La salida a Bolsa de SpaceX ha situado a los inversores ante uno de los ejercicios de valoración más complejos de los últimos años. La compañía del magnate estadounidense Elon Musk ha debutado en el mercado con una valoración cercana a los dos billones de dólares (unos 1,7 billones de euros), una cifra que la que se sitúa entre las empresas más valiosas del mundo, pero que ha reabierto un debate en Wall Street sobre cómo poner precio a negocios cuya valoración depende tanto de expectativas futuras como de la fe en algo tan abstracto a día de hoy como los viajes espaciales y la colonización de Marte.La propia figura de Elon Musk divide a los inversores entre acérrimos defensores, a los que ha atraído al debut bursátil, y férreos detractores que lo rechazan por cuestiones que van más allá de números empresariales y cifras de negocio. Pero también ha provocado una disparidad de criterios entre los analistas a la hora de valorar si las acciones de SpaceX son baratas o caras. Los expertos ni siquiera se ponen de acuerdo a la hora de categorizar a la compañía. “La cuestión sigue abierta sobre si SpaceX es principalmente una empresa de cohetes, una operadora de telecomunicaciones o una apuesta por la inteligencia artificial”, exponen los analistas de Bloomberg.Se trata de una cuestión importante para tomar referencias del mercado. A los precios de salida, SpaceX cotiza a más de 50 veces sus ventas previstas para 2026. Comparada con empresas espaciales como Rocket Lab o AST SpaceMobile, la valoración puede parecer incluso moderada para algunos expertos. Pero comparada con compañías de telecomunicaciones o de inteligencia artificial, los datos resultan muy exigentes. La valoración de Morningstar es contundente. La firma calcula un valor razonable de unos 63 dólares por acción, menos de la mitad de los 135 dólares del precio de colocación. “Nuestra valoración es el resultado de las matemáticas más que del escepticismo”, explica el analista Nicolas Owens. Según sus cálculos, solo el escenario más optimista justificaría precios cercanos a los actuales. El problema es que apenas concede un 7% de probabilidades a que ese escenario llegue a producirse, porque considera que la valoración actual de SpaceX depende de proyectos que todavía no existen comercialmente. Ahí aparece Marte. Elon Musk ha defendido que uno de los objetivos de SpaceX es convertir al ser humano en una especie multiplanetaria. Esa visión forma parte del atractivo de la compañía y explica buena parte del entusiasmo que despierta entre los inversores. Sin embargo, también plantea un problema evidente y es que nadie sabe cómo valorar en números la colonización de Marte.Morningstar reconoce explícitamente que no incorpora en sus modelos ni una hipotética ciudad marciana ni otros proyectos de exploración interplanetaria porque no existe una metodología capaz de calcular de forma rigurosa cuánto vale hoy un negocio que podría desarrollarse dentro de varias décadas y cuya rentabilidad sigue siendo completamente incierta. Aswath Damodaran, uno de los expertos en valoración más influyentes, sitúa el valor de la compañía en torno a 1,3 billones de dólares, un 32% menos del que le otorga la cotización. Y eso, según destaca Bloomberg, está calculado bajo un modelo que está muy lejos de ser conservador, ya que le concede a SpaceX un supuesto de posición dominante en los lanzamientos espaciales, un mercado de internet por satélite mucho más amplio y unos ingresos de inteligencia artificial que duplican las previsiones anteriores.De la misma manera, Anders Schelde, director de inversiones del fondo de pensiones danés AkademikerPension, considera que el precio de salida está “muy, muy lejos” de cualquier valoración razonable. El gestor ha decidido excluir SpaceX de sus carteras y advierte de que la acción conlleva un riesgo significativo de corrección. También sostiene que existe un componente de miedo a quedarse fuera que ha llevado a la sobredemanda.Sin embargo, no todo es pesimismo en el mercado. Otros analistas consideran que el precio de salida apenas recoge una parte del potencial de la compañía. Los más entusiastas argumentan que comparar SpaceX con empresas tradicionales resulta engañoso porque la compañía controla simultáneamente tres segmentos de negocio: los lanzamientos espaciales, la red de satélites Starlink y una división de inteligencia artificial que algunos inversores consideran capaz de competir con OpenAI o Anthropic. Si esas tres apuestas prosperan al mismo tiempo, las cifras actuales dejarían de parecer extraordinarias. “Starlink es predecible y rentable, xAI es hoy más un centro de costes y el negocio espacial aporta la innovación y el desbloqueo del futuro”, expone Laura Rippy, socia directora de Alumni Ventures. Los analistas que consideran que SpaceX tiene más valor del que refleja el precio de colocación, también incluyen un componente ligado a la figura de Musk, capaz de mover a los inversores más por fe en su genio y figura que por cifras reales. “Igual que Tesla no se valora como una empresa de automóviles, no hay razón para comparar SpaceX con las compañías espaciales o de inteligencia artificial. Esta valoración trata realmente sobre Elon Musk. Es un test de Rorschach sobre el que la gente proyecta sus deseos y sus miedos”, considera Brad Conger, director de inversiones de Hirtle Callaghan. La firma XTB comparte esa idea. Aunque señala que con los números actuales resulta difícil justificar la valoración inicial también apuntan que los inversores no están comprando el presente de SpaceX. “Están comprando una visión sobre cómo podría ser el futuro y si hay alguien que ha demostrado durante las últimas dos décadas una capacidad extraordinaria para convertir ideas que parecían imposibles en negocios reales, ese es Elon Musk”, exponen.La firma Oppenheimer ha iniciado la cobertura del valor y le da una valoración equivalente a 190 dólares por acción (supone un 34% más), mientras que New Street Research sitúa su precio objetivo en 165 dólares (un 20% más). Ambas cifras implican que el mercado aún estaría infravalorando la capacidad de SpaceX para monetizar los nuevos negocios ligados a la inteligencia artificial y a la infraestructura espacial.Esta diferencia de valoraciones entre los analistas más escépticos y los más optimistas refleja hasta qué punto la salida a Bolsa de SpaceX contiene un ingrediente de fe y esperanza. Cuando una parte del valor de una compañía depende de la futura industria espacial o de una hipotética presencia humana en Marte, los modelos financieros empiezan a quedarse sin referencias. Y los inversores, en parte, empiezan a invertir también en la fe.