SpaceX, la compañía fundada en 2002 por Elon Musk con el utópico sueño de enviar a humanos a Marte, se ha convertido este viernes en uno de los titanes tecnológicos más importantes de la Tierra. La compañía, especializada en el lanzamiento de cohetes al espacio, satélites de comunicaciones e inteligencia artificial, ha protagonizado el mayor salto a la Bolsa de la historia. A falta de cotización oficial, las operaciones en el mercado Nasdaq apuntan a un precio de entre 170 y 175 dólares por acción, hasta 30% por encima de los 135 dólares a los que se vendieron las acciones. Un nivel que supone valorar la empresa en unos 2,25 billones de dólares, convirtiéndose en la sexta empresa del planeta por valor en Bolsa. SpaceX se ha estrenado en Wall Street entre una gran expectación. Su debut ha atraído una demanda de inversores institucionales y minoristas por más de 350.000 millones de dólares, más de cuatro veces lo ofertado, según Bloomberg. Los grandes fondos y bancos de inversión se han quedado con algo más del 70% de los títulos subastados. En la sede de Nasdaq en Times Square, Nueva York, se han congregado fanáticos de Elon Musk y empleados de SpaceX (algunos de ellos millonarios de la noche a la mañana). El propio Musk, junto a su madre, Maya Musk y Gwynne Shotwell, presidenta de la compañía, han participado en el tradicional toque de campana que da inicio a la sesión de Bolsa, aunque las acciones todavía no cotizaban. “Si alguien me hubiera dicho que esto iba a pasar, habría pensado: ¡Qué locura!”, ha reconocido Elon Musk, para quien el proyecto tenía “menos del 10% de posibilidades de éxito”, aunque ha defendido la importancia de intentarlo a pesar de todo. “Si no lo hacemos, si no hay una nueva empresa que se adentre en el espacio, nunca seremos una civilización verdaderamente espacial”, ha afirmado al referirse a la posibilidad de impulsar la vida multiplanetaria, “para crear Star Trek” y convertir en realidad los emocionantes futuros de ciencia ficción que leímos. “De eso se trata SpaceX: de sacar la ficción de la ciencia ficción y crear un futuro emocionante. Un futuro para todos”.La legión de seguidores de Musk y el enorme apetito de los inversores minoritarios por SpaceX han jugado un papel crucial en esta oferta pública de venta (OPV), que ha contado con una enorme demanda. El tramo minorista estadounidense, al que la empresa destinó 15.000 millones de dólares de nuevas acciones (el 20% de la operación) recibió peticiones por 100.000 millones, muy por encima de las previsiones iniciales de la compañía registradas en el folleto registrado ante el supervisor bursátil estadounidense (SEC).La operación ha convertido a Elon Musk en el primer billonario de la historia. El magnate tecnológico ya era el hombre más rico del mundo, gracias a su participación en SpaceX, Tesla, Neurolink y The Boring Company, pero la revalorización de la empresa de cohetes tras su estreno en Wall Street ha disparado su fortuna por encima del billón de dólares. Nunca en la historia una sola persona había amasado tanto poder. Esta concentración de riqueza ha despertado recelos entre algunos sectores que advierten de la creciente desigualdad.Musk mantendrá un férreo control. El magnate tecnológico, con estudios de física y economía en la Universidad de Pensilvania y formado en la prestigiosa escuela de negocios Wharton, prevé conservar el control de SpaceX al mantener el 84,4% de las acciones con derecho de voto en su poder. Ello obedece en parte a que se queda con las acciones con más poder político, pero también a que la colocación, siendo la mayor de la historia, saca al mercado menos del 5% de las acciones de la empresa. Un hecho que explica también que la demanda de títulos haya sido tan elevada en relación a la oferta: hasta más de seis veces para el tramo minorista estadounidense. Musk, que siempre ha sido reacio a sacar al mercado sus empresas, ha puesto la carne en el asador en esta operación. SpaceX necesita más recursos para financiar la alocada carrera de la inteligencia artificial. La empresa tiene una estructura compleja y algo desequilibrada. Gana mucho dinero con la actividad espacial, enviando cohetes al espacio para desplegar satélites y con los contratos gubernamentales de la NASA. También logra generar dinero con Starlink, la constelación de satélites que ha desplegado en órbita baja para ofrecer comunicaciones e internet en lugares remotos del planeta. Es la filial de inteligencia artificial, xAI, la que le hace perder dinero. El año pasado SpaceX registró unas pérdidas de unos 4.937 millones de dólares por el elevado consumo de capital de la actividad de inteligencia artificial (IA). La empresa prevé destinar más de 20.000 millones de dólares a inversiones en este sector. La empresa necesita construir gigantescos centros de datos, con cientos de servidores, microprocesadores de última generación y plantas energéticas, para mantenerse en la carrera por dominar la IA. Musk es un visionario y vislumbra un futuro en el que la IA sea interplanetaria para conectar varios mundos. Su sueño es crear una colonia humana en la Luna y en Marte. Aspira a construir centros de datos en el espacio, para aprovechar la energía del Sol.“Nuestra misión es construir los sistemas y tecnologías necesarios para hacer la vida multiplanetaria, comprender la verdadera naturaleza del universo y extender la luz de la conciencia hasta las estrellas”, destaca la empresa en el folleto de salida a Bolsa. La empresa y el magnate que hicieron historia al reutilizar, por vez primera, un cohete espacial marcan hoy nuevos hitos, éstos de carácter financiero y soportados en buena parte por la confianza del mercado en que los siguientes objetivos de Musk y SpaceX no son de ciencia ficción. Aunque lo parezcan, pues la instalación de centros tecnológicos en la Luna, una colonia en Marte de un millón de personas (que serían, en puridad, marcianos) son elementos que, en otra época, estarían más cerca de una novela fantástica que de un análisis de inversiones.