Ann Arbor es una pequeña localidad cercana a Detroit que sobrevive entre los escombros del Rust Belt, el cinturón de óxido de Estados Unidos por encima del que pasó un tsunami económico. Se desmoronó un modo de vivir, el de una industria que no miró salarios, sino cuentas de resultados, y se quedó una supervivencia que analizar. Y eso lo hacen en la Universidad de Michigan, que se trasladó allí desde Detroit en 1837. El pueblo creció con esa influencia, la de hacer pensar y formar a los jóvenes, y en los años 60 y 70 del siglo XX se convirtió en plataforma para la lucha por los derechos civiles. En ese análisis destaca la labor del Institute for Social Research (Instituto de Investigación Social) que dirige la profesora Kathleen Cagney. Ella, junto a otros investigadores, trata de que la sociología explique el entorno en un momento donde la ciencia está en entredicho y las encuestas electorales han tenido descalabros sonados. Cagney lleva décadas de trabajo intentando responder a las grandes preguntas desde las pequeñas realidades. Quizá para entender lo que sucede en EEUU, antes de mirar a la Casa Blanca, haya que mirar lo que sucede en los barrios. Hablamos con ella a pocos días de anunciarse la concesión del XVIII Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ciencias Sociales a NORC y al ISR de la Universidad de Míchigan. El galardón reconoce a ambas instituciones como referentes globales de una ciencia social basada en datos confiables, robustos y al servicio del interés público. PREGUNTA: ¿Cambia el barrio en el que vivimos la forma en la que envejecemos? RESPUESTA: Sin duda. La infraestructura social y física de una comunidad tiene un impacto importante en la salud y el bienestar. Déjame darte un ejemplo rápido. Cuando hubo la supertormenta Sandy en Nueva York, hicimos una breve encuesta. Y descubrimos que las personas recurren con mayor facilidad a redes informales en lugar de a redes formales. Es decir, llamaban al vecino de al lado en vez de llamar al 911. En un momento de crisis tu vecino se convierte en alguien crucial. P: ¿De alguna manera el vecindario es una forma común de defensa ante la soledad? R: Me viene a la mente el trabajo de Jane Jacobs, activista y urbanista de Nueva York. Ella fue, en buena medida, la persona que salvó el West Village. Es conocida por conceptos como los "ojos en la calle" y la "red de confianza pública". Esa noción concibe que las personas se sienten más seguras y están más dispuestas a ayudar en momentos de crisis. Por ejemplo, si alguien mira al otro lado de la calle y ve varios periódicos apilados en el porche de una casa, puede sentirse más inclinado a acercarse, llamar a la puerta y asegurarse de que la persona que vive allí está bien.
"Durante la ola de calor de Chicago muchos ancianos murieron porque no se atrevieron a salir de sus casas"
La socióloga Kathleen Cagney explica cómo el lugar donde vivimos condiciona nuestra salud, nuestra soledad e incluso nuestras posibilidades de sobrevivir a una ola de calor






