Por Ana Milena Varón |
Los Ángeles (EE.UU.)(EFE).- El sueño de toda la vida de José, un inmigrante mexicano, ha sido asistir a un partido de un Mundial de fútbol. Cuando se enteró de que Los Ángeles albergaría varios encuentros se ilusionó con la posibilidad de cumplirlo, pero su situación migratoria lo ha aterrizado en la realidad: “Tendré que verlos por televisión”, se resigna.
El hombre de 46 años, que sólo se identifica con su nombre por temor a que las autoridades migratorias lo detengan y deporten, asegura a EFE que es aficionado al fútbol desde que tiene memoria.
Luce la camiseta de la selección mexicana cada vez que puede, y uno de los mayores regalos que se hizo a sí mismo fue asistir a un partido del Tri en Los Ángeles, ciudad adonde emigró hace más de 25 años.
“Ir al estadio es una emoción que no tiene comparación”, afirma.












