ay una frase que Ana Cal Estrela, una de las abogadas de la acusaci�n popular en el caso Vivotecnia -en 2021 se difundieron im�genes grabadas dentro de este laboratorio que mostraban golpes, burlas y pr�cticas crueles sobre animales- escuch� durante la investigaci�n y que le resulta imposible olvidar. Una de las responsables del laboratorio le dijo a la testigo protegida, la mujer que destap� el caso, que "para ser un buen t�cnico no se puede tener empat�a con los animales". La frase sobrevuela, de una forma u otra, buena parte de la violencia que sufren los perros. Porque detr�s de la beagle criada para experimentaci�n de medicamentos o detergentes, del galgo abandonado cuando deja de servir para cazar, de la perra explotada para tener camadas sin descanso o del perro de pueblo condenado a una cadena durante a�os, hay siempre una misma l�gica: la del animal entendido como herramienta. �til. Y reemplazable.
Y, enfrente, hay otra cosa. Hombres y mujeres -much�simas- que rescatan, denuncian, limpian heridas, gestionan adopciones, pagan facturas veterinarias imposibles, graban v�deos para redes sociales y sostienen emocionalmente una realidad que parece no terminar nunca. Algunas son activistas. Otras, abogadas. O voluntarias agotadas. Muchas viven expuestas de forma constante al sufrimiento animal. Y aun as� insisten. Nos lo confirman las mujeres de este reportaje: una vez has entrado en el mundo de la defensa animal, quedas atrapada. "Nunca me har� rica con esto, lo s�. Pero no podr�a hacer otra cosa, me apasiona", dice Bel�n Fern�ndez, de la Asociaci�n Alba.Una de esas mujeres es Arantxa Sanz, abogada de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Madrid (SPAP), que detalla los distintas formas de violencia contra los perros que llegan a ella y que van desde "casos en los que reciben golpes, palizas, viven atados o encerrados, enfermos sin atenci�n veterinaria..." hasta otros "abandonados en parcelas o instalaciones, muchas veces atados, desnutridos, enfermos, sin protecci�n contra las inclemencias meteorol�gicas" o incluso "perros usados en peleas, en total anonimato e impunidad".Espa�a abandona cada a�o alrededor de 300.000 perros y gatos, seg�n estimaciones de protectoras y organizaciones animalistas. Por compararlo con otra realidad cercana en lo geogr�fico, en Pa�ses Bajos el abandono es cercano a cero. El fen�meno espa�ol afecta sobre todo a los galgos tras la temporada de caza (se calcula que unos 50.000 son abandonados o asesinados cada a�o), pero no s�lo a ellos.Parad�jicamente, el aumento de demanda de mascotas (unos 20 millones en Espa�a) ha propiciado uno de los principales tipos de violencia contra ellas, la que tiene lugar en criaderos, donde muchas perras se convierten en m�quinas de fabricar mascotas no siempre en las mejores condiciones. No existe un censo completamente fiable, pero distintas estimaciones sit�an en torno a entre 1.300 y 1.500 los criaderos legales de perros en Espa�a, a los que habr�a que sumar un enorme mercado irregular o clandestino. Se calcula que sobre el 35% de la actividad vinculada a la cr�a opera de forma ilegal o no regulada. Hace poco, la Guardia Civil evacu� m�s de 330 perros de un criadero de Gij�n tras detectar graves irregularidades y condiciones higi�nico-sanitarias deplorables.No es un caso aislado, aunque s� de los pocos que han saltado al prime time televisivo. Otros: : 544 perros hallados en un criadero ilegal de Zaragoza en 2020, sin autorizaci�n ni atenci�n veterinaria; unos 260 chihuahua y pomerania rescatados en condiciones extremas, algunos con las cuerdas vocales seccionadas, en Meco y Arganda del Rey en 2020; 265 perros y 41 gatos hacinados en un criadero ilegal de Murcia en 2022, donde adem�s aparecieron decenas de animales muertos en congeladores; alrededor de 400 mascotas rescatadas en una gran red internacional de tr�fico animal desmantelada en 2023 entre Catalu�a, Madrid y otros pa�ses europeos; 46 cachorros incautados en una trama de venta ilegal por toda Espa�a en 2024, o 171 animales vivos y m�s de 250 cad�veres hallados en un criadero clandestino de A Coru�a en 2025.Rescatando beagles en WisconsinLa paradoja es que al mismo tiempo vivimos un auge enorme de la sensibilidad animalista. Nunca hab�a habido tantas protectoras, adopciones y perfiles dedicados al rescate ni tanta