OpiniónLos gestores de diálogo buscan desescalar conflictos y garantizar respeto por los derechos ciudadanos mientras lidian con insultos y amenazas.Gestores de Diálogo. Foto: Alcaldía de BogotáEDITOR GENERAL13.06.2026 22:01 Actualizado: 13.06.2026 22:01
Probablemente muchos se levantan cada mañana despotricando del trabajo que tienen que emprender. No están contentos con él, les parece rutinario y poco emocionante. Otros, muchos también, lo ven distinto, como un desafío permanente, lleno de sorpresas, de diálogos interesantes, de descubrimientos y aprendizajes. Hay trabajos duros, demandantes, complejos, de mucha atención y capacidad para enfrentarlos. Pero al final de cuentas son trabajos, y quienes gozan de uno formal son de alguna manera bendecidos, pues la gran mayoría de bogotanos no pueden decir lo mismo, viven de la informalidad y allí las cosas son a otro precio. LEA TAMBIÉN Pero hay un trabajo que todos los días compruebo que es el más difícil de todos porque tiene que ver con personas y situaciones particulares. Y no hay nada más difícil que lidiar con otro ser humano en momentos de altísima tensión. Alguna vez Ricardo Silva, en su habitual columna de los viernes en este diario, les rindió un homenaje a los funcionarios públicos, conocidos lacónicamente como burócratas. Y sí, creo que fue un justo homenaje, aunque hay burócratas de burócratas, unos muy eficientes y otros que, por Dios, no se sabe exactamente qué tipo de servicio prestan.Luz Amaya (Der), en compañía de algunos gestores acompañando una movilización. Foto:Secretaría de GobiernoPero volviendo al punto, hoy quiero exaltar y reconocer la labor de los llamados gestores de diálogo y convivencia de Bogotá, hombres y mujeres que tienen que lidiar, capotear y resistir a una horda de ciudadanos alterados por cualquiermotivo. Son padres, madres, hermanos, hijos de una familia a la que dejan todos los días para ir a enfrentar a los manifestantes del día, a los colados del día, a los violentos del día, a los borrachos del día, a los hinchas de las barras bravas y a los indígenas agresivos que se toman los espacios públicos de la ciudad.todos los días para ir a enfrentar a los manifestantes del día, a los colados del día, a los violentos del día, a los borrachos del día, a los hinchas de las barras bravas y a los indígenas agresivos que se toman los espacios públicos de la ciudad.Lucen chaquetas rojas o blancas. Son identificables. Y su única misión es evitar una tragedia, garantizar que no se violen las normas de convivencia, bajar los ánimos, desescalar un conflicto a través del diálogo y acompañar al ciudadano para que se le respeten sus derechos. LEA TAMBIÉN Gestores de Diálogo de la Secretaría de Gobierno. Foto:Secretaría de GobiernoA cambio reciben insultos, golpes, escupitajos, amenazas, los roban y los hieren físicamente. Cuando se trata de protestas violentas, están expuestos a todo, a sabiendas de que lo único que pretenden es que no se imponga la sinrazón. Cuando hay hinchas alborotados, solo quieren que se vayan tranquilos a casa y eviten un mal mayor. Cuando se trata de evitar un colado en TransMilenio, solo quieren que se cumpla la ley. Pero quienes los agreden y violentan solo ven en ellos un estorbo para sus acciones, una representación de autoridad que no tienen, pues no son policías ni hacen sus veces. Son simples ciudadanos, como usted o como yo, que quieren que otros ciudadanos entren en razón. Yo no sé de qué están hechos estos hombres y estas mujeres, se necesita mucho teflón para aceptar un cargo en el que siempre son el blanco, porque ellos representan esa primera línea que quiere facilitar el diálogo, evitar a toda costa una confrontación y que no tengamos que lamentar después una tragedia.Sí, muchos de ellos están preparados en temas como derechos humanos, diálogo y primeros auxilios. Pero nadie les reconoce eso. Ellos y ellas ejercen el oficio más difícil y complejo de Bogotá. No sé cuántos son, deben ser cientos; no sé cuánto cuestan, deben ser millones; no sé si son profesionales, muchos deben serlo, otros no; no sé si tienen hijos y familias que los esperan de regreso a casa, deben ser muchos; no sé si les gusta lo que hacen o no encontraron otra opción, seguramente sí o seguramente no. Lo único cierto es que sin la labor de los gestores de diálogo y convivencia, sin el apoyo de estos mediadores sociales, seguramente las cosas serían más difíciles en Bogotá. Debería haber un día para celebrarlos y reconocerlos por su trabajo. Y también para recordar a aquellos que han resultado heridos, con lesiones de por vida, golpeados en su propio orgullo solo por promover algo que todos deberíamos entender: que están ahí para que seamos mejores ciudadanos.ERNESTO CORTÉS FIERROEditor GeneralEL TIEMPO@ernestocortes28erncor@eltiempo.com Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.











