Una vida sin imaginación no es vida. Sin fantasía, sin creación, sin ensoñaciones ni cuentos de la lechera. Y ¿cómo vamos a tener imaginación si no la desarrollamos desde la infancia, jugando con nuestros juguetes, si estamos obnubilados por las brillantes pantallas de los teléfonos? Hace 30 años (en noviembre de 1995), cuando se estrenó Toy Story, esa cuestión era imposible de plantear. Hoy, con tres secuelas de por medio, media docena de cortos, un puñado de minicortos, una serie y especiales para televisión, cuando Toy Story 5 está a punto de estrenarse en los cines, la pregunta es obligada. A partir del 17 de junio, Buzz Lightyear, el vaquero Woody, su colega Jessie, los señores Potato, el tiranosaurio Rex y toda la pandilla vuelve a las salas para acompañar ya no a Andy, bien crecidito, sino, como desde hace unos años, a Bonnie, que tampoco ha dejado de crecer. Pero a sus aventuras esta vez se suma una incorporación tan lógica en el metraje como lo es en las vidas de los niños (y los no niños): la tecnología. Una ¿malvada? tableta verde llamada Lilypad se convertirá en la nueva antagonista. O quizá no tanto: al final, busca lo que todos, cuidar y entretener a Bonnie, ayudándola a hacer amigos, aunque quizá no con los mejores métodos. Pero la pregunta es: ¿llegará la tecnología a hacer desaparecer a los juguetes? No solo el fondo de Toy Story cambia; también lo hace la forma. La saga busca una actualización a la hora de presentarse ante el público y para eso cuenta con Bad Bunny, Penélope Cruz o Bizarrap entre sus nuevos actores de doblaje, o con nuevo merchandising, como juguetes reales que se comunican entre ellos. La guinda del pastel es su banda sonora, con una canción compuesta por la superestrella (y superfan de la franquicia) Taylor Swift, que la artista cantó en directo en el estreno mundial en Hollywood, este martes. Y que remató emocionada con una versión de Hay un amigo en mí con su compositor, el veterano Randy Newman, al piano.Pero serán las diferencias entre la tecnología y los juguetes las que —con permiso de Swift— acapararán la atención en esta quinta película. Aunque, en realidad, la cuarta entrega, lanzada en 2019, ya podía haberla explorado... “Estaba preocupado de que llegáramos un poco tarde a hablar de ello”, reconoce su director, Andrew Stanton, en una charla con EL PAÍS en Los Ángeles. Él ha estado desde siempre en la saga: fue guionista las anteriores y ahora escribe y también, finalmente, dirige Toy Story 5. En la conversación le acompañan su codirectora y coguionista, McKenna Harris, que participó en Hoppers, Elemental y Elio; y la productora Lindsey Collins, que ha trabajado en Wall.E o Buscando a Dory. “Pero resulta”, continúa Stanton, “que hemos dado en el clavo con la preocupación que tiene todo el mundo”.Si en otras Toy Story ha habido enemigos, auténticos enemigos, es porque eran malos de verdad. Aquí, en cambio, la tecnología es más bien un contrario, un oponente firme, pero no un odioso malvado. Lilypad y los suyos no son villanos per se, pero sí atrapan a Bonnie y a sus amigos, del mismo modo que vemos que la tecnología engancha hoy a los más pequeños, dificultando su socialización, impidiéndoles, a veces, pensar, gestionar sus emociones. “Tienen un objetivo que encaja con los juguetes. A ellos les preocupa; nuestras máquinas están preocupadas por la niña”, reflexiona Stanton. “Solo que tienen una opinión muy diferente sobre cómo deberían ser las cosas”. De hecho, el trío bromea con que se dieron cuenta de que Lily era “básicamente, una madre sobreprotectora a la vez que una asistente personal”. “Decía: ‘Vamos a hacer estos amigos, vamos a seguir estos pasos y vamos a entrar en Harvard’. Todo parte de buenas intenciones, pero son un método y una forma de actuar muy diferentes a cómo los juguetes quieren apoyar a la niña. Y ahí es donde chocan”, afirman. “Son una especie de batallas filosóficas sobre cómo aproximarse a ello, lo que es muy, muy real”, asegura Collins.La heroína física, antitecnológica, tan real como un juguete puede serlo, es, esta vez, Jessie (no se les ocurra llamarla Jessica). Medio centenar de Buzz Lightyears también tienen su propia trama, y por supuesto también Woody. Aunque en la anterior entrega pareciera decir adiós al panorama juguetero, el vaquero más rápido del Oeste nunca dejaría a sus compañeros solos en