El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, llegó con paso firme a La Moneda el lunes 23 de marzo. No llevaba buenas noticias al comité político que encabezaría el Presidente José Antonio Kast y que integra el resto de los ministros con domicilio en Palacio.Quiroz tomó la palabra y planteó directamente un tema que venía masticando hacía días: el alza internacional del petróleo, provocada por los conflictos en el Medio Oriente, amenazaba la agenda del gobierno. Con palabras calmas explicó a sus interlocutores que la situación terminaría provocando el desangre de los recursos fiscales y que -por esa razón- quería empujar cambios al Mecanismo de Estabilización de Precios del Combustible (Mepco). El ambiente era de preocupación. Todos entendieron que en el horizonte aparecía la primera crisis que enfrentaría el gobierno, pero lo que no podían saber era que sería la más profunda que golpearía a la administración de Kast en estos tres meses en el poder.—No se puede esperar. Hay que anunciarlo hoy— apuró Quiroz en la cita, quien había sincerado que su fórmula se traduciría en un fuerte aumento del precio del combustible para los ciudadanos. El presidente, Claudio Alvarado (Interior), José García Ruminot (Segpres), Mara Sedini (Segegob), el jefe del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval, y el director de Contenidos y Comunicaciones, Cristián Valenzuela, escuchaban atentos. —No podemos hacer que el costo sea solo para el usuario y que a la industria no le pase nada— replicó Alvarado.La mente del ministro del Interior trabajaba rápido calculando los costos políticos de la decisión en términos de respaldo ciudadano y la posibilidad de que una ola de protestas y movilizaciones pusieran en jaque al gobierno en su debut.García Ruminot se plegó a las aprensiones de Alvarado e instó también a que la medida fuera gradual. Ambos sabían que se estrenarían próximamente en el Congreso y que la reacción opositora a la decisión del gobierno de no subsidiar los combustibles podría poner cuesta arriba la agenda legislativa. Irarrázaval, en cambio, cerró rápidamente filas con el jefe del equipo económico.“Hay que hacer lo que dice el ministro de Hacienda”, dijo. Quiroz explicó que no era posible graduar la medida, ya que el ajuste de los parámetros del Mepco tenía que mantenerse por cuatro semanas. El ministro del Interior comprendió, pero insistió en medidas de mitigación a las que su par de Hacienda accedió. También adelantó que pondría en marcha un plan de emergencia para que las policías resguardaran bencineras y puntos estratégicos cuando se anunciara la decisión para contener eventuales desórdenes. Fue Kast quien dio por cerrada la discusión. “Es lo que tenemos que hacer”, aseguró el presidente. El ministro de Hacienda había jugado sus cartas bien. Antes de ese comité político -el jueves 19 de marzo-, Quiroz había sostenido una larga conversación a solas con Kast. Fue uno de esos diálogos que forjan el carácter futuro de las relaciones entre un mandatario y sus ministros. El economista vio con estupor cómo estalló la guerra entre Estados Unidos e Irán el 28 de febrero pasado. Era un golpe bajo para sus planes: en los meses anteriores, instalado ya en la OPE (Oficina del Presidente Electo), venía trabajando día a día en afinar el proyecto económico para el nuevo gobierno.Apenas llegó a Teatinos 120, Quiroz hizo los cálculos de cuántos recursos significaría para el Fisco el subsidio a los combustibles derivado del Mepco: millones de dólares semanales. La cifra -concluyó- complicaba el reordenamiento de las cuentas fiscales y el diseño económico que había ofrecido a Kast.Se lo dijo sin ambages al presidente: “Está en juego la Ley de Reconstrucción”.Kast lo escuchó con atención.“Haremos lo que tengamos que hacer, aunque me cueste popularidad. No hay que perder el norte”, respondió el Kast. A la cita se había sumado brevemente Alvarado, a quien se le transmitió que el lunes discutirían en profundidad el tema. Una vez alineados los ministros, el paso siguiente fue comunicar la decisión -ese mismo lunes 23- al comité político ampliado, que comparten las autoridades con los jefes de los partidos políticos. “Haré el anuncio hoy”, contó Quiroz a los principales dirigentes del oficialismo.