Opinión

Editorial

EDITORIALEs necesario y urgente que las autoridades ediles, tan prestas a reclamar autonomía, se responsabilicen del “medio” ambiente que queda en sus localidades.

“Somos la primera generación que siente los efectos del cambio climático y la última que puede hacer algo al respecto”, fue una frase elocuente durante una cumbre de economía ambiental del 2017, aunque los llamados a implementar acciones para reducir efectos del cambio climático vienen desde hace al menos cinco lustros. En nombre de muchos otros intereses se calificó de alarmista, exagerado o hasta conspiracionista el llamado a reducir emisiones causantes del aumento de temperatura del planeta. Desastres huracanados han dejado una huella cada vez mayor, sobre todo en países vulnerables como Guatemala.

Apenas esta semana se disipó la tormenta Cristina, que solo arrojó algunas precipitaciones en regiones del país, pero que causaron dañosas correntadas e inundaciones, como si fuera un preludio de lo que está por venir en esta incipiente temporada invernal. Y no se puede desear que no haya lluvias, porque de ello dependen los cultivos, la seguridad nutricional, miles de empleos. El problema es que el régimen pluvial es impredecible.