A simple vista, el Fuerte de San Cristóbal parece una vieja fortaleza militar más. Se alza en la cima del monte Ezkaba, a pocos kilómetros de Pamplona, dominando la cuenca desde una posición privilegiada. Construido entre finales del siglo XIX y comienzos del XX para defender la ciudad, nunca llegó a cumplir la función para la que fue concebido. Sin embargo, su historia acabaría tomando un rumbo muy distinto.
Durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura franquista, este enorme complejo militar se convirtió en una prisión por la que pasaron miles de presos republicanos. Entre sus muros estuvieron recluidas más de 7.000 personas en unas condiciones especialmente duras, y fue allí donde tuvo lugar uno de los episodios más conocidos de la historia penitenciaria española: la fuga masiva del 22 de mayo de 1938, cuando 795 presos intentaron escapar en dirección a la frontera francesa.
Hoy, más de ocho décadas después, el fuerte sigue siendo uno de los lugares con más carga histórica de Navarra. Declarado Bien de Interés Cultural y convertido recientemente en Lugar de Memoria Democrática, se encuentra inmerso en un proceso que permitirá su apertura progresiva a la ciudadanía mediante visitas guiadas y la creación de un futuro centro de interpretación. Una oportunidad para acercarse a un espacio que durante décadas permaneció cerrado y que conserva algunas de las páginas más significativas de la historia contemporánea española.













