EntrevistaEl historiador y escritor británico Thomas Moynihan analiza el miedo sobre el fin del mundo. Moynihan es doctor de la Universidad de Oxford, investigador en Cambridge y autor de tres libros de temas existenciales. Foto: ICI Berlin13.06.2026 22:01 Actualizado: 13.06.2026 22:01
El poder de las narraciones infantiles: cuando Thomas Moynihan tenía cuatro años, su padre le contaba historias acerca de las extrañísimas criaturas que vivieron en la Tierra durante la llamada explosión cámbrica, hace más de 500 millones de años (bastante antes de la era de los dinosaurios). El pequeño Thomas quizá no entendía mucho entonces, pero la noción de estar ante algo asombroso permaneció. Y permaneció a tal punto de que en cuanto pudo leyó el detalladísimo libro que escribió el paleontólogo y biólogo evolutivo estadounidense Stephen Jay Gould acerca de aquella vida maravillosa (precisamente así se llama el libro).Aquel niño de 4 años que se dormía entre trilobites y wiwaxias luego se transformó en historiador de las ideas y terminó su doctorado en la Universidad de Oxford con un tema relacionado: cómo surgió en la humanidad la noción de que la extinción —como les había pasado a esas singulares criaturas— era una posibilidad también para los humanos. La idea de que lo que florece, por más colorido que sea su esplendor, podría terminar, tiene todo un recorrido con un inicio que Moynihan documenta con delicadeza en el libro Riesgo de extinción. Cómo la humanidad descubrió su propio final (publicado por Interferencias, el sello de Adriana Hidalgo editora). Allí además desfilan las ideas de los principales pensadores de los últimos dos o tres siglos—y de antes también— leídos bajo el tamiz de la posibilidad de la extinción humana en un compendio exhaustivo y lujoso que convierten a Riesgo de extinción en uno de los libros del año.“Creo que la extinción es algo que tenemos que tomarnos seriamente. Como historiador puedo dar cuenta de la cantidad de veces que a una sociedad un evento la tomó totalmente de sorpresa”, dice Moynihan desde su casa en Londres en esta charla con La Nación. Y agrega: “La analogía más fácil es la de principios del 1900 cuando muchísimos científicos y expertos creían verdaderamente que la humanidad no podría nunca usar los poderes ocultos del átomo. Las sociedades suelen subestimar el rango de lo que es posible”.Empiezo por el final: el hecho de que en algún momento nos dimos cuenta de que nos podemos extinguir como especie también nos hace pensar en cómo evitarlo. En el libro se sugiere “trascender la biología” con desarrollos tecnológicos como la llamada geoingeniería. ¿Pero no se trata también de un riesgo en sí mismo? ¿De jugar a ser Dios, en definitiva?Sí, sin dudas, estoy de acuerdo. Desde un punto de vista puramente teórico es importante pensar cómo la idea del fin de la especie interactúa con las ideas acerca de cómo sobrevivir tanto como sea posible. Pero que este tipo de deriva hacia la trascendencia puede transformarse en generación de peligros es totalmente cierto. El ejemplo histórico más obvio es la apertura de los secretos del átomo. Ese fuego de los dioses que apareció por 1945 y enseguida puso en peligro a toda nuestra existencia. Lo cierto es que después de publicado el libro me he puesto, cómo decirlo, más circunspecto respecto de ese impulso a sobrevivir sin importar cómo. Ahora lo pienso así: sobrevivir y expandir la vida de la humanidad sería excelente, pero no obligatorio. Fantástico, pero no a costa de cualquier cosa. La aceleración tecnológica y toda esa deriva… (piensa), bueno, ahora soy un poco más escéptico al respecto.Entonces volvamos al principio del libro. ¿Cómo los humanos descubrieron que podían extinguirse y cómo se diferencia esta idea del apocalipsis bíblico, mucho más antigua?El libro se gestó a partir de un curso que tomé luego de que hice la maestría sobre el romanticismo, sobre la filosofía política del romanticismo, en particular en poetas como Percy Shelley, Mary Shelley, Lord Byron… Recuerdo leer el trabajo que ellos produjeron y ahí se percibe un cambio, en medio de temáticas apocalípticas en sus escritos. La manera en que pensaban en un final era completamente diferente de la generación romántica anterior, la de William Blake y Wordsworth. Esta segunda generación pensaba que desaparecerían todos los humanos y el universo, en su vastedad, continuaría de manera independiente sin nosotros. En el caso de Mary Shelley (autora de Frankenstein), incluso le iba mejor al universo sin nosotros; en particular, en su novela El último hombre, donde morimos por una pandemia, pero el resto de la biosfera permanece y florece. Creo que es la primera vez que esta ida aparece en la literatura. Entonces, me tomó mucho tiempo responder a esta pregunta acerca de por qué se da este cambio, qué lo propició tan de repente. La posibilidad de la extinción humana como una idea distinta de la tradición religiosa, particularmente de las religiones donde generalmente el humano forma parte del fin universal; y también de otras en las que hay un eterno retorno, como en las hindúes. Mi argumento es que hay ahí algo totalmente novedoso, donde se armó desde distintos campos y puntos de vista, muchos basados en la ciencia. Y se convirtió en una poderosa fuerza cultural a partir de ahí. Una toma de conciencia, digamos.De todos modos, se podría decir que en realidad es lo mismo, un pensamiento acerca del final de la humanidad, solo que ahora bajo un tamiz científico.Sí, se puede argumentar así, pero haría una distinción que me parece importante. En el escenario del apocalipsis religioso, particularmente en las religiones abrahámicas, pero no solo en ellas, el final es la consecuencia natural de un orden moral universal que puede ser inescrutable para nosotros como