se divierten en recordar el momento en que naci� el chiste de (spoiler alert) la calva de Woody. "Llega un momento en la vida en que la verg�enza disminuye. Cuando llegas a los 40 o 50, ya no te importa si alguien te ve en pijama o si se te caen los pantalones. Esa es la actitud de Woody ahora", razona Docter. Y una y otro se muestran de acuerdo entre s� y con Benjamin al mantener que lo importante de un juguete no es el juguete mismo sino lo que el juguete hace imaginar. "El ni�o quiere arrastrar algo y la escoba se convierte en caballo, quiere jugar con arena y se hace panadero, quiere esconderse y es ladr�n...", escribe el fil�sofo. Y as�.