Con motivo de la inauguración de una de sus últimas retrospectivas en la Tate Britain de Londres, en 2017, uno de los comisarios le preguntó a David Hockney qué le gustaría que el público se llevará de las salas tras contemplar la obra de seis décadas de su vida. “Un poco de alegría”, respondió el pintor, “que disfruten del mundo como yo disfruto mirándolo”. Y ese justamente es uno de los mayores legados que nos deja el gran artista británico, uno de los más influyentes y revolucionarios, fallecido este jueves un mes antes de cumplir 89 años. La noticia del fallecimiento la daban a conocer sus representantes en un comunicado en el que detallaban que la muerte le había llegado “pacíficamente, en su casa”, destacaba que el mayor logro del artista que demostró tener una inventiva inagotable y una visión única del mundo, fue haber sabido reflejar “su entusiasmo intrínseco por la vida, su extraordinario sentido del humor, su inmensa generosidad y su curiosidad investigadora, todo ello resumido en su frase característica: 'Ama la vida'”.El artista supo reflejar “su entusiasmo intrínseco por la vida, su sentido del humor, su generosidad y su curiosidad investigadora, todo ello resumido en su frase: 'Ama la vida'”Hockney lo hizo hasta el final, sin renunciar nunca ni al tabaco ni a la marihuana, que le ayudaba a dormir y formaba parte de su afán por exprimir los placeres de la vida, con los que luego nutría sus creaciones. Uno de los trabajos más emocionantes de los últimos años tuvo lugar durante la pandemia de la covid. Al pintor le sorprendió el confinamiento, en 2020, en su nueva casa de la Normandía, a la que se había mudado dos años antes para retratar la llegada de la primavera. Como había hecho antes desde una ventana de su antigua residencia de Yorkshire, quería capturar ese momento cambiante con la ayuda de su iPad, herramienta cómplice con la que venía realizando sus vibrantes pinturas desde hace una década. Narcisos, almendros, manzanos, perales en flor, fueron como una crónica de la primavera que no podíamos ver y que el artista quiso compartir junto a una conmovedora tarjeta recordatorio: “Do remember they can not cancel the spring” (Recordad que la primavera no se puede suspender).Nacido en el norte de Inglaterra, vivió gran parte de su vida en el sur de California, y sus pinturas de hermosos jóvenes en la piscina, bajo el cielo azul de Los Ángeles se convirtieron en un icono de aquella era pop. Justamente una de ellas, Retrato de un artista (Piscina con dos figuras), 1972 , que muestra a un hombre mirando la piscina mientras otro nada bajo el agua hacia el borde, se vendió en 2018 por 90,3 millones de dólares en Christie's convirtiéndole en el artista vivo más cotizado de la historia, luego superado por Jeff Koons. Pero más que su reconocimiento en los mercados, Hockney consiguió lo que está al alcance de muy pocos: cautivar tanto al público general como a los críticos y guardianes del mundo del arte, a menudo los más exigentes. David Hockney posando ante las obras de una exposición en 2015 EFE/EPA/ANDY RAIN Jonathan Jones, crítico de arte y amigo del artista, comparaba en The Guardian la perfección sencilla de su obra a la de los Beatles. “Así como ellos captaron el sonido del mundo moderno, él captó su imagen”, escribe, y resume en un apasionado párrafo la obra de una vida: “David Hockney cambió el mundo con solo mirarlo. Su arte era un festín de placer visual sin complejos, una larga orgía de la mirada, la epifanía dichosa de toda una vida de alguien que apreciaba las flores en un jarrón y las autopistas bajo el sol, y que pensaba sin cesar en nuevas formas de plasmar esos tesoros efímeros en imágenes. No parecía ocurrírsele que su forma de ver era revolucionaria; lo único que le importaba era la verdad. Pero nadie había capturado antes la estética y la esencia del mundo contemporáneo con tal aceptación”.‘Retrato de un artista (piscina con dos figuras)’, acrílico de 1972 de Hockney, vendido por 90,3 millones en 2018, récord para un artista vivo © DAVID HOCKNEYHockney vivió siempre de manera abierta y desafiante su homosexualidad, pese a que fue ilegal en Gran Bretaña hasta 1968, y trasladó el amor, el deseo y la cotidianeidad doméstica de hombres gais a sus cuadros con humor y una inusitada franqueza (We Two Boys Together Clinging o Cleaning Teeth, Early Evening (10pm) W1) . Compañero de farras de Andy Warhol, Ossie Clark y Dennis Hopper, se ganó a pulso la fama de playboy y flâneur, aunque su compromiso con el arte se impuso a todo lo demás. Nueve meses atrás, cerró en la Fundación Louis Vuitton de París la mayor muestra que su trayectoria, más de 400 obras, incluidas las realizadas con iPad, que le permitía crear gran cantidad de pinturas digitales que enviaba por correo electrónico a amigos y conocidos. En la muestra, una fotografía lo mostraba trabajando en el jardín con una pegatina en la solapa: “Acabemos con el autoritarismo pronto”,'Cleaning Teeth, Early Evening (10pm) W1', 1962, de David Hockney LVNacido en Bradford, West Yorkshire , en 1937, Hockney fue el cuarto de cinco hijos de una familia “obrera radical”, según