esta aventura. Aunque han pasado 30 años, y han pasado para todos. Woody es un señor hippy con poncho, barriguita y al que la calvicie aprieta. El tiempo pasa. Los cambios y recambios llegan. “Jessie se presentaba como el personaje perfecto para hacer frente a esta batalla concreta”, afirma Kenna Harris, “y es genial que todos hayan trabajado juntos”. Tras años de Andy, Buzz y Woody, ahora Bonnie, su amiga Blaze, Jessie y Lilypad se ponen al mando. Y eso también es parte del recambio, de saber estar y generar conversación y de la sutil lucha por la relevancia. Parece que por fin la chica toma las riendas, literal y figuradamente. ¿Por qué le tocaba a ella? Todos quieren responder. Andrew Stanton se lanza, y los tres ríen por, siendo el único hombre, tomar el turno de palabra. “Al final de la cuarta, cuando Woody le dio su placa a Jessie, supe que, si había una próxima película, tenía que estar protagonizada por ella. Siempre fue mi esperanza. Lo que no sabía era que sería yo quien la haría”, reconoce el ganador de dos premios Oscar (por Wall.E y Buscando a Nemo), con una veintena de títulos en su haber y casi 40 años en Pixar, aunque nunca había dirigido una de Toy Story.“Todos coincidimos en que sentíamos que había mucho más que explorar de ella y que es tan divertida porque es muy diferente a Woody”, reflexiona la más joven de los tres, la codirectora McKenna Harris. “No es solo ver al típico sheriff del pueblo, es que ella piensa de forma totalmente diferente a él. Él es más bien el tipo sensato y ella es de las que saltan antes de pensar y luchan antes de hablar. Es que está hecha para ser una heroína”. Todos coinciden al describirla: “Desquiciada”, en el buen sentido, “volátil”, “más del aire libre”, ríen. “Quieres ver la película solo porque ella es divertidísima”. Así es: Jessie copa las escenas, las más hilarantes, junto a viejas glorias tecnológicas (un GPS, una vieja cámara digital infantil), pero también las más tiernas y nostálgicas, junto al árbol donde fue abandonada.Como no podía ser de otro modo, que esto es Disney, tecnología y juguetes conviven. Luchan, pero colaboran, se dan la mano. Entonces, pese a la invasión de las pantallas, ¿seguirá habiendo juguetes? “Depende del día en que me lo preguntes”, ríe Stanton. “Si estoy de mal humor, te diré: ‘No lo sé’. Y luego, en un buen día, me gustaría pensar que siempre lo harán hasta cierto punto”. Él afirma que lo importante es la imaginación, que los niños “deben jugar a imaginar, en lugar de que les explique el mundo entero una pantalla, un dispositivo ya programado”. La productora Collins afirma que, además, hay una tendencia por rescatarlos, como ella misma ve en sus hijos y sus pandillas: la nostalgia. “Se preguntan cómo era todo antes, antes de la tecnología, antes de los teléfonos, antes de... Es como si hubiera una curiosidad por la era pretecnológica, que nunca conocieron. Creo que es un tipo de deseo interesante que parece estar al alza“. Su colega Harris también apoya la moción, afirmando que la tecnología, al fin y al cabo, es cambiante, “tiene una vida útil limitada”. “Pero estamos hechos para jugar, para ser imaginativos. Así que tengo que imaginar que siempre habrá un grupo de personas que necesiten eso, que lo anhelen. Y por eso los juguetes seguirán existiendo”.Si alguien apoya especialmente los juguetes es el diseñador de producción Bob Pauley, quien ha dado vida a los más famosos de los últimos 30 años. Leyenda de Pixar, él creó a Buzz Lightyear (recuerda que en solo un par de meses lograron la versión definitiva), y ahora a nuevos personajes como Smarty Pants y Lilypad, que reconoce que les llevó un poco más de tiempo, para humanizar a la tableta. “Fue un proceso divertido, porque queríamos asegurarnos de que fuera un personaje con el que el público pudiera conectar”, reconoce a este diario. Querían que su cara fuera lo más animada, y pusieron especial atención en detalles como los ojos, por ejemplo. “Oh, los juguetes siempre estarán ahí, estoy totalmente convencido de ello“, reflexiona el veterano diseñador, que cree que hay cabida para todo: educativos, de desarrollo, ”incluso los sencillos de madera" más ahora que nunca. “Los juguetes más sencillos fomentan el juego activo, ese con el que piensas en historias y creas pequeños mundos. Así que creo que no van a desaparecer. Espero que no. Oh, no”.