En el imaginario colectivo de los adolescentes, los estereotipos de género continúan teniendo un peso importante. “Al definir las características de los hombres y de las mujeres, existe una fuerte presencia de estereotipos tradicionales asociados a la feminidad y a la masculinidad a nivel global”, se afirma en el Barómetro Juventud y Género 2025, realizado por Fad Juventud y publicado el pasado febrero. Este mismo informe refiere que el 38,4% de los encuestados se considera feminista, 12 puntos menos que en 2021. De hecho, apenas el 26% de los hombres se identifica como feminista, frente al 51% de las mujeres. De todos estos datos se deduce que, en lo que a equidad de géneros se refiere, aún queda mucho por hacer. Los primeros años de la infancia son cruciales en la creación de la identidad. “Estudios como La formación y el impacto de los estereotipos de género: análisis de los entornos familiar, escolar y mediático, por su traducción en español, publicado en EWA Publishing en 2025, refieren que entre los 4 y los 9 años ya se han interiorizado los roles tradicionales de género, sobre todo en niños y sobre la masculinidad”, afirma la psicóloga perinatal Diana Sánchez. “Esta socialización proviene de la familia y de la escuela. Está demostrado que el estilo educativo de los padres influye de forma clara”, asegura la experta, que añade que “la personalidad, las creencias y el origen de quién se es y de cómo nos comportaremos en la edad adulta se crean en la crianza”. “Es el lugar en el que se aprende a ser, desde el machismo o desde la igualdad”, sostiene. Una de las claves para hacerlo desde la igualdad es no centrarse solo en la mirada de las niñas, sino también en la de los niños, para que entiendan que existen distintas maneras de crecer y convertirse en hombre. “Conseguirlo implica romper con el rol tradicional de la masculinidad hegemónica, deshacerse de prejuicios y estereotipos para, por ejemplo, ejercer los cuidados y la corresponsabilidad, mostrar su vulnerabilidad, relacionarse de forma afectiva y expresar emociones”, explica María Gijón, asesora de igualdad y coeducación y creadora de contenidos desde su perfil de Instagram Educar sin estereotipos, en el que cuenta con algo más de 100.000 seguidores. Pero no es sencillo romper con una idea que lleva persiguiendo a la sociedad varios siglos y desde diversas fuentes.La escritora y empresaria italiana Francesca Cavallo observó que en los cuentos tradicionales los héroes masculinos tenían un papel y un objetivo que se imponía por encima del resto: conservar la integridad de su reino y, a ser posible, sin apenas comunicar sus sentimientos y emociones. El cine continuó reproduciendo esos mismos patrones en personajes como superhéroes o espías al estilo de James Bond. “Pero la masculinidad no trata de biología, sino más bien de un guion, uno que se escribe, se reescribe y se transmite de generación en generación. No hay nada malo en la masculinidad en sí misma, aunque durante siglos hemos enseñado solo una versión de ella, presentándola como la única natural o aceptable”, sostiene Cavallo. Esta conciencia la empujó a escribir Cuentos espaciales para niños del futuro, una serie de relatos infantiles con referentes masculinos diversos.La autora asegura que aún hoy se ejerce más presión sobre la identidad de género de los varones que sobre la de las niñas. Y para demostrarlo pone el ejemplo de las mochilas: “Si una niña pide una mochila de Spiderman, no suele haber problema en comprársela; no pasa lo mismo si es un chico quien pide una mochila de Frozen. En ese caso, sobre todo los padres, se sienten mucho más incómodos”. “Muchos no saben cómo manejar estas situaciones. Quieren que sus hijos sean libres, pero no quieren que estén en peligro. Y, en 2026, explorar una forma más libre de desarrollar su identidad masculina todavía se percibe como algo arriesgado”, subraya Cavallo. Quizás por eso, según dice, la crianza se ha basado más en criar niñas empoderadas que en educar a chicos con buenas capacidades emocionales.Falta de concienciaLo habitual es que los padres no sean conscientes de estar reproduciendo estereotipos o roles machistas en la crianza. “En general, no tienen esa intención. Sin embargo, estas conductas aparecen de forma sutil e inconsciente. Por ejemplo, en la manera en que la propia pareja se relaciona entre sí”, explica Sánchez, para quien los progenitores suelen subestimar “el poder que tienen sobre sus hijos sus propios actos y elecciones vitales, desde la música, el deporte o las películas que elegimos. Todo es importante y puede jugar a favor o en contra de una educación libre de estereotipos de género”.Por ello, aconseja a los padres reflexionar sobre estas cuestiones para revisar y cambiar sus propias creencias, un proceso que debe abordarse de manera conjunta. “La pareja debería tener claro qué referente educativo busca transmitir y ser coherente entre lo que piensa y lo que hace”, señala la psicóloga perinatal. “Lo ideal sería que en casa se viviese de acuerdo con esos principios: repartir las tareas, no establecer diferencias por razón de sexo, funcionar como un equipo y dirigirse el uno al otro con respeto, sin comentarios machistas”, añade Sánchez, quien también recomienda asignar las mismas responsabilidades a todos los hijos y ofrecerles juegos y juguetes alejados de los estereotipos.Aun con toda la intención, no es sencillo llevar a la práctica este tipo de educación, que supone luchar “contra todo un entorno que lanza inputs continuamente: la publicidad, los dibujos, las series, las películas, la ropa, los disfraces, la prensa y sus titulares, los roles en los programas televisivos…”, afirma Gijón, quien, pese a todo, se muestra optimista de cara al futuro. Quizá porque cada vez son más quienes entienden que educar en igualdad beneficia tanto a los niños como a las niñas. “El modelo de masculinidad hegemónica encierra a ellos en una cárcel simbólica que les impide expresar sentimientos, mostrarse débiles o vulnerables o disfrutar de la crianza. Y a ellas les supone un alto coste en términos de desigualdad y violencia”, explica Gijón.