El Memorial Gogora ya ha identificado a 30 presos de otras comunidades que trasladaban y dejaban morir en el penal de Orduña (Bizkaia), sobre todo de Extremadura y Castilla-La Mancha

El único recuerdo que Casimira Moreno tiene de su padre, Eusebio, es una imagen borrosa. Estaba subido, esposado, en la parte trasera del camión que lo trasladó de su domicilio en Peñalsordo (Badajoz) a un lugar desconocido. Era el 31 de enero de 1940. Casimira —que no llegaba a los cuatro años— ni sus dos hermanos ni la madre, Blasa, volvieron a verle vivo. Casi año y medio después supieron que murió de “neumonía” el 9 de marzo de 1941 en el penal de Orduña (Bizkaia). Eusebio Moreno tenía 40 años. Casimira recuerda que se enteró cuando su hermana mayor, con ocho años, comentó al cartero del pueblo que su madre había llorado mucho con la última carta y el cartero le respondió que no habría más.

El 22 de abril, 85 años después, Casimira, con 90 años, acompañada de sus hijos, recibió los restos de su padre, entregados por la consejera de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno vasco, María Jesús San José, y los enterraron en el cementerio madrileño de Carabanchel junto a los de su esposa Blasa, fallecida hace 35 años.