13 de junio, 2026 - 06h30Hace poco hablamos del sistema de jubilación que camina a una “quiebra progresiva” y nada se hace desde la Presidencia hacia abajo en la sociedad, esperando quizás que llegue al borde del abismo para reaccionar. Y hay otro tema en similar situación: la estructura estatal. Por supuesto, el Gobierno dirá que ha fusionado ministerios, aligerado algunas instituciones, aumentado el IVA y, en buena parte, eliminado el subsidio a los combustibles (complicado con el alza del petróleo a nivel mundial, un evento obviamente inesperado). Pero eso es muy liviano o no va en la dirección correcta. ¿Por qué no es tan positivo? Primero, el déficit del Gobierno central superó el año pasado los $ 5.000 millones, es decir, nada hemos ganado con esos “ajustes”: seguimos gastando mucho (¡el conjunto del Estado, $ 50.000 millones al año!), teniendo un enorme déficit y endeudándonos. Este año quizás el déficit se sitúe por debajo de $ 4.000 millones (quizás), pero igual es excesivo luego de que, entre IVA y gasolina, los ecuatorianos estamos aportando al menos $ 3.000 millones adicionales cada año. Segundo, entregamos más dinero y el Gobierno gasta más y ¿en qué gasta?, ¿cuánto es realmente útil y productivo? Un porcentaje más bien bajo. La realidad es que el Estado es (cada vez más) un marcado lastre; le damos más fondos, lo cual frena la economía privada (menos consumo e inversión), (mal)gasta una parte de eso, con lo cual el resultado neto es negativo. Es decir, se frena lo que es esencial para la gente: inversión, creación de empleos e ingresos. Y como hay más dificultades sociales, el Gobierno intenta compensarlo con más gasto público en subsidios, bonos, bajas tasas de interés y más. Un círculo vicioso que debe ser revertido.¿Qué hacer? Una reforma de fondo de la que el Gobierno no habla. Arrancando por evaluar y priorizar el gasto estatal, como usted lo hace en su hogar o en su empresa, no se trata de creer que todo es útil (aunque políticamente pueda ser ventajoso). Estemos claros: cuando malgastamos en nuestras actividades, sabemos muy bien que eso nos empobrece, pero por alguna extraña razón se pretende que, cuando entregamos nuestros recursos al Estado y este los malgasta, no haya empobrecimiento. Absurdo: sí lo hay. ¿Y dónde está ese malgasto? En todas partes, incluyendo actividades importantes como salud, educación o seguridad, y peor aún en otros campos. Pero el detalle solo se puede determinar “casa adentro”. Además, hay que eliminar tanto control, regulación y trabas que entorpecen el desarrollo (la minería, por ejemplo). Y trasladar al sector privado lo que puede hacer mucho mejor con sus propios recursos, empezando por algo tan obvio como la exploración/explotación petrolera o la importación de combustibles (hay muchos interesados que lo impiden..., pero no se los frena) y tantos otros campos. Y por el lado de los impuestos, una reforma basada en tres principios: uno, bajar las tasas; dos, que en esencia todos tengamos esquemas similares sin ventajas particulares; tres, aplicar los controles evidentes a los evasores, lo que es bastante más obvio de lo que se pretende... ¿Se puede? Sí se puede (¡igual que la Selección mañana!). (O)
Pablo Lucio Paredes: ¿Y la reforma del Estado? | Columnistas | Opinión
El déficit del Gobierno central superó el año pasado los $ 5.000 millones.