circulaci�n de im�genes de maltrato en redes sociales. �stas han transformado el activismo, al convertir sufrimientos antes invisibles en relatos compartidos en tiempo real. Eso es lo que ocurri� en Wisconsin hace apenas unas semanas. Las im�genes dieron la vuelta al mundo: activistas entrando en Ridglan Farms, un centro de cr�a de beagles para investigaci�n, mientras decenas de perros ladraban desde jaulas. Entre quienes participaron estaba Madhu Anderson.Madhu Anderson, con la beagle que rescat� en Ridglan Farms, en una captura de v�deo proporcionada por la propia activista."El olor me golpe� incluso antes de llegar al edificio -amon�aco, orina y heces- y s�lo empeor� dentro", recuerda ahora, entrevistada por YO DONA. "Filas de jaulas oxidadas llenaban las instalaciones mientras ladridos constantes y gemidos agudos llenaban el aire. Muchos de los perros daban vueltas sobre s� mismos o estaban fren�ticos, mientras otros parec�an vac�os y deprimidos". En mitad de aquel caos, Madhu Anderson encontr� a una beagle aterrorizada. "La saqu� con cuidado de su jaula para llevarla a la furgoneta de rescate. Por el camino apoy� la frente contra mi barbilla, la bes� y le promet� que estar�a a salvo. La llam� Maggie, y ese momento es lo que m�s recuerdo".Anderson fue detenida. Pero semanas despu�s regres� junto a cientos de activistas m�s. Hubo cargas policiales, gases lacrim�genos y balas de goma. Finalmente, la presi�n p�blica termin� desencadenando uno de los mayores rescates de perros de laboratorio de los �ltimos a�os: unos 1.500 beagles destinados a la experimentaci�n animal fueron liberados tras ser adquiridos por dos entidades de protecci�n animal.A escala global, la experimentaci�n animal sigue siendo gigantesca. Se calcula que al menos 190 millones de animales se usan al a�o en ensayos e investigaci�n. Los perros representan una peque�a parte del total, pero causan un impacto emocional enorme. En toda la UE se usan unos 8.000 al a�o en laboratorios, y Espa�a supera los 1.500.El gran punto de inflexi�n en aqu� fue el caso Vivotecnia. En 2021 se difundieron im�genes grabadas dentro del laboratorio madrile�o que mostraban golpes, burlas y pr�cticas crueles sobre animales de este laboratorio. El caso provoc� protestas y abri� un debate p�blico in�dito en Espa�a sobre la experimentaci�n animal. "Recuerdo que, al principio, ni siquiera pod�a ver las im�genes", cuenta Ana Cal Estrela. "Y cuando finalmente lo hice, eran a�n peores de lo que imaginaba. La desesperaci�n y el dolor que muestran esos v�deos son tan expl�citos que, despu�s de verlos, una ya no vuelve a ser exactamente la misma".Los v�deos de Vivotecnia sirvieron para mostrar a gran parte de la ciudadan�a hasta entonces ignorante de ello c�mo el adorable beagle es la raza de perro predilecta para testar medicamentos, s�, pero tambi�n detergentes o sustancias para uso cosm�tico. "Se los elige por su car�cter d�cil, noble y extremadamente confiado. Ir�nicamente, aquello que deber�a protegerlos es precisamente lo que los convierte en v�ctimas perfectas para esta industria", explica la abogada, que valora lo sucedido en Wisconsin como un precedente "interesant�simo, porque refleja el creciente nivel de conciencia social en defensa de los animales. En este terreno, Estados Unidos lleva a�os de ventaja". Y a�ade: "All� existen juristas que plantean ampliar doctrinas similares al estado de necesidad o a la desobediencia civil justificada. La idea es sencilla: si existe sufrimiento grave y las v�as legales resultan insuficientes, rescatar animales deber�a aproximarse jur�dicamente al rescate de una persona en peligro. Es lo que algunos denominan Right to Rescue (derecho al rescate)"."Es dif�cil romper con la cosificaci�n de los animales", resume Ana Cal Estrela.La abogada Ana Cal Estrela, con Noa, una beagle de 13 a�os. Es la raza canina m�s usada en laboratorio por su docilidad y exceso de confianza.Los perros 'fuera de la ley'La frase sirve tambi�n para entender el caso de los galgos. Representan, junto a los podencos (tambi�n usados para la caza) y los PPP (siglas por las que se conoce a los considerados perros potencialmente peligrosos) la mayor proporci�n de perros que ocupan los cheniles de las protectoras.En Espa�a, los perros de caza quedaron fuera de la Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protecci�n