sus palabras, que le fomentó su vocación artística y le permitió estudiar arte en el Bradford College. El primer cuadro que vendió fue un retrato de su padre por 10 libras. Fue objetor de conciencia y cumplió sus dos años de servicio militar obligatorio como auxiliar de hospital antes de matricularse en el Royal College of Art de Londres en 1959. Su primer acto de rebeldía fue negarse a dibujar del natural una modelo femenina, y en su lugar presentó una figura masculina musculosa copiada de una revista estadounidense de culturismo, que casi le costó la graduación. También se negó a escribir un ensayo requerido para la graduación final, argumentando que debía ser evaluado solo por sus obras. Los académicos, rendidos ante su talento, le otorgaron su medalla de oro.Hockney anhelaba la emoción que veía en la obra de los artistas estadounidenses. Con el dinero de la venta de sus obras, visitó Nueva York por primera vez en 1961 y se mudó a California tres años después. “Pensaba que quienes creaban obras así debían vivir rodeados de color, así que me lancé a buscarlo”, cita en una biografía su amigo y crítico de arte Peter Adam. “Pasé los primeros veinte años de mi vida en la sombría atmósfera gótica del norte. Aquí me sentí libre”. De actitud siempre humilde, en 1985, cuando fue invitado a la Casa Blanca para cenar con el presidente Ronald Reagan, el príncipe Carlos y la princesa Diana, los agentes de seguridad lo retuvieron durante media hora porque era el único invitado que llegaba a pie.Giverny (2023), de David HockneyREDACCIÓN / Otras FuentesSus cuadros de piscinas y hombres desnudos en la ducha se convirtieron en iconos de un estilo de vida soleado que documentó con pintura acrílica luminosa antes de dividir su tiempo entre Los Ángeles, Londres y París a finales de los años sesenta y setenta. De actitud siempre humilde, en 1985, cuando fue invitado a la Casa Blanca para cenar con el presidente Ronald Reagan, el príncipe Carlos y la princesa Diana, los agentes de seguridad lo retuvieron durante media hora porque era el único invitado que llegaba a pie.David Hockney posó para Antoni Bernad en 1975Antoni Bernad “Uno no se jubila haciendo esto”, afirmó en la BBC con su marcado acento del Yorkshire cuando le preguntaron por su inagotable energía. “Simplemente lo haces hasta que te desplomas”. Se desplomó en 2013, cuando ya instalado en Yorkshire, la trágica muerte de su asistente de 23 años, Dominic Elliott, tras ingerir limpiador de desagües domésticos tras consumir diversas drogas recreativas, como éxtasis y cocaína, lo dejó fuera de circulación durante mucho tiempo. De hecho, nunca más volvió a dibujar.En una entrevista para La Vanguardia en los años noventa Hockney daba algunas claves de su pintura: “Mis nuevos cuadros son, como los describe un amigo, pinturas abstractas con historias. Crean además un espacio alrededor del cual se obliga al espectador a moverse. Estoy haciendo una gran cantidad de nuevas pinturas que son, creo, estimulantes. En ellas he realizado descubrimientos, como la creación de nuevos espacios que me ayudarán a ver el mundo de manera diferente, un poco mejor. Ahora vemos el mundo a través de la televisión y eso es muy aburrido y lleva a crear cuadros también muy aburridos, 'cuadros televisivos' que hacen que las cosas sean muy rutinarias”.Y recordaba que “Juan Gris dijo que el cubismo no era un estilo, sino una manera de vivir y yo entiendo lo que quería decir: es otra manera de asimilar el espacio, de una manera más vivida que la anterior, la que estaba dominada por la perspectiva. He realizado varias pinturas en las que los espectadores están dentro, por las que pueden caminar. Eso es lo que me ha dicho la gente que las ha visto y me gusta, porque quiere decir que entienden lo que hago, que comparten el espacio que yo comparto. Es como si hubiéramos hecho algo que es mejor que lo realizado por Fra Angélico, por Miguel Ángel... Yo trato de transmitir maneras de mirar el mundo”.“No me da miedo el placer, creo que sin él la vida sería mucho más seca, lo necesitamos”Y uniendo pintura y vida reflexionaba: “El color es difícil de utilizar; un buen color es raro y un extraordinario color es más raro aún. Y no estoy seguro de que yo sea un gran colorista, pero me gusta el color, me gusta vivir en colores; mi casa, mis cuadros... El color nos trae alegría y en la vida tiene que haber de esos momentos, son necesarios. No soy naïf respecto a la felicidad, no espero ser feliz todo el tiempo, pero algunos destellos de vez en cuando son suficientes para mí. Puedo encontrar alegría en las cosas pequeñas; encuentro un gran placer mirando. Yo puedo ver orden donde otros parecen ver desorden. Me gusta verme a mí mismo como un pequeño artista, intentando mantenerme tranquilo en mi sitio. Realmente llevo una vida muy asocial, probablemente a causa de mi sordera”.Y concluía: “Me gusta percibir que me comunico con la gente, transmitir mis sentimientos acerca del mundo, lo cual hago a mi pequeña manera particular, aunque no espere cambiarlo. No me da miedo el placer, creo que sin él la vida sería mucho más seca, lo necesitamos”.