“No nos diga nada más si no quiere que se filtre antes”, advirtió, en tono distendido, el presidente de Evópoli, senador Luciano Cruz-Coke, sabiendo que corrían contra el tiempo. El sábado 21 de marzo, Presidencia había avisado a los canales de televisión que el lunes siguiente en la noche Quiroz haría una ronda de entrevistas para comunicar una decisión sobre el alza de los combustibles. La puesta en escena había sido discutida en La Moneda. El director de Comunicaciones y Contenidos, Cristián Valenzuela; el director de la Secom, Felipe Costabal, y la jefa de prensa de Presidencia, María Paz Fadel, fueron parte del núcleo de asesores que evaluaron los pros y los contras de cómo debía hacerse el anuncio. Se decidió que el encargado de informar a la ciudadanía sería Quiroz en sucesivas entrevistas a los canales de TV y no Kast para cuidar la figura presidencial en la medida en que golpearía el corazón de los hogares chilenos.Casi a la misma hora del lunes, los canales comenzaron sus transmisiones. Todas partieron de forma similar: Quiroz informó que la gasolina de 93 octanos subiría desde ese jueves $ 370 por litro, mientras que el diésel tendría un aumento de $ 580 por litro.28/05/2026 - JORGE QUIROZ. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ Además, contó sobre siete medidas que ayudarían a las personas a enfrentar el alza: fortalecimiento del mecanismo de estabilización de la parafina, bono mensual de $ 100.000, por un período de hasta seis meses, a taxis y colectivos, y el congelamiento de las tarifas del transporte público en la Región Metropolitana, entre otras medidas. Frente a la TV varios dirigentes del oficialismo se agarraron la cabeza. No sólo no habían dimensionado el alza en los combustibles que acarrearía la decisión del gobierno, tampoco previeron que sería de un solo golpe. En la mente de varios la palabra resonó con fuerza: “Es un bencinazo”. La performance de Quiroz dejó con un sabor amargo al propio ministro. En TV se vio cansado y poco empático. De ahora en adelante, se decidió, se privilegiarían los puntos de prensa. Los ministros se desplegaron una vez conocida la medida. Alvarado inició una ronda de frenéticas reuniones con camioneros para evitar la tentación de una paralización. Quiroz también sumó sus oficios.Pero estalló un error no forzado. En las redes sociales oficiales de la Secretaría General de Gobierno (Segegob) aparecieron varios mensajes aludiendo a un “Estado en quiebra”.La idea de un país en bancarrota -que buscaba neutralizar los efectos de la decisión de gobierno- estaba plasmada en una minuta de la Secom, donde se afirmaba: “Encontramos un Estado en la quiebra. En cuatro años nos endeudamos por más de 40 mil millones de dólares. Y la caja del Estado la dejaron completamente vacía”.Hasta Quiroz se desmarcó del mensaje. “Jamás ocuparía como palabra que el Estado está quebrado. Lo que ocurre es que el Estado está en una situación fiscal deteriorada”, sostuvo. La crisis se volvió ineludible y alcanzó ribetes inesperados cuando la Contraloría General de la República le pidió al gobierno explicaciones. A Valenzuela, el director de Comunicaciones y Contenidos de Palacio, no le quedó otra alternativa que asumir en privado la responsabilidad por lo que su equipo había elaborado. Fue su primera derrota. El “bencinazo” terminó con una fuerte caída en la aprobación de Kast, que bajó entre 10 y 15 puntos.No había duda: el periodo de la luna de miel había acabado. **** “Estamos atrasados, tenemos que apurarnos”, transmitía el entonces presidente electo, José Antonio Kast. En los últimos días de diciembre, tras imponerse en la segunda vuelta presidencial, Kast estaba inquieto y se lo hacía saber a sus principales asesores, sobre todo a Alejandro Irarrázaval, su íntimo amigo desde la época universitaria y quien había manejado con mano de hierro la segunda etapa de su campaña presidencial y ahora hacía lo propio con miras al desembarco del nuevo gobierno en La Moneda.En la casona ubicada en calle La Gloria, donde se instaló la denominada Oficina del Presidente Electo (OPE), el entonces mandatario electo tenía a casi la totalidad de sus ministros resueltos, pero el área más sensible, el Ministerio de Seguridad, seguía sin estar zanjado. El control de la delincuencia había sido la promesa más sentida de toda la campaña y el relato principal para el “gobierno de emergencia” que querían empujar, por lo que el desconcierto ya comenzaba a instalarse en el entorno presidencial.No había dudas de que la carta preferida para sumir la cartera era el exalcalde Rodolfo Carter. Aunque había ganado con holgura la senaduría por La Araucanía, el exjefe comunal mantuvo varias conversaciones para asumir el cargo, pero se arrepintió. 12-03-2026