mortales, pero los dioses sí diferencian lo bueno de lo malo y la justicia llega como conclusión. En la idea de extinción también hay un final, desde ya, pero es más la frustración de un orden moral; ya no hay humanos y se acaba el orden moral universal, o la idea de su proyecto. Del modo en que lo escribo en el libro es que mientras en el escenario apocalíptico hay un sentido en el final, una satisfacción, una justicia, en la extinción se da el final del sentido, el final de las ambiciones y metas humanas.De todos los riesgos de extinción que existen y que cita en su obra, ¿cuál le parece el más complicado y cuál es el que le preocupa particularmente?Ser un historiador de estas ideas no te transforma en un experto que puede predecir qué pasará, dejo eso a los científicos, pero de todos modos al haber pasado tanto tiempo lidiando y hablando con esos expertos puedo decir que se pueden dividir los riesgos existenciales en dos categorías: los antropogénicos, derivados directamente de la acción humana, y los naturales. Y hay buenas razones para creer que las amenazas antropogénicas son más plausibles; lo que no quiere decir que no hay un lugar también para las naturales, y el final de los dinosaurios está ahí como prueba. Muchas de esas amenazas naturales existenciales recién fueron reconocidas en las últimas décadas, como el supervulcanismo, la explosión posible de supernovas cercanas, lo que implica que quizás haya otras del mismo estilo de las que quizá no tenemos hoy idea. Sin embargo, los expertos tienden a coincidir que los riesgos más graves son derivados de la propia acción humana, que son más probables y graves. La guerra nuclear es el más obvio y citado, que podría llevar a una situación climática similar a lo que sucedió cuando el asteroide (que terminó con los grandes dinosaurios) pegó en la Tierra: fuegos por todos lados, partículas inyectadas en la atmósfera en grandes cantidades que bloquean el sol durante un tiempo suficiente como para causar el colapso de ecosistemas enteros. Eso ya provocó extinciones pasadas. Lo otro, muy citado a partir de lo que pasó en 2020, es una pandemia. En lo personal, lo que a mí me desvela es una pandemia a partir de un virus modificado en laboratorio, sintetizado y amplificado. Me resulta terrorífico.Últimamente se mencionan también los desarrollos de la inteligencia artificial (IA) como posible fuente de extinción.Totalmente, la IA, es el tópico del momento. No es la idea de que los LLM (large language models) o grandes modelos de lenguajeactuales tomen el poder, sino que potencialmente se llegue al punto de que se entre en un bucle de automejora de uno de estos programas de IA que deje tan atrás a los humanos en capacidad cognitiva de modo que se haga imposible predecir qué hará esa inteligencia brutalmente más grande: esa es la razón por la cual los humanos tienen a perros y gatos como mascotas y no al revés. Entonces, el escenario para los investigadores más preocupados por el tema no es que las inteligencias artificiales sean hostiles, sino que decidan qué recursos que para nosotros son vitales tienen para ellas algún otro tipo de destino mejor y no podamos anticiparlo. Puede sonar especulativo, pero es menos que lo que era hace diez años.Entonces, realmente tiene una preocupación al respecto, no es solo la idea en algún punto imaginaria respecto de la posible extinción.Creo que es algo que tenemos que tomarnos seriamente. Como historiador puedo dar cuenta de la cantidad de veces que a una sociedad un evento la tomó totalmente de sorpresa. Entonces, la analogía más fácil es la de principios del 1900 cuando muchísimos científicos y expertos creían verdaderamente que la humanidad no podría nunca usar los poderes ocultos del átomo, o que en todo caso le tomaría decenas o cientos de miles de años hacerlo. Sin embargo, sucedió en el transcurso de una generación que se entró en el átomo, se logró la fisión, la reacción en cadena fue posible y enseguida se consiguieron las armas nucleares. Así que sí puede haber sorpresas. Las sociedades suelen subestimar el rango de lo que es posible. Por eso trato de mantener la mente abierta para el rango de lo posible, incluso para asuntos que nunca sucedieron, y la extinción humana es algo que por definición nunca sucedió, porque estamos hablando. Por eso hay que tomarlo seriamente. Y un punto final: tenemos cada vez más poder tecnológico, pero a la vez parece que tenemos menos poder sobre las tecnologías. Por eso el mundo es un mundo cada vez más inseguro, más frágil geopolíticamente. Así que potenciales catástrofes están en el menú de lo imaginable.Incluso antes de la extinción total, puede haber colapso civilizatorio, con el derrumbe de los Estados y la supervivencia aislada de pequeños grupos humanos, por ejemplo. ¿Lo ve como posible también?Sí, es algo que puede pasar, un evento no tan grave como la extinción, y de hecho ha pasado. Los imperios han colapsado, de manera más o menos violenta, gradual o rápidamente. Hay gente que se dedica al estudio de esto en particular. Por primera vez ahora hay una conexión intercontinental en las economías y las sociedades son globales, lo que no existía en el pasado, y eso lleva a debilidades. Los patógenos y las emisiones de dióxido de carbono (que llevan al cambio climático) no respetan los límites de los países. La conectividad es brillante porque se puede pedir algo y al día siguiente está en tu casa, pero a la vez la capacidad de movimiento de las calamidades es similar y eso intensifica el riesgo. Así que sí: es posible un escenario de colapso más allá de si lleva o no a una extinción.Tenemos cada vez más poder tecnológico, pero a la vez parece que tenemos menos poder sobre las tecnologías LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