de los derechos y el bienestar de los animales, consolidando una dualidad jur�dica: canes considerados miembros de la familia frente a otros considerados instrumentos de trabajo. Sara Olano, voluntaria y secretaria de la junta directiva de BaasGalgo, protectora centrada en el rescate y rehabilitaci�n de galgos procedentes de la caza o de la calle, describe una situaci�n de saturaci�n permanente y largas listas de espera. Cree que la exclusi�n de estos animales de la ley resulta adem�s especialmente grave porque "son los que m�s protecci�n necesitan debido a las malas pr�cticas que sufren".Aunque un galgo puede vivir hasta los 10 o 15 a�os, muchos de los usados para cazar son abandonados bastante antes, cuando "est�n lesionados o tienen alguna enfermedad que les impide desarrollar su funci�n correctamente", explica Sara Olano. Iris Cervantes, de Somos Galgos, lo ve constantemente en perros como Capi, desechado por un cazador. Lleg� con fracturas sin tratar en un codo y en la caja tor�cica, pero las heridas f�sicas no eran lo �nico visible. "Ten�a, y a�n tiene, much�simo miedo", cuenta. Y explica c�mo Capi lleg� "con inhibici�n sensorial, un estado emocional en el que no son capaces de reaccionar ni toleran el contacto f�sico".Algunos aparecen desnutridos. Otros, lesionados. Otros llegan con secuelas f�sicas compatibles con castigos extremos o dopaje (con coca�na y otras sustancias, para sacarles m�s rendimiento cuando se los utiliza en carreras). Las protectoras llevan a�os denunciando que el problema no es anecd�tico, sino estructural. Junto a ellos aparecen tambi�n, de forma recurrente, los PPP. Estos arrastran una fuerte estigmatizaci�n social y conseguir que alguien los adopte es complejo debido a la suma de lo anterior y las exigencias legales vinculadas a su tenencia. "Con los PPP la mayor parte es abandono urbano", explica Cristina Marcos, directora de Comunicaci�n de la protectora Salvando Peludos; "los PPPs tienen la mala suerte de nacer con esa consideraci�n de perro potencialmente peligroso por el tama�o de su boca y de su pecho. Pr�cticamente por eso. Lo cual obliga a los propietarios a no poder llevarlos con correa m�s larga de dos metros, bozal constante, sacar una licencia que obliga a un test psicot�cnico... �Qu� pasa? Que una camada de PPP, hablando en plata, es una putada. Y si no has castrado a tu perro y ha embarazado a una hembra por accidente, esa camada no tiene salida. Y muchos los abandonan. A nosotros nos llegan tambi�n PPP de criaderos, beb�s que nosirven porque tienen alg�n tipo de enfermedad o deformidad".Bel�n Fern�ndez de la Asociaci�n Alba, con una bich�n malt�s de un criadero.La desgracia de ser un perro de modaLas protectoras describen un fen�meno cada vez m�s visible: el impacto de las modas y las redes sociales sobre la demanda. Hace unos a�os aumentaron de forma clara los abandonos de border collies. Ahora empiezan a preocupar los de pastor belga malinois. Iris Cervantes detecta la misma l�gica incluso entre algunas personas que buscan adoptar. "Nos entran cuestionarios donde nos dicen: 'Quiero un galgo italiano', o 'quiero un galgo gris con los ojos azules'. Ese 'quiero' suele ser indicio de que buscas un perro porque se ha puesto de moda en redes sociales". Luego pasa lo que pasa: "A Perla la adopt� una pareja que luego se separ�. Y entonces ninguno quer�a hacerse cargo de ella; no encajaba en sus planes".La p�rdida de inter�s es, de hecho, una de las formas de abandono m�s frecuentes. Cristina Marcos asegura que muchas devoluciones siguen demostrando que las personas establecen un v�nculo muy fr�gil con los animales. "Te devuelven a un perro de 9 a�os, ya s�nior, con unas posibilidades de adopci�n baj�simas. El perro pasa de vivir en una casa, con su familia, a dormir llorando en un chenil sin entender qu� hace ah�". Por eso Marcos cree que el discurso animalista necesita ir m�s all� del adopta, no compres: "Hay que empezar a hablar de adoptar de forma responsable. Pensar si ese animal realmente encaja con tu vida futura. Porque un perro deber�a ser para toda la vida".Eso incluye informarse de la procedencia del cachorro. Bel�n Fern�ndez, de la Asociaci�n Alba, en Camarma de Esteruelas (Madrid), lleg� al centro hace dos a�os, durante unas pr�cticas (es educadora canina), y termin� qued�ndose