El mandatario enfoca sus primeros días de gestión en la seguridad y el crecimiento, mientras impulsa una agenda de extrema derecha
El presidente de Chile, José Antonio Kast, de la derecha radical, cumple este sábado un mes en La Moneda, el Palacio de Gobierno, donde se instaló a vivir con su esposa como no lo hacía un mandatario desde mediados del siglo XX. Ha sido un mes intenso, en parte porque su estrategia de arribo fue inundar la zona, es decir, copar la agenda pública con incontables anuncios en materias diferentes.
No es del todo original: la estrategia comunicacional se le atribuye a Steve Bannon, el más notorio ideólogo de la extrema derecha norteamericana. La instalación de Kast, por lo tanto, no ha sido suave. Ha estado marcada por factores no planificados, como el aumento histórico del precio de los combustibles por la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán —Kast estuvo con Trump pocos días después del ataque—, que le ha valido al chileno una caída brusca en popularidad. También por la decisión de no solo concentrarse en las principales urgencias por las que fue elegido, el control de la delincuencia y el crecimiento económico, sino en medidas en relaciones exteriores o en derechos humanos que revelan el carácter ideológico de la actual Administración. “Van por todo”, escribió hace una semana Carolina Tohá, que fue ministra del Interior del Gobierno de Gabriel Boric, antecesor de Kast.






