Ocho partidos de la Copa del Mundo se jugarán en una localidad angelina de mayoría hispana, donde pocos pueden pagar las entradas
Desde el patio frontal de Francisco Sosa se puede ver la imponente coraza metálica del estadio SoFi, en Los Ángeles, California. En esa cancha se disputarán ocho partidos del Mundial de la FIFA, pero la cercanía no le sirve de mucho a Sosa, quien ya se ha resignado a ver los juegos del torneo más caro de la historia por televisión. “No hay dinero ahorita”, dice el estadounidense de 41 años y ferviente seguidor de la selección mexicana. Cuando se entera de que un palco de lujo para el partido entre Estados Unidos y Paraguay llegó a ofrecerse en hasta 112.500 dólares, su reacción fue inmediata: “¡Fuck! Es demasiado”.
La ausencia de los vecinos del SoFi en las tribunas refleja la desigualdad social de esta comunidad de mayoría hispana y clase trabajadora, hoy cada vez más codiciada por desarrolladores e inversionistas que ven en el estadio una mina de negocios. Los acecha el fenómeno de la gentrificación y, según activistas, los desalojos presuntamente injustificados se han vuelto más frecuentes. Estas familias, eso sí, cargarán con el caos y el tráfico desbordado que generará el Mundial y que se prevé se extienda por varias cuadras a la redonda. El recinto está en Inglewood, un suburbio que se localiza a tan solo tres kilómetros del caótico aeropuerto de Los Ángeles.













