El pescador sueña con esa captura inolvidable que muchas veces parece inalcanzable. Peces que sobrevuelan la imaginación de quienes recorren cientos o miles de kilómetros detrás de un dato confiable o desafían las heladas mañanas de invierno en busca de una oportunidad única. Ese sueño puede hacerse realidad en algunos pocos lugares del país. Y si hablamos de pejerreyes gigantes, hay un nombre que sobresale por encima de todos: Cuesta del Viento.

Este impactante espejo de agua color turquesa, rodeado por montañas y paisajes cordilleranos que parecen sacados de una postal, se ha convertido en un destino de culto para los amantes de la pesca deportiva. Allí los flechas de plata no se pesan por gramos. Se cuentan por kilos.

Un escenario único

El embalse está ubicado en la localidad de Rodeo, al norte de la provincia de San Juan. Para llegar es necesario recorrer unos 160 km por la Ruta Nacional 40 hasta Jáchal y luego otros 40 km por la Ruta 150. Cuando el lago aparece entre los cerros, el impacto visual es inmediato. Sus aguas cristalinas ocupan unas 3.000 hectáreas y conforman uno de los ambientes más espectaculares de la Argentina para combinar pesca, turismo y deportes náuticos. Pero detrás de semejante belleza se esconde el verdadero tesoro del lugar: una población de pejerreyes que alcanza portes extraordinarios y que transformó a Cuesta del Viento en una referencia obligada para cualquier pescador deportivo.