Resulta difícil imaginar que uno de los barrios más importantes de la Murcia andalusí naciera, literalmente, sobre un vertedero. En el mismo lugar donde, hoy, miles de personas pasean cada día entre el Palacio de San Esteban —sede de la Presidencia y del Consejo de Gobierno de la región—, la avenida de la Libertad y El Corte Inglés, el subsuelo guarda la historia de un espacio que durante décadas sirvió para acumular cenizas, escombros y residuos domésticos antes de transformarse en el gran arrabal medieval de la Arrixaca, el principal barrio extramuros de la ciudad de Mursiya.

Es el gran giro de guion que están revelando las últimas excavaciones del yacimiento de San Esteban, un conjunto arqueológico de aproximadamente 10.000 metros cuadrados situado en pleno corazón de la Murcia actual. No se trata únicamente de un hallazgo excepcional por la calidad de sus restos, sino de una auténtica cápsula del tiempo que está obligando a revisar el relato sobre cuándo —parece que a principios del siglo XII— y cómo nació un enclave cuya relevancia trasciende el ámbito científico.

Cuando en 2009 comenzaron las obras para construir un aparcamiento subterráneo bajo los jardines de San Esteban, las excavaciones sacaron a la luz un barrio islámico prácticamente intacto. Lo que iba a ser una actuación urbanística terminó convirtiéndose en uno de los mayores conflictos patrimoniales de la historia reciente de la Región de Murcia. Arqueólogos, historiadores, asociaciones vecinales, colectivos sociales, diversas organizaciones y los partidos políticos PSOE e Izquierda Unida (IU), impulsaron una plataforma ciudadana que promovió movilización sin precedentes para reclamar la conservación íntegra del yacimiento, convencidos de que el valor histórico del conjunto era incompatible con la construcción del estacionamiento.