Con José Antonio Kast como presidente, el país abre un ciclo inédito en el que debe esforzarse por evitar una deriva extremista

El contundente triunfo de José Antonio Kast en las elecciones presidenciales de Chile marca un hito político inédito desde el retorno a la democracia: por primera vez, un candidato de extrema derecha alcanzará La Moneda con

self" rel="" title="https://elpais.com/chile/2025-12-15/la-victoria-de-kast-en-las-presidenciales-de-chile-en-ocho-graficos-esenciales.html" data-link-track-dtm="">un mandato claro de las urnas. La victoria no solo dibuja un giro conservador en la política chilena, sino que pone a prueba la madurez cívica de una sociedad acostumbrada a alternancias entre centroizquierda y centroderecha.

Reconocer la magnitud de este resultado no debe confundirse con resignación. La democracia chilena ha sido capaz de procesar con normalidad esta transición de poder, incluso entre visiones ideológicas profundamente distintas. El escrutinio electoral transparente, la rápida aceptación de los resultados y el respeto a las normas constitucionales son signos de fortaleza cívica que merecen ser destacados. No todas las democracias pueden exhibir tal comportamiento cuando se enfrentan a retos similares.