Estos días hemos vivido algo extraordinario. La visita del Papa a Madrid, Barcelona y Canarias ha supuesto mucho más que un acontecimiento religioso. Hablamos de la representación de una institución como la Iglesia Católica y el Papado, con cerca de dos mil años de historia, capaz todavía hoy de movilizar emociones, respeto y admiración en millones de personas.Hablando con Leonor March, persona profundamente vinculada a Barcelona y que conoce y ama esta ciudad desde hace décadas, hemos llegado a una reflexión compartida que merece ser expresada públicamente.Debemos construir ciudades de las que sus ciudadanos puedan sentirse orgullososLo vivido en Barcelona ha sido sencillamente espectacular.No voy a entrar en debates arquitectónicos, ni en comparar obras, estilos o sensibilidades. No hablaré de lo que representa Gaudí ni de lo que significa la Sagrada Família, convertida ya en uno de los grandes símbolos universales de nuestra época. Lo importante es otra cosa.La ceremonia de bendición de la torre de jesús, seguida desde el exterior del templo de la Sagrada Família Quique García / EfeBarcelona ha demostrado nuevamente que es capaz de recuperar aquel espíritu que maravilló al mundo durante la Barcelona olímpica. Esa capacidad de organizar, de acoger, de emocionar y de unir. La ciudad ha ofrecido una imagen de convivencia, respeto y orgullo colectivo realmente admirable.Es muy difícil conseguir un recibimiento de esta magnitud desde tantos ámbitos a la vez: social, ciudadano, institucional, político y eclesiástico. Y, sin embargo, Barcelona lo ha logrado con naturalidad, elegancia y una enorme madurez.Este escrito simplemente pretende dar las gracias.Dar las gracias a una ciudad que a mí, como mallorquín, me acogió con apenas 17 años y donde he desarrollado prácticamente toda mi vida profesional y también gran parte de mi vida personal. Una ciudad a la que siempre estaré profundamente agradecido.Y si alguien tan importante y tan vinculada a Barcelona como Leonor March comparte este sentimiento de orgullo, creo sinceramente que vale la pena decirlo en voz alta.Debemos seguir por este camino.El camino de construir ciudades de las que sus ciudadanos se sientan orgullosos. El camino de la convivencia, del respeto y de la capacidad de compartir, incluso pensando diferente. Cada uno tiene derecho a sus opiniones, pero no podemos instalarnos permanentemente en el enfrentamiento.Ojalá sepamos repetir momentos como este.Porque cuando una ciudad transmite concordia, respeto y grandeza colectiva, ganamos todos.
Barcelona vuelve a emocionar al mundo, por Antonio de Lacy
Estos días hemos vivido algo extraordinario. La visita del Papa a Madrid, Barcelona y Canarias ha supuesto mucho más que un acontecimiento religioso. Hablamos de la representación de una institución como la Iglesia Católica y el Papado, con cerca de dos mil años de historia,...