porque, explica, "mis valores coincid�an plenamente con los de la asociaci�n". En sus instalaciones conviven hoy unos 90 perros, m�s de 100 gatos y tambi�n otros animales porque "se abandona de todo, cabras incluidas". Entre los canes que reciben hay animales usados para parir incesantente en criaderos. "El problema es que la gente no es consciente de lo que hay detr�s de su perro de raza, porque el cachorro que se llevan a casa est� bien y parece cuidado... Intento pensar que no es mala intenci�n, sino falta de informaci�n. Convivimos cada vez m�s con animales, pero sigue faltando mucha conciencia sobre lo que hay detr�s de muchos de ellos", dice.Cristina Marcos, directora de Comunicaci�n de la protectora Salvando Peludos, con Desd�n, un m�st�n de 5 a�os que encontraron abandonado. Lleva dos esperando ser adoptado, sin suerte.La violencia contra el 'perro de pueblo'Pero si hay un tipo de violencia normalizada en Espa�a es una que se practica en el mundo rural. "Llevo a�os denunciando por la v�a penal este tipo de maltrato, muchas veces con poco �xito", explica Ana Cal Estrela. "El primer perro que conseguimos decomisar a trav�s de la v�a judicial llevaba nueve a�os atado a una cadena de un metro. Nueve a�os sin poder apenas moverse. Su nueva familia lo llam�, como no pod�a ser de otro modo, Django".En el mundo rural, explica Cristina Marcos, esa pr�ctica sigue siendo bastante habitual: "Perros enormes atados durante d�as al sol, sin poder moverse apenas". Marcos recuerda que el bienestar animal se define por aspectos como la ausencia de miedo, dolor o enfermedad y la posibilidad de desarrollar comportamientos naturales. "Un mast�n atado 50 horas a un poste dif�cilmente cumple eso", dice. Pero "en muchos pueblos estos perros siguen vi�ndose como meras herramientas de trabajo". Cambiar esa mentalidad, dice, no es f�cil.A ello se suma adem�s la dificultad de control. "Las leyes est�n muy pensadas para el entorno urbano y los sistemas de vigilancia no son tan sencillos en el rural", se�ala. �Hay perros que pr�cticamente viven fuera todo el tiempo. No se sabe bien de qui�n son ni con qui�n viven. Y gran parte est� sin chipar ni vacunar". La falta de control contribuye a situaciones como la que relata Arantxa Sanz, "un mast�n que fue encontrado vagando por el campo con un collar incrustado en el cuello sobre el cual hab�a crecido tejido y estuvo a punto de morir debido a la infecci�n ocasionada por ello". Para colmo, a los que rescatan protectoras como Salvando Peludos (que gestiona la recogida de perros en situaci�n de abandono para distintos ayuntamientos de la Comunidad madrile�a) les resulta dif�cil encontrar adoptantes. "Existe la falsa creencia de que un mast�n no puede vivir en un piso y no es verdad", se queja Cristina Marcos; "son probablemente los perros m�s tranquilos que existen".Y el dinero qu�La precariedad econ�mica atraviesa adem�s buena parte del rescate animal independiente. "�C�mo nos financiamos? De nuestro bolsillo", resume Iris Cervantes. "Tenemos socios, padrinos y madrinas, hacemos eventos, rifas, calendarios de Navidad... pero todo sale del dinero de la gente". Por su parte, Sara Olano explica c�mo "la financiaci�n de entidades sin �nimo de lucro sigue siendo una lucha continua y las subvenciones a nivel estatal muy pobres para todo el gasto que conlleva esta labor". En el caso de muchas asociaciones de galgos, parte de la supervivencia del sistema depende adem�s de colaboraciones internacionales. "Para nosotras es una gran ayuda contar con asociaciones extranjeras. Est�n muy sensibilizadas con la situaci�n del galgo en Espa�a y es una oportunidad para que los perros encuentren una familia que les quiera y cuide para siempre", aunque sea fuera de Espa�a.A pesar de lo que queda por delante, que es mucho, algo s� parece estar cambiando. Quiz� no a la velocidad que reclaman quienes trabajan sobre el terreno, pero s� lo suficiente como para que ciertas im�genes ya no pasen inadvertidas. �stas tambi�n han hecho visible el peso de las mujeres en este movimiento. Curiosamente (o no), dos de los casos m�s medi�ticos de los �ltimos a�os -Vivotecnia y Gij�n- salieron a la luz gracias a mujeres que documentaron desde dentro lo que ocurr�a. Ll�malo militancia, conciencia o simplemente empat�a. Y no ha hecho m�s que empezar.









